Baja de retenciones: las cifras que muestran el impacto en el bolsillo del productor

El analista David Miazzo evaluó los efectos concretos que la medida puede tener sobre los productores y los mercados. ¿Qué pasa con la soja?

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El anuncio del presidente Javier Milei sobre una reducción permanente de las retenciones para el trigo y la cebada fue recibido de manera favorable por el sector agropecuario, aunque con expectativas de medidas más profundas. Así lo expresó el economista especializado en agronegocios David Miazzo, en declaraciones a Ecos365, donde evaluó los efectos concretos que la medida podría tener sobre los productores y los mercados.

“Creo que el sector esperaba un poquito más, pero claro que es una buena noticia”, señaló Miazzo al referirse a la baja de los derechos de exportación para los cultivos de invierno.

Según explicó, tomando un valor FOB a cosecha cercano a los 250 dólares por tonelada, la reducción anunciada implica una mejora potencial de alrededor de 6,25 dólares por tonelada en el poder de pago de los exportadores. De trasladarse plenamente al productor, ese beneficio se sumaría a un contexto de precios internacionales más favorables.

“Hoy el trigo a cosecha está alrededor de los 230 dólares por tonelada, mientras que en esta misma época del año pasado se ubicaba entre 205 y 210 dólares. Estamos hablando de una mejora cercana a los 20 dólares por tonelada”, detalló.

Para el economista, la combinación entre la recuperación de precios y la reducción de retenciones prácticamente compensa el incremento de costos que enfrentó el cultivo en insumos clave como la urea y el gasoil.

“Habíamos estimado que el impacto de esos costos era de unos 110 dólares por hectárea. Con una mejora de precios de 20 dólares y otros 6 dólares adicionales por la baja de retenciones, en un lote de cuatro toneladas por hectárea estamos hablando de casi 100 dólares de recuperación”, explicó.

Más incentivos para sembrar trigo

Miazzo consideró que la medida llega en un momento clave para las decisiones productivas de la próxima campaña fina. Hasta ahora, distintas bolsas de cereales proyectaban una caída del área sembrada de entre 200.000 y 500.000 hectáreas respecto de la campaña anterior.

Sin embargo, entiende que el nuevo escenario podría modificar esas previsiones.

“Las condiciones de humedad son favorables y esta señal del Gobierno, sumada a la mejora de precios y a ciertas expectativas positivas hacia adelante, puede convertirse en un impulso adicional para productores que todavía tenían dudas sobre la siembra”, afirmó.

Además, destacó que el anuncio se produce en un contexto internacional donde el mercado de trigo mantiene una tendencia relativamente bajista, por lo que cualquier mejora local adquiere mayor relevancia para la rentabilidad del cultivo.

Soja: una señal de largo plazo

Respecto de la soja, el economista analizó el esquema anunciado por Milei, que prevé una reducción gradual de los derechos de exportación a partir de enero de 2027, con bajas mensuales de entre 0,25% y 0,50%.

En el escenario más favorable, indicó, la oleaginosa podría acumular una reducción de hasta seis puntos porcentuales durante 2027.

“También significa que, salvo un anuncio previo, durante 2026 no habría ninguna baja adicional para la soja”, observó.

Miazzo recordó que en 2025 el complejo sojero ya había recibido una reducción acumulada de nueve puntos porcentuales, producto de una primera baja de siete puntos y otra posterior de dos puntos en diciembre.

Para la campaña actual, estimó que la medida no modificará el ritmo de comercialización, ya que los beneficios comenzarían a regir recién dentro de más de un año.

“Para esta campaña no creo que genere impacto porque nadie va a postergar ventas hasta 2027 esperando esa reducción”, sostuvo.

No obstante, consideró que sí podría tener algún efecto sobre la comercialización de la próxima cosecha. Según explicó, una baja mensual del 0,5% equivale aproximadamente a una tasa anual del 6%, un nivel similar al costo de financiamiento que hoy enfrentan muchos productores.

“Puede generar algún incentivo a retrasar ventas el año que viene, aunque el efecto sería limitado”, señaló.

Menos incertidumbre para el mercado

Más allá del impacto económico puntual, Miazzo valoró el esquema de reducciones graduales por considerar que aporta previsibilidad.

“Un cronograma definido genera mucho menos ruido que los esquemas donde permanentemente existe la incertidumbre sobre si las retenciones van a bajar o cuándo ocurrirá. Esa expectativa termina influyendo en las decisiones comerciales y genera distorsiones en el mercado de granos”, concluyó.

De esta manera, el economista consideró que la reducción permanente de retenciones para trigo y cebada constituye una señal positiva para la próxima campaña, mientras que la hoja de ruta anunciada para la soja aporta previsibilidad, aunque sin efectos inmediatos sobre la actividad comercial del sector.

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