En un momento en que la lechería atraviesa una de sus etapas más desafiantes y se conocen las historias de establecimientos que bajan persianas, desde Ataliva (Santa Fe) llega una noticia que va en sentido contrario.
La familia Barra, una de las primeras en incorporar un sistema de ordeñe robotizado en la cuenca lechera santafesina, volverá a apostar por el crecimiento. En aproximadamente un mes y medio pondrá en marcha un segundo módulo de tambo, equipado con dos nuevos robots de ordeñe y un sector de maternidad especialmente diseñado para mejorar el confort de las vacas durante el parto.
"La primera etapa del proyecto ya está completamente pagada y, debido al crecimiento que venimos teniendo, la empresa decidió encarar una nueva inversión", confirmó Facundo Barra a Ecos365.
La ampliación permitirá alcanzar una capacidad de ordeñe de unas 400 vacas utilizando seis robots, consolidando un proceso de modernización que comenzó hace cuatro años.
Una apuesta que dio resultados
Facundo, médico veterinario e integrante de la empresa familiar, reconoce que el camino no fue sencillo. La incorporación de los robots implicó aprender una forma completamente distinta de producir leche. Hubo que adaptar animales, personas y procesos. Sin embargo, el balance es contundente.
"No volvería atrás. Para mí es todo ganancia en varios aspectos, desde el bienestar animal hasta la producción", resume.
La empresa, integrada por los padres y cinco hermanos, complementó la incorporación de la tecnología con un fuerte trabajo de análisis de datos y participación en grupos CREA, donde comparan indicadores con otros establecimientos robotizados.
La eficiencia empieza mucho antes del robot
Aunque suele asociarse la innovación únicamente con grandes inversiones, Barra sostiene que la verdadera diferencia competitiva está en la gestión.
"Hay muchas tecnologías de proceso que no requieren una inversión gigante. La gestión económica, el uso de software, el seguimiento de indicadores, todo eso suma eficiencia", explica.
Para el productor, hoy cada detalle cuenta: mejorar la tasa de preñez, reducir los días en leche o aumentar la productividad de cada robot representan diferencias económicas significativas. "Los porotos de diferencia van a estar ahí", afirma.
Más bienestar para las personas y para las vacas
Uno de los cambios más visibles que dejó la robotización fue la mejora en la calidad de vida de quienes trabajan diariamente en el establecimiento.
"Si hoy le preguntás a un empleado que trabaja acá si volvería a ordeñar en una fosa, probablemente te diga que no", asegura.
El beneficio también alcanza a los animales. El nuevo módulo incorporará una maternidad especialmente pensada para brindar mejores condiciones durante el parto, una etapa clave dentro del sistema productivo.
Además, el establecimiento trabaja con collares de detección de celo, una herramienta de lechería de precisión que permitió alcanzar tasas anuales de preñez cercanas al 24%.
Crecer para seguir siendo competitivos
En un escenario de márgenes ajustados, Barra considera que reducir costos tiene un límite. "La estrategia de achicar costos sirve, pero llega un momento en que ya no hay más para ajustar. El norte tiene que ser trabajar en la eficiencia y crecer", sostiene.
Ese crecimiento, aclara, no responde únicamente a una ambición empresarial. En una empresa familiar donde varias familias viven de la actividad, aumentar la producción es también una forma de sostener el futuro.
Mientras buena parte del sector enfrenta incertidumbre, la historia de los Barra ofrece otra mirada sobre la lechería: una donde la innovación, la gestión y la planificación permiten seguir proyectando.
Porque, aun en tiempos difíciles, hay productores que siguen apostando a producir más y mejor. Y en Ataliva, esa apuesta volverá a ponerse en marcha dentro de pocas semanas, cuando un nuevo tambo robotizado comience a funcionar y abra otro capítulo en una historia que hace cuatro años decidió cambiar la manera de ordeñar.

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