Cada vez que una empresa vende, compra o mueve mercadería entre provincias puede sufrir retenciones y percepciones del impuesto sobre los Ingresos Brutos. El objetivo del sistema es asegurar la recaudación, pero en la práctica muchas compañías terminan pagando anticipos muy superiores al impuesto que finalmente deberían tributar.
Lejos de convertirse en un simple crédito fiscal de rápida compensación, esos excedentes suelen transformarse en saldos a favor que permanecen inmovilizados durante meses o incluso años.
Capital inmovilizado
Para una pyme o una empresa industrial, ese dinero representa capital de trabajo. Son recursos que podrían destinarse a comprar insumos, financiar producción, incorporar tecnología o ampliar operaciones.
Sin embargo, quedan retenidos dentro del sistema tributario provincial, mientras los mecanismos para recuperarlos suelen ser lentos, complejos y, en muchos casos, poco efectivos.
El costo que no aparece en los balances públicos
Especialistas en materia tributaria sostienen que este esquema funciona, en los hechos, como un financiamiento sin costo para los fiscos provinciales.
Mientras el Estado dispone de esos recursos, las empresas deben cubrir sus necesidades financieras recurriendo a crédito bancario o resignando inversiones. En un contexto de tasas elevadas y necesidad de liquidez, ese costo financiero adquiere una dimensión todavía mayor.
Mucho más que un impuesto
El debate sobre Ingresos Brutos suele concentrarse en su conocido "efecto cascada", que incrementa el precio final de bienes y servicios al aplicarse en cada etapa de la cadena productiva sin mecanismos de crédito fiscal como ocurre con el IVA. Pero los saldos a favor constituyen otra distorsión menos visible y con fuerte impacto sobre la actividad económica.
En este caso, la discusión ya no pasa solamente por la presión tributaria, sino también por la eficiencia del sistema de recaudación y la velocidad con la que el Estado devuelve recursos que nunca debieron permanecer en sus cuentas.
Una discusión que vuelve a escena
La necesidad de revisar Ingresos Brutos aparece desde hace años entre los principales reclamos de cámaras empresarias, tributaristas y economistas de distintas corrientes, quienes coinciden en señalar que se trata de uno de los tributos con mayores efectos distorsivos sobre la producción y la competitividad.
Mientras el debate sobre una eventual reforma tributaria continúa abierto, miles de empresas siguen conviviendo con una realidad cotidiana: pagar más de lo que corresponde y esperar, sin plazos ciertos, la devolución de recursos que podrían estar impulsando inversión, empleo y producción.

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