Hay una Argentina que espera. Y otra que invierte igual. En ese cruce incómodo entre la caída del mercado interno y la apuesta a largo plazo, Acindar decidió jugar fuerte. No porque el contexto acompañe, sino precisamente porque no lo hace.
Los números son contundentes: la producción está entre un 30% y 35% por debajo de los niveles históricos. Y lo más inquietante no es la caída, sino la ausencia de señales de rebote. La industria automotriz, la metalmecánica y la construcción —los motores naturales del acero— siguen en retroceso.
“No vemos grandes cambios respecto al año pasado”, reconocen desde la compañía a Ecos365. Traducido: no hay brotes verdes en el horizonte inmediato. Pero en lugar de frenar, la empresa acelera.
Invertir en plena tormenta
Mientras buena parte de la industria ajusta o directamente se repliega, “Acindar sostiene para este 2026 un ritmo de inversión anual de entre 55 y 70 millones de dólares”, aseguraron directivos de la compañía. Y no son apuestas menores.
Hay un plan en marcha para modernizar el puerto propio, clave para salir a exportar en un escenario donde el mercado local no alcanza. También se avanzó con la renovación completa de procesos productivos vinculados al mineral de hierro, con desembolsos que rondaron los 70 millones de dólares.
A eso se suma la automatización de líneas industriales y la incorporación de nueva tecnología, como una máquina de mallas que implicó otros 20 millones. Pero el movimiento más ambicioso está fuera de la planta.
Energía y minería: el nuevo mapa
La compañía ya invirtió en un parque eólico en San Luis y avanza con otro en Olavarría, dentro de un paquete que alcanza los 370 millones de dólares en energías renovables. La lógica es clara: bajar costos estructurales en un país donde la competitividad industrial depende, cada vez más, de la energía.
En paralelo, el grupo abrió una nueva frontera: la minería. A través de una sociedad global vinculada a ArcelorMittal, comenzó a explorar proyectos que podrían convertirse en futuras inversiones concretas.
No es diversificación. Es supervivencia estratégica.
Empleo estable, pero sin expansión
El ajuste no pasa por despidos masivos, pero tampoco hay lugar para crecer. La dotación se mantiene estable, con reemplazos puntuales y sin nuevas incorporaciones relevantes.
El acuerdo con el gremio sigue vigente —una especie de red de contención—, aunque por ahora no fue necesario activarlo. Señal de que, pese a la crisis, la compañía logró acomodar su estructura al nivel actual de actividad.
Competir, pero con reglas
El otro frente es el externo. La eventual apertura de importaciones aparece como una amenaza latente, aunque todavía no se siente con fuerza por la baja actividad.
La postura de la empresa es clara: “competir sí, pero en igualdad de condiciones”, insisten desde la compañía.
Ahí aparece una de las principales tensiones del modelo actual. Desde la siderurgia advierten que la carga impositiva y los costos laborales siguen siendo desventajas estructurales frente a productos importados.
La reforma tributaria —todavía pendiente— es, para el sector, la pieza que falta para nivelar la cancha.
Una industria sin rebote
El problema de fondo es más profundo que cualquier coyuntura. Cuando la construcción cae más de 15 puntos, la industria automotriz se retrae cerca del 30% y la actividad general no reacciona, el acero deja de ser protagonista para convertirse en termómetro. Y hoy ese termómetro marca frío.
Acindar lo sabe. Por eso no espera que el mercado cambie. Se adapta. Porque en esta Argentina partida, la diferencia ya no es quién crece. Es quién logra sostenerse sin desaparecer.

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