Baja de aranceles a la carne argentina: oportunidad histórica que trae exigencias

La baja de aranceles en carne bovina comenzó a regir hoy. Con esa medida y en un contexto internacional marcado por la entrada en vigencia del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur, la cadena de carne argentina puede consolidar su perfil exportador y capturar mayor valor en los mercados globales

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La entrada en vigencia de la baja de aranceles para la carne bovina marca un punto de inflexión para la Argentina en el comercio internacional. En un contexto global dinámico y con el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur como telón de fondo, el país se enfrenta a una oportunidad concreta para fortalecer su perfil exportador y captar mayor valor en los mercados más exigentes.

Según un informe reciente de Endógena Consultora, Argentina parte de una posición competitiva sólida, pero arrastra desafíos estructurales que podrían limitar su capacidad de aprovechar este nuevo escenario. La demanda global muestra hoy una clara segmentación: mientras China continúa liderando las compras en volumen, Europa se consolida como el destino de mayor valor, pagando en promedio tres veces más por tonelada que el gigante asiático.

Actualmente, el país abastece cerca del 4% del mercado europeo, lo que lo posiciona como el principal proveedor externo al continente. Este dato, junto con la mejora en las condiciones arancelarias —que llevarán el cupo Hilton a arancel cero—, abre la puerta a una estrategia exportadora enfocada en nichos de alto valor.

Sin embargo, el cambio de escenario no será automático. “No se trata solo de una reducción arancelaria, sino de una transformación en la forma de producir”, señaló Maximiliano Díaz, director de la consultora. El especialista remarcó que el país deberá cerrar brechas en trazabilidad, bienestar animal y sostenibilidad ambiental para cumplir con las nuevas exigencias internacionales.

En el plano productivo, los desafíos son significativos. Argentina mantiene niveles de marcación de entre el 60% y el 67%, por debajo de competidores como Uruguay o Estados Unidos. A esto se suma la tendencia a comercializar animales livianos en el mercado interno, lo que reduce la disponibilidad de novillos pesados para exportación.

Además, emergen nuevas barreras no arancelarias, como las regulaciones europeas que exigen productos libres de deforestación, lo que obliga a implementar sistemas de geolocalización y trazabilidad a lo largo de toda la cadena. En este punto, la fragmentación del sector primario y la baja adopción tecnológica aparecen como obstáculos relevantes.

El informe también subraya la necesidad de una estrategia federal para potenciar la producción. Si bien Buenos Aires y Santa Fe concentran casi el 90% de las exportaciones, el crecimiento del sector dependerá de la mejora en productividad en otras provincias ganaderas como Córdoba, Entre Ríos y La Pampa.

Para capitalizar esta oportunidad, Endógena propone impulsar políticas que fomenten la retención de vientres, la recría, el financiamiento productivo y la mejora en la conectividad rural. La clave, según el análisis, estará en coordinar a toda la cadena y ofrecer un producto diferenciado que cumpla con estándares ambientales y de calidad cada vez más exigentes.

En este nuevo escenario, la Argentina tiene la posibilidad de dejar de competir exclusivamente por volumen y avanzar hacia un modelo exportador basado en valor agregado. El desafío será adaptar rápidamente su sistema productivo para no quedar relegada en un mercado que, aunque más rentable, también es cada vez más exigente.

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