El proyecto para instalar un Barrio Chino en Rosario empieza a dejar atrás la etapa de las ideas para ingresar en una fase mucho más concreta. Hay inversores interesados, se prepara la estructura financiera para llevarlo adelante y la pelea por la ubicación comienza a definirse. De las alternativas que inicialmente estaban sobre la mesa, dos empiezan a sacar ventaja y una tercera perdió terreno.
Luciano Di Santo, referente del proyecto, asegura que los inversores para avanzar con la iniciativa ya están. El dato modifica una de las preguntas que rodeaban al emprendimiento: el desafío no sería salir ahora a buscar desde cero el capital necesario, sino terminar de estructurar el vehículo que permita canalizarlo y definir dónde se desarrollará.
La inversión proyectada ronda los US$6 millones y la herramienta elegida sería la constitución de un fideicomiso. El esquema permitiría reunir los fondos iniciales para adquirir inmuebles, terrenos o desarrollar los espacios necesarios para conformar el nuevo polo comercial y gastronómico.
Pero el proyecto guarda una segunda etapa que puede resultar todavía más novedosa. Según explicó Di Santo, una vez constituido el fideicomiso, la intención es abrirlo a otros inversores que quieran participar con montos considerablemente menores. Es decir, no quedaría reservado exclusivamente a los empresarios que aporten el capital inicial.
A modo de ejemplo, una persona podría ingresar con unos US$3.000, adquirir una participación y obtener posteriormente una renta derivada del emprendimiento. Los detalles definitivos dependerán de cómo quede estructurado el fideicomiso, pero la idea es convertir al Barrio Chino no sólo en un desarrollo comercial sino también en un vehículo de inversión al que puedan incorporarse pequeños y medianos ahorristas.
La iniciativa empieza así a mostrar una característica particular: detrás de los restaurantes, comercios y espacios que verá el público podría existir una estructura con numerosos inversores participando del negocio inmobiliario.
Di Santo aseguró que la idea no es pedirle nada al Estado municipal como beneficios tributarios ni subsidios.
Centro y Pichincha ganan la pulseada
La otra definición pendiente es territorial. Cuando comenzaron las conversaciones aparecieron tres alternativas principales: el centro de Rosario, Pichincha y Funes. Pero esa competencia ya no estaría tan pareja.
Según Di Santo, las preferencias se están inclinando hacia Centro y Pichincha, mientras que Funes perdió fuerza. Pese a que inicialmente había sido considerada seriamente como alternativa, varios de los empresarios e interesados consultados manifestaron que no preferían esa localización.
Ese feedback terminó inclinando nuevamente la discusión hacia Rosario. Y las dos ubicaciones que permanecen mejor posicionadas representan proyectos urbanos bastante diferentes.
Pichincha ofrece una ventaja evidente: el Barrio Chino se integraría a un corredor gastronómico y nocturno consolidado, con bares, restaurantes, hoteles y circulación de público durante buena parte del día y de la noche. No habría que crear un destino desde cero, sino agregarle una nueva identidad a uno que ya existe.
El centro plantea una apuesta distinta. Entre las zonas analizadas aparece el entorno de la peatonal Córdoba, particularmente un sector que durante los últimos años acumuló locales vacíos y perdió movimiento comercial. Allí, el proyecto podría funcionar no sólo como negocio sino también como una herramienta privada de reconversión urbana.
Un Barrio Chino aportaría justamente algo que el microcentro rosarino necesita recuperar: circulación de personas fuera del horario tradicional de oficinas, bancos y comercios.
Por eso la elección final tendrá implicancias bastante mayores que decidir dónde instalar restaurantes y negocios orientales. Pichincha permitiría montarse sobre un ecosistema que ya funciona. El centro obligaría a asumir un desafío mayor, pero también podría producir un impacto urbano mucho más profundo.
El próximo paso será importante. Empresarios chinos tienen previsto conocer personalmente las alternativas antes de avanzar con la localización definitiva.
Detrás de la iniciativa aparecen Luciano y Lucio Di Santo, vinculados al grupo empresario que desarrolló negocios como Micropack y Paso del Bosque. También hubo contactos con Wang Guang Yu, presidente de la Asociación Civil Barrio Chino de Buenos Aires, vinculada al tradicional polo comercial de Belgrano.
El proyecto rosarino empieza, de esta manera, a juntar las piezas que necesitaba: inversores interesados, un fideicomiso en preparación, una inversión estimada en US$6 millones y dos zonas que se perfilan para recibirlo.
Falta resolver dónde aterrizará. Y después vendrá otra prueba: comprobar cuánto interés despierta la posibilidad de que inversores mucho más pequeños también puedan quedarse con una porción del negocio.
El riesgo país perfora otra barrera
Mientras Rosario discute nuevos proyectos de inversión, los mercados financieros también entregaron una señal que hace algunos meses parecía bastante más difícil: el riesgo país argentino volvió a ubicarse por debajo de los 500 puntos básicos.
El movimiento estuvo acompañado por una mejora de los bonos soberanos y se produce en un escenario en el que el Banco Central continúa acumulando reservas.
El mercado, de todos modos, mantiene matices. La mejora de los bonos convivió con retrocesos en algunas acciones argentinas negociadas en Nueva York. Los inversores parecen empezar a percibir menos riesgo soberano, aunque eso todavía no implica comprar con el mismo entusiasmo todas las historias empresarias.
Diarco sigue cerrando y el mayorista enciende otra alarma
Lejos de las pantallas financieras, la economía cotidiana continúa mostrando una dinámica bastante diferente. Diarco cerró su sucursal de Jáuregui, en Luján, y acumuló tres cierres en menos de un mes en territorio bonaerense. Antes habían bajado las persianas sus establecimientos de Zárate y Tres Arroyos.
El cierre de Jáuregui afecta a alrededor de 30 trabajadores y forma parte de una reestructuración que viene alcanzando diferentes puntos del país. La compañía ya había cerrado locales en otras ciudades y el ajuste vuelve a poner bajo la lupa la situación del negocio mayorista.
Diarco tampoco aparece como un caso completamente aislado. Las ventas mayoristas vienen mostrando retrocesos y otras compañías del sector también tuvieron que ajustar superficies, revisar estructuras o enfrentar dificultades financieras. La combinación resulta complicada: menos volumen vendido, costos fijos elevados y consumidores que administran cada compra con mucha mayor cautela.
Hay además una paradoja interesante. El mayorista fue históricamente uno de los formatos que ganó terreno durante las crisis porque las familias intentaban defender el bolsillo comprando mayores cantidades, buscando precio y resignando comodidad.
Si incluso ese canal empieza a sufrir con intensidad la debilidad de las ventas, el fenómeno merece atención. Porque la discusión deja de ser solamente dónde compran los argentinos para convertirse en otra bastante más incómoda: cuánto dejaron directamente de comprar.
Millones entraron al crédito fintech y ahora aparece la mora
La misma tensión empieza a observarse en uno de los negocios que más crecieron durante los últimos años: el crédito digital.
Las billeteras virtuales y las fintech consiguieron incorporar al financiamiento a millones de argentinos que tenían dificultades para acceder al sistema bancario tradicional.
El desafío para las plataformas pasa ahora por contener la mora sin destruir una de las principales virtudes que les permitió crecer: prestarles a personas que el sistema financiero tradicional no atendía.
La Cámara Argentina Fintech propone avanzar sobre varias herramientas, entre ellas mejorar la información crediticia disponible, profundizar las finanzas abiertas, fortalecer la educación financiera y perfeccionar los mecanismos utilizados para evaluar riesgos. Pero por ahora siguen sin aparecer propuestas de refinanciación de tasas.
Los lácteos van por otro récord
En medio de las dificultades que muestran distintos negocios dependientes del mercado interno, una de las cadenas productivas tradicionales de la Argentina encuentra oxígeno exactamente en la dirección contraria: vendiendo afuera.
Las exportaciones lácteas ya generaron alrededor de US$1.000 millones y el sector espera que los ingresos puedan duplicarse hacia fin de año.
El desempeño tiene especial relevancia para Santa Fe y Córdoba, dos provincias que concentran buena parte de la producción lechera argentina y donde el impacto de una mejora exportadora se extiende mucho más allá de las grandes industrias.
Detrás de cada tonelada que sale al exterior aparecen tambos, transportistas, proveedores de insumos, fabricantes de maquinaria, servicios profesionales y numerosas pequeñas empresas vinculadas con la cadena.
El crecimiento de las exportaciones ofrece además una válvula frente a un mercado interno que continúa mostrando dificultades.

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