El problema no es la guerra. Es que nadie sabe si hay guerra o relato. Donald Trump dijo diez veces que el conflicto en Medio Oriente había terminado. Ahora anuncia que “desatará un infierno” el 6 de abril. Irán lo desmiente. Los bombardeos siguen. Y los mercados, directamente, dejaron de creer.
Cuando la palabra pierde valor, el precio lo pone el mercado. El petróleo sube 3,3% y el Brent vuelve a perforar los US$100. La gasolina en EE.UU. llega a US$5 por galón, un nivel que históricamente anticipa problemas políticos.
Caen las bolsas… y también lo que debía proteger
La reacción global fue inmediata, aunque lo más relevante no fue la caída en sí, sino su forma. El Nasdaq Composite perdió 2,4%, el S&P 500 cayó 1,7% y el Dow Jones retrocedió 1%, en una jornada que también golpeó a Brasil (-1,5%) y México (-1,8%).
Pero lo que realmente llamó la atención fue que los activos defensivos tampoco resistieron. El Bitcoin cayó 3,7%, el Ethereum cerca de 6%, y tanto el oro como la plata mostraron retrocesos importantes. Es decir, ni siquiera los refugios tradicionales lograron sostener valor.
En ese contexto, el capital global volvió a lo básico: dólar fuerte y tasas en alza. En Estados Unidos, los rendimientos trepan hasta 5% anual a 30 años, endureciendo las condiciones financieras.
El dato incómodo: el dólar baja donde debería subir
Mientras el mundo corre al dólar, Argentina hace lo contrario.
El tipo de cambio oficial bajó a $1392 (-$10,21), el MEP a $1401 (-$3,20) y el contado con liqui a $1449 (-$4,78), mientras el blue subió levemente a $1425. La brecha sigue comprimida, con apenas 2% entre oficial y blue.
El punto más llamativo es que el dólar mayorista está prácticamente en el mismo nivel que hace siete meses, a pesar de que en ese período la inflación acumuló 19,8%.
Pero esa estabilidad tiene un costo. El Banco Central de la República Argentina compró US$57 millones en el mercado, aunque terminó perdiendo US$959 millones de reservas en la misma jornada, afectado por la caída del oro y pagos a organismos.
La otra Argentina: la que produce y empuja
En paralelo, la economía real muestra otra dinámica. El nivel de actividad creció 0,4% mensual y 1,9% interanual, con el agro como protagonista, encadenando cuatro meses consecutivos de mejora y perfilándose hacia una cosecha gruesa que aportará divisas clave.
A ese movimiento se suma una serie de señales concretas en el entramado productivo. La provincia de Santa Fe salió a ofrecer ocho lotes industriales a precios promocionales para atraer inversiones, mientras una empresa argentina low cost avanza con la ampliación de su planta para exportar alimentos. En paralelo, el puerto de San Nicolás logró quedarse con una carga estratégica vinculada al litio, consolidando su posicionamiento en un negocio en expansión.
Todo ese conjunto empieza a configurar una economía que, al menos en algunos sectores, genera dólares genuinos.
La otra cara: empresas que no llegan
Pero al mismo tiempo, aparecen señales de tensión que no pueden ignorarse. Una cadena de farmacias entró en crisis con cheques rechazados y una deuda millonaria, reflejando un deterioro financiero que va más allá de un caso puntual. El propio Gobierno reconoce que están aumentando los niveles de morosidad, la litigiosidad y los problemas en el sector de seguros.
En ese marco, el crédito sigue sin destrabarse. Las tasas de los plazos fijos se mueven entre 24% y 29%, mientras la inflación esperada para 2026 se ubica en 33,5%, según la Universidad Torcuato Di Tella. Es decir, el rendimiento en pesos continúa corriendo por detrás.
Para intentar revertir esa dinámica, el BCRA decidió bajar los encajes del 50% al 45% desde abril, con el objetivo de liberar liquidez y facilitar el acceso al crédito.
La apuesta de fondo: deuda más allá del mandato
En ese contexto, el ministro Luis Caputo avanza con una jugada relevante: el lanzamiento del bono en dólares AO28.
Se trata de un título con tasa del 6% anual, pagos semestrales y vencimiento en octubre de 2028, con la particularidad de devolver el capital íntegro al final (estructura bullet).
El dato político no es menor: el vencimiento queda por fuera del mandato actual de Javier Milei, lo que convierte a este bono en una señal directa hacia el mercado sobre expectativas de continuidad.
En paralelo, actores globales como BlackRock dejaron trascender que podría haber interés en activos argentinos si el proceso de estabilización logra sostenerse.
Mercado local: acompaña, pero con cautela
La Bolsa de Buenos Aires cayó 1,3%, con operaciones por más de $121.000 millones en acciones y $188.000 millones en Cedears.
En Nueva York, las ADR argentinas mostraron mayoría de bajas, con caídas que fueron del 1% al 4,5% en bancos y energéticas, mientras que papeles puntuales como YPF y Bioceres lograron subas de entre 2% y 3%.
Los bonos soberanos, en cambio, mostraron cierta firmeza, con una suba promedio del 0,3%, lo que permitió que el riesgo país bajara a 591 puntos básicos.

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