Luis Caputo confirmó una ola de capitales extranjeros para revolucionar la logística del interior

El funcionario nacional advirtió que las reglas cambiaron para siempre y cuestionó a quienes pretenden sostener rentabilidades cazando en el zoológico. Una radiografía cruda sobre el fin del consumo artificial y la obligación de competir

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"Los próximos 18 meses van a ser los mejores que haya vivido la Argentina en las últimas décadas". Con esta contundente proyección, el tablero de las expectativas económicas de corto y mediano plazo queda oficialmente reconfigurado, marcando una bisagra en la forma en que el sector privado deberá planificar sus inversiones.

Luis Caputo, un hombre curtido en la alta volatilidad de los mercados financieros globales y actual titular del Ministerio de Economía, trazó una detallada radiografía sobre el presente y el futuro productivo del país. Con una trayectoria técnica que lo llevó desde las grandes bancas de inversión de Wall Street hasta los despachos más calientes del Banco Central y el Palacio de Hacienda, el funcionario desgranó la hoja de ruta oficial que promete desarmar definitivamente el histórico modelo nacional apoyado en el proteccionismo arancelario y el financiamiento inflacionario.

La exposición abordó de lleno la sensación térmica que hoy atraviesan las fábricas, los acopios y los centros comerciales. Frente a la extendida percepción de una severa contracción generalizada de las ventas, Caputo se encargó de trazar una línea divisoria tajante y muy clara: el consumo no experimenta una simple caída lineal, sino que ha mutado su matriz operativa a raíz de un nuevo tablero de reglas de juego. "Si vos das los incentivos correctos, obtenés los resultados correctos. Y si das los incentivos incorrectos, vas a obtener resultados malos", sentenció, apuntando al corazón de las decisiones corporativas.

Para dimensionar la profundidad de este viraje táctico, resulta imperioso mirar por el espejo retrovisor. El esquema económico previo, asfixiado por niveles récord de presión impositiva y un déficit fiscal crónico, engendró un ecosistema cerrado y sumamente viciado. En palabras del propio economista, durante años muchas firmas se acostumbraron a "cazar en el zoológico".

Esa arquitectura hermética comenzó a desmoronarse. Al forzar la eliminación del agujero fiscal e iniciar una apertura comercial sistemática que busca pulverizar el histórico "costo argentino", la verdadera competencia entró a la cancha. Las reacciones corporativas frente a este shock de realidad, lógicamente, son dispares. El ministro no esquivó los nombres propios y expuso los dos caminos bifurcados que hoy se le presentan al capital privado. Por un lado, analizó el caso puntual de la fabricante de neumáticos Fate, que recientemente optó por retraer su actividad productiva de cara a la renovada exigencia del mercado libre. "En definitiva, si alguien pudiera ganar lo mismo trabajando la mitad, probablemente también lo elegiría", reflexionó el jefe de la cartera económica sobre la decisión empresaria de no seguir apostando en un escenario que ya no subsidia ineficiencias mediante incentivos incorrectos.

En las antípodas de esa postura defensiva, levantó la bandera del caso Lumilagro. Ante la inminente avalancha de productos fabricados en el exterior, la tradicional firma nacional de termos térmicos decidió redoblar la apuesta de capital, modernizar sus instalaciones, mejorar la calidad de su oferta y prepararse para dar pelea. "Resulta que hoy vende, tiene récord de ventas y exporta", destacó el ministro con especial énfasis. Luego, procedió a rematar con el que considera el éxito definitivo del nuevo organigrama económico: "La gente hoy puede comprar un termo, no solo importado, sino nacional, mejor y a un precio más bajo". En la trinchera del entramado agrometalmecánico, esta metáfora resulta letal y aleccionadora: la supervivencia de las empresas ya no dependerá jamás del lobby arancelario en despachos oficiales, sino del nivel de innovación en ingeniería y la capacidad quirúrgica para reducir los costos fijos.

Sin embargo, el corto plazo aún exhibe la resaca de la gestión anterior. ¿Qué sucede exactamente con el nivel de actividad actual? Aquí, el funcionario introdujo un concepto macroeconómico vital para no caer en espejismos contables y diferenciar un crecimiento genuino del simple sobrestockeo originado por el pánico financiero. Históricamente, ante la depreciación constante e incesante de la moneda local, el reflejo automático de la cadena de valor era adelantar compras compulsivas de bienes tangibles —desde fertilizantes e insumos críticos para la siembra, hasta hierro, cemento o mercadería de almacén— con el único fin de huir de los pesos. "Eso no es un crecimiento sano ni duradero en el largo plazo. Lo único que genera es más pobreza", advirtió categóricamente. Ese antiguo y aparente "boom" de consumo no era más que el síntoma de una enfermedad monetaria terminal: la gente quemaba su dinero por miedo a que mañana valiera menos.

Hoy, la ecuación técnica se invirtió por completo. Según las proyecciones del Ministerio de Economía, tras la brutal y masiva caída de la demanda de pesos que aceleró la hiperinflación latente durante el tenso proceso electoral pasado, los agentes financieros, las corporaciones y los ahorristas han comenzado a recomponer su tenencia de moneda nacional. Este renacer de la confianza es la piedra angular del programa de estabilización definitivo: "A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento. La inflación va a tener certificado de defunción".

Esta metamorfosis productiva, como toda cirugía de alta complejidad, no ocurre sin generar tensiones, especialmente en el sensible ámbito del mercado sociolaboral. Frente a las persistentes inquietudes que circulan en torno a la caída del empleo en las fábricas clásicas, Caputo contextualizó el fenómeno dentro de una tendencia global pesada e ineludible. "La reconversión de la industria es algo que está pasando en todo el mundo. Se está dando una terciarización de la economía", explicó con tono didáctico. En efecto, en las potencias occidentales más desarrolladas, el sector de servicios —software, conocimiento, finanzas, biotecnología— ya concentra más del 70% de todo el volumen económico, mientras que a nivel local esa cifra apenas bordea el 60%. Esta forzosa transición sistémica implica que las viejas maquinarias deberán migrar velozmente hacia modelos que integren la manufactura pesada con la comercialización de servicios de alto valor agregado. Es el mismo sendero evolutivo que ya experimenta la vanguardia del sector agtech regional, que comprendió que el negocio dejó de ser vender exclusivamente "fierros", para pasar a comercializar licencias de mapeo satelital, análisis de big data y algoritmos predictivos para rindes.

Para que este salto de calidad estructural pueda materializarse en la economía real, el mero anclaje monetario resulta insuficiente; se requiere una inyección colosal de capital hundido y la modernización física de las redes de comercialización. En esa línea estratégica, el ministro adelantó cifras impactantes que entusiasman a los sectores exportadores: confirmó que ya existen 35 proyectos formales ingresados bajo los amplios beneficios impositivos y aduaneros del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), los cuales consolidan un asombroso compromiso de capital por 85.000 millones de dólares. A este fenomenal shock de divisas genuinas se le sumará una inminente y agresiva licitación nacional orientada a recuperar, pavimentar y expandir más de 12.000 kilómetros de rutas, una variable que resulta absolutamente crítica para desahogar las arterias logísticas del interior y abaratar el carísimo flete de las cosechas hacia las terminales portuarias.

El contundente diagnóstico gubernamental deja una única certeza inamovible sobre la mesa de los directorios corporativos: no habrá marcha atrás, ni atajos heterodoxos, ni salvavidas estatales. El apalancamiento artificial basado en la maquinita de emitir billetes quedó sepultado junto con las falsas sensaciones de bonanza de corto vuelo. "Lo que está claro es que no era posible continuar con el modelo anterior, ya que existe evidencia empírica de su fracaso, no solo en Argentina, sino a nivel global", sentenció Luis Caputo de manera inquebrantable, para culminar su profunda disertación fijando el nuevo mantra irrefutable de la economía nacional: "Para que haya empleo, tiene que haber inversión".

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