Vaca Muerta produce gas récord, pero la industria igual enfrenta cortes: el problema ahora son los gasoductos

La producción crece, industrias de Santa Fe enfrentan restricciones por la limitada capacidad de transporte y por una reasignación de cupos. Las empresas que aseguraron GNL importado siguen operando, pero a un costo hasta cuatro veces mayor

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Hace apenas un mes en Ecos365 advertíamos que el próximo cuello de botella energético de la Argentina probablemente dejaría de estar en la producción para trasladarse a la infraestructura. La ola polar que atraviesa buena parte del país terminó confirmando ese diagnóstico.

Las restricciones que comenzaron a afectar a industrias de distintas provincias no obedecen a que Vaca Muerta haya dejado de producir. Tampoco significan que Argentina haya vuelto a sufrir una escasez estructural de gas como ocurrió durante muchos inviernos.

La realidad es bastante más compleja.

Hoy el país produce más gas que nunca gracias al desarrollo de Vaca Muerta. El problema es que todavía no cuenta con la capacidad suficiente para transportarlo hacia todos los centros de consumo cuando coinciden temperaturas extremas, una fuerte demanda residencial y picos de consumo industrial.

El cuello de botella ya no está en el subsuelo. Está en los gasoductos.

El invierno volvió a exponer el límite

La Secretaría de Energía activó restricciones para grandes consumidores con contratos interrumpibles y parte de la industria comenzó a reducir consumos para priorizar el abastecimiento residencial, tal como prevén los protocolos de emergencia para el invierno.

Sin embargo, detrás de esas restricciones aparece una diferencia que explica por qué algunas empresas continúan operando normalmente mientras otras debieron limitar su actividad.

Fuentes de Litoral Gas explicaron a Ecos365 que las industrias que oportunamente contrataron Gas Natural Licuado (GNL) importado pueden consumir ese volumen sin inconvenientes. En cambio, las compañías que dependen exclusivamente del gas adquirido a productores locales son las que hoy enfrentan restricciones.

La diferencia no está en el combustible. Está en el contrato. Y también en la infraestructura disponible para transportarlo.

Según explicaron desde la distribuidora, la región recibió una menor disponibilidad de capacidad de transporte desde Vaca Muerta luego de una reasignación realizada por la Secretaría de Energía. A partir de allí, el sistema comenzó a administrarse prácticamente hora por hora.

"Vamos manejando día a día las restricciones con cada gran industria, dependiendo del consumo residencial según las temperaturas. Esto cambia permanentemente y tratamos de mantener la mayor estabilidad posible para afectar lo menos posible las operaciones. Es un esquema que venimos trabajando con los clientes industriales desde hace varios meses", señalaron fuentes de Litoral Gas.

"Es importante dejar claro que siempre lo primordial es que el suministro esté disponible para la demanda residencial+comercio+pyme (demanda prioritaria) y para eso se trabaja en todas las variables", agregaron.

El gas barato y el gas caro

La otra diferencia aparece en el precio. El gas producido en Vaca Muerta se comercializa para grandes usuarios, según el tipo de contrato y la cuenca de origen, en valores cercanos a US$ 3,50 a US$ 4 por millón de BTU (MMBTU).

En cambio, el GNL que Argentina importa para cubrir los picos de demanda invernal tiene un costo muy superior. Este invierno, Energía Argentina (Enarsa) debió contratar alrededor de 22 cargamentos para reforzar el abastecimiento y los valores internacionales se ubicaron en una franja cercana a US$ 13 a US$ 19 por MMBTU, dependiendo del momento de contratación y de las condiciones del mercado internacional.

En otras palabras, algunas industrias están pagando entre tres y cuatro veces más por el gas para garantizar la continuidad de sus procesos productivos. Es un costo elevado.

Pero muchas empresas prefirieron asumirlo antes que exponerse a interrupciones que pueden detener hornos, líneas continuas de producción o procesos industriales cuya puesta en marcha demanda varios días.

Una factura que también paga el Estado

El problema no termina en las fábricas. Cada invierno, la necesidad de importar GNL obliga al país a destinar cientos de millones de dólares para complementar la producción local durante los días de mayor consumo.

Paradójicamente, buena parte de ese gasto podría reducirse si existiera mayor capacidad para transportar el gas mucho más económico que produce Vaca Muerta.

Es decir, Argentina convive con una situación difícil de explicar desde el sentido común: posee uno de los mayores reservorios de gas no convencional del mundo, pero al mismo tiempo debe importar gas considerablemente más caro porque la infraestructura todavía no alcanza para llevar el recurso nacional hacia todos los centros de consumo cuando más se necesita.

El verdadero desafío

Durante muchos años la discusión energética giró alrededor de cómo producir más gas. Ese objetivo, en gran medida, comenzó a cumplirse. Ahora el desafío cambió.

La prioridad pasa por ampliar los sistemas de transporte, construir nuevos gasoductos, incrementar la capacidad de compresión y diseñar reglas de asignación que acompañen el crecimiento de la producción.

Porque el invierno de 2026 dejó una enseñanza muy clara. El problema energético argentino ya no es únicamente cuánto gas produce Vaca Muerta. Es cuánto de ese gas puede llegar efectivamente a las industrias cuando las temperaturas caen, el consumo residencial se dispara y el sistema opera al límite.

La paradoja resume buena parte del momento que vive el sector: Argentina dejó de tener solamente un problema de gas. Empieza a tener, sobre todo, un problema de caños.

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