El cine de trasnoche forma parte del género del recuerdo y depende casi exclusivamente de la memoria del rosarino. No es algo que se pueda descifrar mediante una inteligencia artificial, ya que los algoritmos son incapaces de reconstruir la atmósfera del centro a la madrugada o de replicar los debates postpelícula, acompañados de un café o una pizza sobre la mesa. Es un elemento que, para poder encontrarlo, es preciso visitar la hemeroteca municipal, donde los archivos evidencian que las salas del centro ofrecían estas funciones a altas horas de la noche durante los fines de semana. Sin embargo, su verdadero archivo está en los testimonios; en la memoria de los rosarinos que transitaron esa época y fueron testigos de una ciudad que hoy parece lejana.

Su punto fuerte se vivió durante la década del 70, allí había una ciudad distinta a la de hoy, que se quedaba despierta. Los horarios de las funciones eran después de las 0.30. Algunas, incluso, empezaban más tarde. Al cine lo acompañaban los bares del centro, que funcionaban las 24 horas y esperaban a los espectadores a la salida entre las mesas ocupadas a deshora y las barras preparadas para estirar el encuentro. Daniel Grecco, difusor cinematográfico, en dialogo con el programa Domingo para armar que conduce Fabio Rodríguez, recordó sus noches como operador. Se reunían después de la medianoche a comer en Mitre y 3 de Febrero, donde había un bar histórico: “El Chaco”. También recordó al Cine Astral (ubicado anteriormente sobre Rioja entre San Martín y Maipú), que tenía justo enfrente a la pizzería "Fral". En la memoria colectiva del rosarino, la pizzería siempre funcionó como la socia indiscutida del cine.

En aquella época, la televisión recién estaba empezando y ver una película en pantalla grande no era lo mismo que en la tele. El cine brindaba la oportunidad de salir del barrio que, sumada a la salida para comer y tomar algo, se convertía en todo un acontecimiento. Ir al cine prometía algo inigualable en la rutina cotidiana, vivir una experiencia sensorial que no se experimentaba en otro momento ni lugar. Hoy, por el contrario, el cine y su penumbra, funciona como un refugio, un lugar en el que se produce una pausa frente a la sobreestimulación y el ritmo del mundo.

El nacimiento de un clásico

De acuerdo a la información brindada por Grecco, el origen de la modalidad trasnoche tuvo lugar en la década de 1950, en el antiguo Cine Roca (ubicado en Av. Alberdi 725). Todo comenzó cuando los operadores se pusieron de acuerdo y le pidieron al dueño del lugar permiso para organizar una función con el objetivo de recaudar fondos para ellos mismos. La idea que surgió fue hacerla en ese horario, precisamente para no alterar el cronograma del establecimiento. "Se consiguieron las películas, le pidieron a las distribuidoras que le prestaran algunas copias", relató el especialista. Al ver que la iniciativa fue un rotundo éxito, el empresario comenzó a gestionar él mismo este tipo de funciones.

La expansión de la trasnoche y el furor del público

Durante la reconstrucción histórica que realizó Grecco, explicó que en Rosario operaban grandes compañías como la Sociedad Exhibidora, que contaba con unas 15 salas y un equipo de unos 50 operadores trabajando en ella. Para los años 60, la oferta ya estaba muy repartida. Además de la Sociedad Exhibidora, funcionaban otras compañías cinematográficas en la ciudad, como DAF y United Cinema, sumado a las salas de barrio que operaban de forma independiente.

Gentileza: Fotografía y Estampa de Rosario Antigua
Gentileza: Fotografía y Estampa de Rosario Antigua

La respuesta de los oyentes de Domingo para armar fue inmediata, los mensajes no paraban de llegar. Todos impulsados por la nostalgia de recordar el cine de su barrio y aquella película imborrable que vieron durante la trasnoche. El Arteón, que se sumó a las funciones de madrugada luego del Roca, el Cine San Martín, ubicado sobre la calle que lleva su mismo nombre, el Sol de Mayo (Av. Pellegrini 1417) y el América (San Martín 3227) fueron algunas de las principales salas que evocó el público.

La pizzería siempre funcionó como la socia indiscutida del cine

“En los años 60, en el Gran Rex (San Martín 1139) probaron hacer cine trasnoche y el éxito fue tal que tuvieron que llamar a la policía porque había casi 4 mil personas y temían que rompieran las puertas”, mencionó el entrevistado.

Mitos, recuerdos y películas icónicas

El difusor cinematográfico aprovechó el espacio para despejar algunos mitos. Explicó que el Sol de Mayo mantuvo la misma temática de películas que daba siempre, desmintiendo versiones que relatan otra cosa. “En el Cine San Martín, al igual que en el Capitol, sí proyectaban cintas eróticas, aunque regían ciertas prohibiciones”, aclaró Grecco.

A medida que avanzaba el programa, los mensajes sobre las salas rosarinas de medianoche seguían llegando. Entre los más mencionados aparecieron el Cine Echesortu (Mendoza 3947), el Radar y el Ópera, que pertenecían a la Sociedad Exhibidora, y el Esmeralda, el cual también trabajaba con los mismos horarios, pero se enfocaba en filmes familiares. Los testimonios estaban acompañados de las clásicas películas que marcaron la trasnoche rosarina. Como por ejemplo, “El exorcista”, “Tiburón”, “Expreso de medianoche” y otros largometrajes como “El francotirador”, “África mía” y “Último tango en Paris”.

Las salas comenzaron a incluir en su programación, propuestas que se salían del catálogo comercial convencional. Proyecciones como el Festival de Woodstock o películas de índole rockera como “Tommy”, encontraron en el horario de la madrugada el escenario perfecto para convocar a los más jóvenes.