Transcurrió un año exacto desde aquella jornada bisagra en los pasillos del Hospital Garrahan en la que el temor y la esperanza se entrelazaron de forma definitiva. Tras superar con éxito una compleja cirugía de separación de más de 8 horas que conmovió a la ciudad, la vida de Ámbar y Pilar tomó un nuevo rumbo.

Hoy, con un año y tres meses de vida, las bebitas rosarinas crecen con salud, energía y un entorno repleto de afecto, transformando cada jornada en una auténtica celebración familiar.

En diálogo con Rosario3, Yamila, la mamá de las niñas, revivió aquel momento crucial en el hospital: "Fue como nuestra primera cita luego de verlas nacer. Con muchos miedos y sentimientos encontrados pudimos vernos cara a cara los cuatro y nos dimos cuenta de que recibimos más de lo que merecíamos".

Yamila, de 28 años, y Gonzalo, su papá de 24, de barrio Nuevo Alberdi (zona rural) junto a sus hijas.
Yamila, de 28 años, y Gonzalo, su papá de 24, de barrio Nuevo Alberdi (zona rural) junto a sus hijas. 

El proceso de recuperación avanzó a pasos agigantados y, en apenas tres semanas, el equipo médico les otorgó el alta para concretar el anhelado regreso a Rosario. Ahora, tienen una vida totalmente normal con los controles médicos que lleva un bebé de esa edad. 

De vuelta en la ciudad, el primer cumpleaños de las pequeñas representó un hito de enorme carga emotiva. "Con su papá y la familia intentamos hacerle el mejor cumpleaños que podíamos. Siempre decimos que celebramos la vida a través de ellas", explicó sobre el festejo reciente.

La rutina de la familia

La rutina cotidiana en la casa de las rosarinas comienza bien temprano, entre las 8 y las 9 de la mañana. "Lo primero que hacen al despertar es sonreír y darse besos entre ellas y aún a nosotros", relató la mamá.

Luego de cambiar sus pañales y vestirlas, llega uno de los momentos preferidos del día: el desayuno en sus sillitas de comer. Allí, mientras disfrutan de su alimento, siguen con entusiasmo las canciones y videos de Luli Pampín en la pantalla. "Después de eso bajan al suelo a gatear y caminar; tienen una caja de juguetes donde se entretienen un rato y comienzan a pedir la papa llegando al mediodía", detalló sobre el ritmo matutino, que continúa con el baño diario —una de las actividades que más disfrutan— y una siesta reparadora junto a su papá.

 Pilar y Ambar.
. Pilar y Ambar.

A pesar de los desafíos médicos que atravesaron desde su nacimiento, el desarrollo de las hermanas avanza sin pausa y expone personalidades bien marcadas:

Ámbar, ya camina de forma independiente, es curiosa y compinche. "Es una bebita llena de amor y de dulzura que con sus abrazos expresa todo. Ya camina y le encanta hacer travesuras y tocar todo lo que se le atraviese. No se da con todos, pero cuando entra en confianza, te llena de su amor", destacó su madre.

A Pilar, la destaca por su gran capacidad de comunicación y sociabilidad. "Gatea y todavía no camina, está dando sus primeros pasos. Es una niña muy charleta, le encanta hablar y hacerse entender, da muchos besos y le gusta socializar con las personas, siempre tiene una sonrisa para todos", amplió.

 Pilar y Ambar, las siamesas separadas tras una operación de 8 horas y sus papás en el hospital Garrahan. (Clarín)
. Pilar y Ambar, las siamesas separadas tras una operación de 8 horas y sus papás en el hospital Garrahan. (Clarín)

El refugio de la fe y los domingos en comunidad

Dentro de la dinámica semanal, los domingos ocupan un lugar afectivo indispensable. A partir de las 16, la familia se organiza para asistir a la iglesia local, donde la comunidad las aguarda con expectación. "Allí es donde todos están esperando a Ámbar y Pilar con una sonrisa, besos y abrazos. Son dos niñas mimadas que reciben mucho amor", compartió.

Para sus padres, la evolución clínica y humana de las pequeñas trasciende la explicación técnica. "A través de sus vidas siempre recordamos el amor; son el reflejo del amor de Dios, son nuestro mayor milagro y más de lo que estábamos esperando. Son el ejemplo más precioso de amor, fuerza, guerra y valentía", afirmó la mamá.

En ese sentido, rememoró los tramos más difíciles del proceso médico: "Como familia sufrimos, soportamos, nos tocó esperar, pero sobre todo decidimos creerle a Dios cuando nadie daba esperanzas en ellas y Dios desató lo imposible. Hoy viven una vida sana, llena de luz y de amor".

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La tranquilidad de la convivencia actual dejó atrás la angustia inicial, transformando la crianza simultánea de dos bebitas en un motivo constante de felicidad.

"Cada día como mamá soy agradecida por tenerlas. A veces me preguntan cómo hago porque debería ser difícil con dos, pero siempre digo lo mismo: es el doble de alegrías, el doble de diversión y el doble de amor. Somos una familia feliz, ahora es todo alegría y paz. Ellas son nuestro mayor tesoro y nuestras pequeñas guerreras", concluyó.