La casa en Dean Funes al 5100 es, en realidad, una cooperativa. Una cooperativa única en la provincia de Santa Fe. En la parte central, la habitación más grande, están las máquinas de coser y las estampadoras de Ziza, la marca textil que nació en 2018 y se formalizó en octubre de 2019. La idea surgió en uno de los talleres que hacía un grupo de presos de la Unidad Penitenciaria 6. Compartían una misma mirada: si no generaban sus propios puestos de trabajo, iba a ser muy difícil volver a la calle. Ellos resumen ese desafío con una frase: “Cuidar la libertad”.
El emprendimiento se pensó intramuros, pero para poder hacerlo realidad los internos necesitaron el apoyo de sus familias. Se capacitaron todos juntos dentro de la cárcel de avenida Francia al 4800, detrás de la Jefatura de Policía. Aprendieron de trámites y de papeles. La primera comisión directiva de Ziza estuvo integrada por sus madres, padres y hermanos porque ellos no podían por ley.
En paralelo a la formación dentro del penal, afuera comenzaron los primeros pasos. Marcelo y Zulema, los padres de Jesús Romano, uno de los presos fundadores, pusieron su casa en la zona oeste. Patricia, una vecina que es modista, enseñó a un primer grupo a usar las máquinas. En su mayoría eran las esposas y hermanas de los internos. De aquel inicio sobrevive, en una de las paredes de la casa de Dean Funes, la pizarra en donde ella explicaba cómo trabajar. Recién un año después consiguieron las dos primeras máquinas, gracias al alta formal de la empresa.
La pandemia resultó un impulso: apostaron a la producción de barbijos para todas las cárceles. En marzo de 2021, Jesús salió en libertad tras ocho años de encierro y se sumó a la pata exterior de la cooperativa. “Me salvó la vida compartir esa camada con otros que pensábamos lo mismo y que necesitábamos juntarnos”, recuerda.
A los meses hizo lo mismo Pacha, Fernando Braidotti: no cose, pero da talleres de música y forma parte de “Canción urgente” junto a Pablo Pino, cantante de Cielo Razzo, y otros. Así, ese puente (entre el interior y el exterior) quedó tendido para otros.
El rubro textil les quedó chico y surgieron otras unidades. La panificación funciona en la parte trasera de la vivienda. Herrería se montó en el patio techado que da al frente. Mientras el grupo recibe a Rosario3, Ariel revoca la pared de lo que será una sala de grabación de música y streaming.
En otro galpón, sobre Lavalle y Biedma, montaron una segunda cooperativa de reciclado que se llama “Los Gladiadores”. Enfrente de ese lugar está “Café Roti”, que vende parte de la producción de la panadería. Una cuarta sede funciona en Felipe Moré al 2600 como barbería y espacio para talleres del programa provincial Nueva Oportunidad.
Los polos productivos, las cooperativas y las capacitaciones se nuclean en el “Frente de Liberados” que integran varios grupos y organizaciones. En su despliegue autogestivo, crearon unas 50 fuentes de trabajo a pesar de la malaria económica que provoca el ajuste del gobierno nacional y golpea, sobre todo, a las Pymes. Las cifras que siguen no son exactas ni estáticas, pero sirven para dimensionar las distintas ramas de un mismo tronco.
Textil y paqueteros: 30 trabajos
Ziza tiene diez máquinas y trabajan entre ocho y diez personas. Funcionan como grupos dinámicos. Patricia, la capacitadora inicial, sumó a Marcelo, su pareja, y más tarde a Danilo, su hijo de 20 años. Hacen remeras, boxers, guardapolvos, camperas y confecciones a pedido, como ropa de trabajo o conjuntos para equipos de fútbol.
Sur Productora, una cooperativa de comunicación audiovisual nacida en el barrio Las Flores, se unió para potenciar las redes y la venta online (@cooperativaziza).
Más allá de esa apuesta virtual, los grupos de paqueteros comercializan tanto en las calles de Rosario como en la zona de Rafaela. Jesús aprendió de su padre ese oficio de la venta de medias y calzoncillos de forma ambulante, y armó dos grupos. Uno trabaja en la ciudad y otro viaja hacia el centro oeste provincial. En total, son unos 25 pibes.
En plena crisis de la industria textil, se las ingenian para encontrar clientes, producir y vender.
Bota y Los Gladiadores: cinco puestos
La cooperativa de recicladores “Los Gladiadores” funciona en Lavalle y Biedma desde 2022. Separan la basura en bolsas para vender cartón, botellas o tapitas. A Roberto le dicen Bota. Tiene 50 años y pasó más de la mitad de su vida tras las rejas. Estuvo en Coronda, Piñero y la Unidad 6, entre otras. Dice que conoció a Jesús, el referente del Frente de Liberados junto a Pacha, y eso le cambió la vida porque pudo conseguir un empleo y un ingreso fuera del penal.
Aclara que adentro siempre trabajó: “En la Unidad 6 cocinaba para 220 personas de un sector. Hacía guiso, carne al horno, milanesa, lo que sea”. “La gente cree que los presos no hacen nada y en realidad son los que sostienen las cárceles. No solo cocinan: pintan, cortan el pasto, tiran la basura, a veces la reciclan”, asegura Jesús.
El problema, coinciden los dos, empieza afuera. Casi nadie contrata a trabajadores con antecedentes y, al poco tiempo, entre la frustración y la necesidad, las viejas juntas aparecen.
Las palabras siempre importan. Cuando Jesús escuchaba que sus compañeros hablaban de “cirujeo”, él los corregía: “Ustedes están reciclando porque generan plata de la basura. No es necesario robar o vender droga, hay otras formas, y esto es un salvavidas para su propia libertad”.
Bota lo escucha y resume: “La idea es pensar cómo generar guita sin nada sucio”. “Hay que cambiar el chip”, sigue el hombre simpático e histriónico, que se puso un saco porque escuchó que había una cámara para una nota. Cuenta cómo le va desde que recuperó la libertad en febrero pasado: “Ahora estoy en otra situación, en un lugar adonde ir, con gente que me apoya y me dice «dale, dale, vos podés». Todavía me pasan a buscar algunos muchachos, pero les digo que no y duermo tranquilo. Me despierto, salgo a las 8 o a las 9 y vuelvo al mediodía”. Después, completa: “Tengo 50, me cansé de comer tumba”.
Los integrantes de la cooperativa de reciclado cobran, además de lo que venden, una beca del programa provincial Germinando del Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano. Son 250 mil pesos que les permiten subsistir cuando el precio del cartón es bajo, como ahora. Jesús, que no solo es referente del espacio, sino un estratega para pensar salidas, dice que ahora van a acopiar materiales y venderlos a fin de año, a la espera de un mejor mercado para sus productos.
Panadería, bar, herrería y barbería
La entrada a la casa-cooperativa es el sector de herrería, donde hay mesadas y maquinaria de todo tipo. Fabrican parrilleros, rejas, basureros y hacen convenios con escuelas e instituciones para estructuras puntuales. Trabajan hasta ocho personas.
Otros seis u ocho puestos forman parte del área de panificación, que también cuenta con becas de Germinando, pensado para la reinserción laboral de privados de la libertad o liberadas. Ese plan se complementa con las capacitaciones del Nueva Oportunidad y de Reintegrarse, como el grupo de realidad virtual dentro de la Unidad 6 que narró Rosario3 la semana pasada. Son programas de la Secretaría de Inclusión y Abordajes Sociales.
El horno está en la parte trasera del inmueble. También tienen una máquina para pastas que les regaló la banda Don Osvaldo, del ex Callejeros Patricio Fontanet. Ese vínculo entre rock y presos o expresos que buscan salir adelante se refleja en “Canción urgente”, que a su vez genera espacios culturales de rap y música. La colaboración también se expresa en los talleres que inició la Universidad Nacional de Rosario (UNR) hace una década. Son redes que se retroalimentan y crecen, al margen o en paralelo al apoyo estatal.
Buena parte de la producción de la panadería tiene desde junio una boca de venta directa al público en el comercio gastronómico “Café Roti”.
En la barbería, que tiene tres encargados, se juntan de nuevo esas tramas repetidas. Además de cortar el pelo y afeitar, en ese espacio se dan capacitaciones para jóvenes. El Frente no solo ofrece un ingreso económico, apuesta a la construcción de un lugar de pertenencia.


