El fiscal de las causas por delitos de lesa humanidad que tramitan en los Juzgados Federales de Rosario, Adolfo Villate, trazó un balance de los procesos abiertos, adelantó que se trabaja en una causa Feced 5 y destacó la existencia de “capas de víctimas aún no convertidas en caso”. 

En diálogo con Rosario3.com, Villate remarcó que los juicios sobre los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico militar no deben ser analizados como “hechos del pasado ya que se trata del presente, de lo que nos trajo hasta acá”. Consideró que existe un puente vigente entre aquellas violencias institucionales sistemáticas con otras actuales. “Las policías provinciales siguen apelando a la tortura y los asesinatos encubiertos; son una deuda de la democracia”, afirmó.

Pese a los 43 años que pasaron del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y los diez de juicios en Rosario, el fiscal federal trazó otro paralelo con la actualidad. “En el caso D’Alessio vemos que hay inteligencia clandestina, que se ha tercerizado en empresas privadas y que tienen determinados objetivos”, consideró.

El juicio más grande

El titular de la Unidad de Asistencia a las causas por violaciones a los Derechos Humanos de Rosario aseguró que el juicio que se desarrolla en la actualidad, que agrupa las denominadas Feced 3 y 4, “es el más grande hasta ahora en cantidad de víctimas, llegamos hasta 200, y también de imputados”. 

“Tiene más de 300 testigos propuestos y están quedando unos 175 pero es probable que algunos de ellos se desistan porque plantean que ya declararon en muchas oportunidades y los afecta mucho. Calculamos que este juicio para antes de fin de año ya se va a estar concluyendo”, dijo Villate.

Este proceso oral y público -iniciado en abril de 2018- era particularmente esperado porque se iba a sentar en el banquillo de los acusados el cura Eugenio Zitelli. Pero el ex capellán de la Policía, acusado por ex detenidos en el Servicio de Informaciones, el centro clandestino que funcionó en la ex Jefatura de Policía, falleció hace un año, antes del inicio de las audiencias.

Archivo Rosario3.com

Sin embargo, entre los 13 imputados de la patota que comandó el ex gendarme y jefe policial Agustín Feced se encuentran Héctor Gianola y Daniel González: “Ellos no tienen condenas y es la primera vez que se los juzga. Se pudieron incorporar porque antes no había sido posible ubicarlos (estaba prófugos). Hay otros casos de personas que están señaladas y no las hemos podido encontrar”.

Capas de víctimas sin justicia

“En la Unidad nos encontramos con que muchas víctimas no han sido casos. Estamos haciendo de oficio un relevamiento para Feced 5, que de hecho ya se está tramitando, donde podamos dar una respuesta a las personas que no han sido consideradas en los otros tramos de la megacausa”, explicó Villate.

La década cumplida de procesos en Rosario -el primero fue la denominada “Causa Guerrieri” en 2009-, como resultado de 40 años de reclamos y lucha sostenida por la memoria, la verdad y la justicia, generó además un efecto multiplicador.

“Hay muchas personas que pasaron por un centro clandestino y no se consideran así mismas víctimas pero en realidad lo son. Algunos son señalados por apodos o descriptas, pero nunca hicieron una denuncia. Tenemos alrededor de 500 personas mencionadas con apodos o descripciones. No digo que en Feced 5 va a ver 500 víctimas. No todas las personas son ubicables o individualizables”, amplió.

“No puedo decir que nunca más se va a cometer algo parecido”

Villate valoró los 10 años de juicios, gracias a “la lucha y la persistencia de las víctimas y los organismos de derechos humanos” y aseguró: “Los fiscales estamos seguros de que es el camino. No hay forma de construir una república sana si no es recordando este tipo de hechos y tengo la esperanza que sirva para, al menos, si alguna vez quieren volver a hacer lo mismo sepan cuáles van a ser las consecuencias”.

Y agregó: “No puedo decir que creo que nunca más se va a cometer algo parecido. Pero está la posibilidad de que este proceso haya forzado a que al menos se cambien los métodos. Ahora se apela a técnicas como la construcción de causas judiciales falsas y el escarnio público a través de noticias periodísticas que se alimentan de esas mismas falsedades, pero en todo caso son caminos alternativos para buscar un resultado parecido, que es sacar del camino a alguien”.

“Antes te mataban, ahora te matan civilmente con el escarnio y te apartan durante un tiempo necesario para lograr sus finalidades y si después zafás de eso o la causa se cae no les importa porque ya lograron su objetivo”, diferenció.

D’Alessio y la tercerización de la inteligencia clandestina

Villate trazó una comparación entre la inteligencia desplegada durante la dictadura con el caso de espionaje ilegal, extorsión o para el armado de causas judiciales a empresarios, dirigentes y periodistas que iluminó el caso del falso abogado Marcelo D’Alessio.

“D'Alessio está acusado de usar inteligencia para conseguir determinados objetivos. Pero es clandestina, que no es un dato menor porque la Argentina reguló a través de una ley que no es posible realizar inteligencia interior. Entonces estos grupos tuvieron que crear empresas privadas para tercerizar esas tareas, pero es una forma clandestina de inteligencia, que es lo que hacían en aquella época”, diagnosticó.

Torturas y asesinatos policiales en el siglo XXI

Otros de los puentes vigentes con el presente, que demuestran que las causas no son “sobre el pasado”, se evidencian en casos como el de Franco Casco en Rosario: desaparecido tras ser detenido y hallado muerto en el río Paraná. “Siempre hago el paralelo entre poder analizar lo que pasó hace 40 ó 45 años que no es ni más ni menos que casos de violencia institucional sistemáticas, que te dan herramientas para analizar la violencia institucional actual. Hechos ilícitos vinculados a las Policías que son la gran deuda pendiente de la democracia”.

“Las policías provinciales -profundizó- siguen apelando a torturas y asesinatos encubiertos. Uno tiene que estar preparado para que el Estado o quienes detentan el poder del Estado puedan llegar a abusar de ese poder y convertirse en una maquinaria asesina. No hay que pensar a aquello como una fotografía sino como un fenómeno que tiene un presente, que aquel pasado nos trae hasta el día de hoy”.

Villate reconoció que esa sentencia suena brutal: “Es brutal. Los penalistas siempre hablamos de la pulsión que hay entre lo que es estado de derecho y el estado de policía. En uno rigen los derechos y podés estar tranquilo que nadie hará nada contra tus derechos a la vida, a la libertad, a reunirte. Y el otro es el que busca cercenar tus derechos y que gobierne la deslegitimidad. Lo que de modo despectivo tildan de garantismo no es más que el respeto del estado de derecho”.

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