La Bolsa de Comercio es un ámbito reconfortante para el gobernador Maximiliano Pullaro. Desde que fue electo en septiembre de 2023, tejió lazos institucionales sólidos con la conducción que entonces encabezaba Miguel Simioni. En esa primavera institucional que vivía la Bolsa tras el paso de Alberto Padoán, convinieron el plan para los accesos a los puertos del Gran Rosario y herramientas financieras para hacer parte de las obras.
La Bolsa jugó un papel determinante en marzo de 2024, en medio de los atentados a sangre fría contra taxistas, empleados y colectiveros. Juntó las cabezas de las “fuerzas vivas” para una reunión de la que Pullaro y su ministro Cococcioni salieron con apoyo total para enfrentar la violencia extrema que había paralizado la ciudad. El gobernador lo recordó el viernes en su discurso para el acto del remate del primer lote de soja que hace la Bolsa todos los años.
A su vez, la Bolsa es el terreno neutral que los gobiernos nacional y provincial eligen para cruzarse y mandarse mensajes: hay más fotos de Pullaro con Milei o Caputo en la Bolsa que en despachos oficiales. Por eso, no sorprende que, al ver que el gobierno nacional regaló la tribuna enviando a un funcionario irrelevante a un acto que concita atención nacional, Pullaro decidiera expresarse a sus anchas y levantar el tono.
Un pasaje del discurso del gobernador sonó a respuesta para el ministro de Economía, Luis Caputo, quien un mes antes, en el mismo ámbito, anunció que traspasaban rutas a las provincias y, en particular, mencionó la A012 a Santa Fe, porque las provincias tienen plata y la Nación no.
Pullaro retrucó que si Santa Fe conserva capacidad de hacer es porque hizo los ajustes y reformas necesarias. “Si asumimos la responsabilidad de tomar rutas es porque los santafesinos lo necesitan y porque el Estado nacional no lo hace, aunque el equilibrio fiscal se sostiene, en gran medida, con recursos de las provincias”, dijo. Acto seguido pidió un enfoque más amplio de la política económica: “No alcanza con recortar o pensar únicamente en timba financiera; es imprescindible fortalecer el sistema productivo”.
Hay calentura en el gobierno provincial con el decreto que siguió a aquellas declaraciones de Caputo. Es un decreto genérico, que habla de ceder a un grupo de provincias tramos de rutas nacionales que podrán concesionar o reparar ellas mismas, y las autoriza a cobrar peajes. No es más que eso. El decreto carece de detalles sobre cuáles son esas rutas, se desliga de las responsabilidades civiles y se reserva la autorización y el control de las obras que harán y pagarán las provincias. Tampoco contempla transferencias de financiamiento ni resigna el cobro de impuestos que hoy captura en esas mismas provincias y cuya razón de ser es mantener esas rutas.
Los otros dos ejes del discurso también dialogan con la política económica nacional. Pullaro habló del plan de infraestructura provincial y se embanderó en la baja de impuestos. En particular, mencionó la reducción de Ingresos Brutos contemplada en la ley tributaria 2026, a un costo de 82 mil millones de pesos para el Estado provincial.
Todos son ejes discursivos y reclamos conocidos del gobierno provincial. Lo que cambió el viernes fue el tono. Hubo una razón circunstancial: un incómodo bullicio en la sala. El gobernador habló último y, hasta ese momento, la platea estuvo más interesada en conversar entre sí que en prestar atención a los discursos del presidente de la Bolsa, Pablo Bortolatto; el director de Agricultura de la Nación; la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck; y el secretario de Gobierno, Sebastián Chale. El tono enérgico de Pullaro captó la atención y arrancó los primeros aplausos, en especial cuando se refirió a que “los índices de violencia son los más bajos del siglo”.
Por supuesto, también hay razones políticas además del bullicio. El mal momento del gobierno nacional es una de ellas. El caso Adorni no da tregua, la economía golpea a sectores productivos clave y deteriora el poder adquisitivo de las familias. El que no marca diferencias queda asociado a los problemas que deterioran la imagen del presidente y su gobierno.
En segundo lugar, las provincias están sacrificando proyectos y recursos propios como consecuencia de que se profundizan el retiro del Estado nacional y la recesión económica. El número de personas que el viernes concurrió al hospital Granadero Baigorria, al difundirse una convocatoria a controles oftalmológicos gratuitos, fue una señal más del incesante incremento de la demanda de salud y alimentos, que convive con la necesidad de sostener servicios básicos y atender la presión salarial de los estatales.
Hacer obra pública pasó a ser un lujo para muchas provincias. Fue notable la reacción del ministro de Economía y Servicios Públicos de Entre Ríos durante el encuentro Litoral de la Cámara Argentina de la Construcción que se hizo en Puerto Norte, tras escuchar a su par santafesino, Pablo Olivares. Del otro lado del Paraná, entre 2016 y 2023, la obra publica, que estuvo por debajo de la media nacional, se financiaba con fondos nacionales que llegaban por afuera de la coparticipación. Ya sin esos recursos y ajuste fiscal mediante, en 2025, Entre Ríos invirtió en gastos de capital 180 mil millones de pesos, lo mismo que Santa Fe paga de certificados de obra en un mes.
Aun en esas condiciones, también Santa Fe debió revisar su esquema de financiamiento y echar mano a parte de los dólares que consiguió el año pasado en el mercado de capitales y que originalmente eran para hacer más obras. O, al menos, ese era el deseo, porque ya entonces la Casa Gris sospechaba que 2026 sería muy duro y avisó que el crédito serviría para blindar la obra pública en Santa Fe. Es lo que ocurrió. El derrumbe de ingresos en el primer cuatrimestre del año obliga al Ministerio de Economía a utilizar una parte de esos dólares para completar la cancelación de certificados de obra que, hasta hace un par de meses, se financiaban con recursos propios.
Dentro del gobierno nacional se debate cómo seguir adelante. El ministro de Economía reclama un acuerdo político macro con los gobernadores. No con los peronistas que hasta ahora canjearon votos por recursos, como el catamarqueño Jalil, el tucumano Jaldo o el salteño Sáenz, sino con un universo más grande que incluya a los cinco de Provincias Unidas, los ex Juntos por el Cambio y los de fuerzas provinciales.
A su entender, el riesgo país debería estar mucho más bajo de acuerdo con los indicadores financieros actuales y, sin embargo, no baja de los 500 puntos. La razón, según ese sector del gobierno, es la incertidumbre sobre la continuidad de los libertarios en el poder después de 2027. Como solución, propone una alianza macro entre LLA y esos gobiernos provinciales.
Se basa en que La Libertad Avanza no tiene suficiente fuerza para disputar las provincias y, al mismo tiempo, divide votos con los gobiernos provinciales no peronistas, lo que abre la puerta a triunfos del PJ. Santa Fe sería uno de esos casos. De hecho, en el justicialismo santafesino se da como una verdad revelada que la única posibilidad de recuperar la provincia es con una unidad a como dé lugar, con PASO y sacando provecho de un escenario de tercios parejos en el que Unidos y LLA dividan los votos del electorado no peronista.
El recuerdo de 2025 hace temblar a Caputo. Las elecciones provinciales, adelantadas estratégicamente por los gobernadores, se convirtieron en un reguero de derrotas y pusieron en duda el rumbo del gobierno nacional. Las únicas excepciones fueron Ciudad de Buenos Aires y tres provincias en las que gobernadores radicales y del PRO abrieron sus listas a los libertarios para no perder con el peronismo y, sobre todo, para poder pagar sueldos. Al cabo del raid electoral, las debilidades del plan económico quedaron a la vista, se sucedió una corrida cambiaria y Milei corrió por el salvataje financiero de Trump.
Karina Milei no está de acuerdo con un acuerdo de ese tipo. Ese sector del gobierno insiste en que LLA presentará listas propias y candidatos competitivos en todas las provincias que pueda.
¿Hay espacio para alianzas entre Nación y esos gobiernos? Santa Fe no parece ser el caso por ahora. A ocho meses del cierre de listas, el candidato peronista mejor posicionado es el ex gobernador Omar Perotti. La Casa Gris asegura que en ningún escenario lo ve como una amenaza a la reelección de Pullaro, aun con un candidato de La Libertad Avanza en competencia.
El tono de confrontación de Pullaro dice mucho en ese sentido. No va a romper todo como Kicillof, pero es más picante que otros de Provincias Unidas que gobiernan provincias donde el peronismo es fuerte y dividir votos con LLA podría hacerles perder la elección.
Cristian Cunha, el funcionario más importante que el PRO tiene en el gobierno provincial tras la mudanza de Gisela Scaglia al Congreso, se expresó esta semana en RTS a favor de sumar a LLA a Unidos en Rosario. Hasta ahora es el único que va en esa línea. El intendente Pablo Javkin no lo ve viable y la postura del Partido Socialista está dicha de antemano. Falta la voz de los libertarios. ¿Les podría interesar sumarse a Unidos? Hasta ahora, todas las señales han sido en sentido contrario.
El fin de la hibernación
En los dos primeros años, el foco del peronismo santafesino estuvo puesto en quiénes eran los interlocutores del gobierno de Unidos y quiénes no. Los senadores y el perottismo alternaron en ese rol, pero también entraron y salieron de ese juego otros sectores durante la reforma constitucional.
Hace semanas, el peronismo despertó de su estado de hibernación. En la Cámara de Diputados consolida su rol opositor, tanto en lo discursivo como a la hora de votar. Los rechazos a la ley orgánica de municipalidades y al convenio con Ansés por los fondos de la Caja de Jubilaciones dan cuenta de ello. Este último caso, el jueves, dio lugar a un debate picante como hacía tiempo no sucedía en la Cámara baja, con facturas que volaban de una bancada a la otra.
A su vez, dirigentes de todas las trincheras del PJ se lanzaron a la exploración de territorios y acuerdos electorales. Tantean posibles aliados y dibujan alianzas y armados en la mesa de arena.
También llegan exploradores desde otras tierras. Este lunes estará la cordobesa Natalia De la Sota en Rosario junto con el massista Diego Giuliano.
El viernes fue el turno de Máximo Kirchner. Eligió estar en Santa Fe mientras Axel Kicillof asumía al frente del PJ bonaerense. Hubo recorrida, reuniones y un acto político en Puerto San Martín, con el intendente Carlos De Grandis como anfitrión, La Cámpora, el senador Armando Traferri, Agustín Rossi, Germán Martínez y Giuliano, entre otros. Kirchner ratificó que el peronismo lo conduce Cristina Fernández. Subyace ahí un dilema y la pregunta infaltable que el peronismo deberá saber responder en campaña: ¿qué pasará con Cristina Fernández si gana el peronismo? ¿Es posible gobernar el peronismo con Cristina presa si es ella la que conduce? ¿Es posible alcanzar una mayoría electoral que “construya un clima de época”, como dice el filósofo rosarino Juan Giani, que haga viable un indulto a la ex presidenta?



