¿El peronismo o La Libertad Avanza? ¿Cuál es la fuerza política capaz de darle pelea a Maximiliano Pullaro en 2027? ¿O por separado pueden empardar al oficialismo y que se arm. una carambola de tercios parejos que convierta esa elección en una monea al aire?
“Al gobierno de Pullaro lo critican por igual libertarios y kirchneristas. Sin dudas, a esos dos extremos les molesta que en Santa Fe haya una propuesta distinta”, dijo el diputado socialista Rubén Galassi ratificando que no hay posibilidades de una alianza con La Libertad Avanza. “De la misma manera que no hay margen para ir a un frente con los libertarios, tampoco hay lugar para hacerlo con el kirchnerismo”, aclaró.
Otra voz relevante en la semana fue la del secretario general de la Gobernación, Juan Cruz Cándido. Pullarista ciento por ciento, mostró las aspiraciones de la Casa Gris: “Estamos seguros que muchos votantes de La Libertad Avanza van a votar a Maximiliano Pullaro a la hora de elegir gobernador. Y también lo van a hacer muchos peronistas, porque valoran la obra pública”, dijo en RTS.
Hace más de una década cumplió roles ministeriales en dos elecciones en las que el Frente Progresista retuvo la provincia por márgenes estrechos a causa de escenarios electorales de tercios. El caso más dramático resultó el de Miguel Lifschitz –del que este sábado se cumplieron cinco años de su trágica muerte– que se dirimió en un escrutinio voto a voto.
La comunicación política del gobierno atiende ambos frentes. Por un lado los funcionarios, empezando por el gobernador, endurecen el tono contra el gobierno nacional porque frena la obra pública, no envía fondos, recorta medicamentos y alimentos, y deja cadenas productivas enteras a la deriva. Por el otro machaca sobre “el kirchnerismo” porque las encuestas le dicen que es lo que una mayoría de santafesinos “no quiere que vuelva”. Esa porción del electorado que no está dispuesta a votar al peronismo sería de entre 60 y 70%. Esos son los votantes que comparten Unidos y La Libertad Avanza.
Unidos es una alianza provincial que, en dos años y medio de gobierno, gestionó de forma exitosa sus diferencias políticas e ideológicas. Existieron pausas circunstanciales en determinados proyectos de ley, la reforma constitucional y tensiones sobre la profundidad de algunas políticas de ajuste pero logró contener el debate interno puertas adentro. La excepción fue el reciente cruce del presidente de la UCR Felipe Michlig con el ministro Lisandro Enrico.
El factor que explica ese orden político es una perspectiva de futuro que incluye a todas las partes de la coalición. Al principio esa perspectiva vital la dio la posibilidad concreta de reformar la Constitución y conseguir la reelección para la Gobernación. Y una vez concretado ese objetivo, gran parte del futuro de Unidos se ordena en la certeza de que Maximiliano Pullaro será el candidato en 2027 a la Gobernación.
Sin esa certidumbre, Unidos sería a esta altura una pista de carreras electoral y Pullaro debería ocupar parte de su tiempo en evitar que le intoxique la gestión diaria.
En ese sentido, el gobernador tiene definido que el armado electoral de 2027 repetirá el esquema de 2023, con el socialismo, el PRO y la UCR como socios principales y la posibilidad de que cada uno disponga de cuotas de protagonismo institucional igual o al menos similar a los actuales. Por supuesto, el escenario no será igual a 2023: Pullaro consolidó su liderazgo, 2027 será un plebiscito a su gestión y dependerá también de si cada fuerza de Unidos consigue revalidar en las urnas a sus referentes electorales, bancas legislativas e intendencias.
Hay cierta cuota de ficción en torno a la conversación sobre si habrá alianza entre Unidos y La Libertad Avanza. Unidos ya tiene un camino trazado y trabaja en ese sentido. Su preocupación es consolidar su poderío territorial, sostener la gestión en medio de la caída de los recursos y contener a todos los espacios. De estas cosas se va a hablar el miércoles en Rafaela, en un nuevo encuentro regional de intendentes con los ministros Fabián Bastia y Lisandro Enrico y el secretario general Juan Cruz Cándido. Nadie está juntando masa crítica para una alianza que tampoco los libertarios pretenden. En todo caso, podrá darse a nivel local en algún municipio donde lo amerite la particularidad del lugar.
Por otra parte el socialismo, socio fundador de Unidos, acaba de acordar la renovación del mandato de Joaquín Blanco y Varinia Drisun al frente del partido. Y con ellos reafirma la unidad partidaria –se sumó el de Federico Lifschitz y un sector de Bases–, que Unidos es su plataforma de acción política y el rol opositor al gobierno nacional.
En las próximas semanas, tomará vuelo en la Legislatura la reforma electoral que por ahora se discute puertas adentro de cada fuerza política. Debería estar aprobada para septiembre, cuando se cumple el plazo de un año que fijó la Constitución para la sanción.
No será un trámite sencillo. La reforma catalizará expectativas e intereses del sistema político santafesino en su conjunto. El peronismo ya dio cuenta de eso cuando los senadores madrugaron a todos con un proyecto propio afín a la realidad y necesidades de ese movimiento. Continuidad de las Paso, boleta única como en la actualidad y pisos altos para superar las primarias y para entrar al reparto como puntos destacados. Un dato no menor: según fuentes partidarias, el proyecto tendría una alta aceptación en el interbloque de diputados peronistas.
Por su parte, el oficialismo prioriza la conversación interna antes de abrir el debate legislativo. Pretende salir a la cancha habiendo enmarcado en forma previa expectativas e intereses de todas sus partes. No necesariamente coinciden las miradas del Poder Ejecutivo y la expectativa de un segundo mandato con la de los senadores siempre atentos a conservar autonomía política y la de los partidos fundadores y sus corrientes internas que necesitan cuidar y si es posible incrementar la presencia parlamentaria.
Va a tallar también la voz de las intendencias. En ellas descansa buena parte del poder electoral de Unidos. El intendente o intendenta que no busca la reelección busca asegurarse la sucesión. Y cada uno querrá asegurarse que las normas electorales contemplen las necesidades (o al menos que no los perjudiquen) que le plantea la escena político-electoral en sus ciudades. Algunos estarán más preocupados en que los instrumentos electorales faciliten la gobernabilidad futura; otros en disponer de herramientas que ayuden a frenar la amenaza opositora.
Mientras testea y madura acuerdos básicos puertas adentro, el oficialismo aceleró a fondo el tratamiento de los proyectos de ley que organizan y definen los procesos del fuero Contencioso Administrativo (una ley ya fue aprobada y otra se definiría la próxima sesión). En apariencia, no hay vasos comunicantes entre ambos asuntos, pero en la práctica sí porque una posibilidad que se baraja es que un juez de primera instancia de ese fuero ejerza como autoridad de “competencia judicial permanente y específica en materia electoral”.
¿Será un juez fijo y eterno o irá a sorteo en cada turno electoral? Como sea, en esa figura se depositará mucho poder operativo a la hora de organizar las elecciones. También habrá que definir quién revisará sus decisiones. ¿Camaristas del mismo fuero? ¿La Corte Suprema?
Adversario 1, La Libertad Avanza
La identidad de Unidos está circunscripta a los límites de Santa Fe. PRO, UCR y Partido Socialista juegan cada uno su propio libreto cuando dan un paso más allá del Arroyo del Medio. En especial los socialistas, los más críticos de la gestión de Milei.
Los senadores radicales y diputados del PRO suelen coincidir y acompañar a Milei. El gobernador Pullaro aclara todo el tiempo que su relacionamiento con la Casa Rosada no es en términos de canjear votos en el Congreso por beneficios o recursos para su gobierno, sino que las leyes que apoya leyes porque se considera que son buenas para Santa Fe o que, de mínima, no la perjudican.
Pullaro se mueve bajo dos definiciones básicas. En primer lugar evitar votaciones junto con los bloques del peronismo, lo que le evita regalarle el discurso “antikirchnerista” a La Libertad Avanza. Y en segundo lugar, no interponerse en el camino de la Casa Rosada salvo que se trate de leyes que perjudiquen a Santa Fe. Esto es evidente cuando diputados del PRO y senadores radicales no acompañan la creación de comisiones investigadoras promovidas desde los bloques del peronismo pero sí acompañan las leyes esenciales para Milei, como reforma laboral, la ley Bases en su versión corregida, el acuerdo comercial con Estados Unidos, entre otros.
No es que Pullaro aprieta un botón y los legisladores radicales y del PRO obedecen, sino que su estrategia colaborativa coincide con los posicionamiento que tienen en el Congreso el PRO y el grueso del radicalismo, por lo que no hay fricción ni contradicción con la senadora Carolina Losada, que se mueve con cierta autonomía y tiene muchos más puntos de coincidencia con la administración Millei que el pullarismo, ni pone en tensión a Gisela Scaglia con el PRO, partido que preside en Santa Fe.
Con el socialismo es otra película. Hay una comprensión mutua de por qué cada uno está parado donde está. Participan en un mismo bloque porque le permite al espacio ganar volumen político adentro y afuera del Congreso, aunque a la hora de declarar y votar ante Milei lo hagan diferente.
Cuando Pullaro elige no cruzarse en el camino de los libertarios, está obligando a cierto grado de reciprocidad en Santa Fe. La intensidad opositora de LLA en la provincia se regula desde Buenos Aires y cotiza más en términos de capacidad de daño que de la posibilidad real de quedarse con el gobierno provincial. A medida que se acerque 2027 se verá si esa intensidad se incrementa o no.
Adversario2, el peronismo
En la vereda de enfrente, el justicialismo santafesino corre contrarreloj. La reunión de la mesa política del partido que se hizo este viernes fue una muestra de los desafíos que lo apremian.
En encuentro giró sobre la reforma electoral, la legitimidad de las actuales autoridades y la necesidad de que el partido sea el ámbito de un diálogo único que ordene e informe los posicionamientos entre legisladores, intendentes y la dirigencia de toda la provincia.
La desconfianza que se tienen la actual conducción, donde talla fuerte el grupo de senadores que comanda Armando Traferri, y el sector del exgobernador Omar Perotti impregna la actividad legislativa y la vida partidaria. Quizás porque ambos acordaron con el gobierno en el pasado reciente, mutuamente sospechan que el otro tiene acuerdos subterráneos con la Casa Gris y que son perjudiciales a sus intereses.
“Vienen acá, hacen planteos, se quejan y después van y arreglan con Pullaro por su cuenta. Eso es lo que no puede seguir pasando”, sentenció una fuente que estuvo en el encuentro. “Los que vengan a la próxima reunión tienen que ser los que están dispuestos a jugar por dentro del partido”, dijo en función de poner las cartas sobre la mesa.
También el perottismo desconfía de las buenas relaciones de los senadores con el oficialismo y mide milimétricamente la conveniencia de volver de lleno a un partido del que se fue hace un año y medio y en el que se siente observado como sapo de otro pozo.
Casi todos los sectores estuvieron representados. Los intendentes de Vamos, La Cámpora, los senadores, el perottismo, el Evita, el rossismo, Comunidad, el espacio de Lewandowski y dirigentes como María de los Ángeles Sacnun y Silvina Frana que expresaron su autonomía respecto de sectores en los que participaban en el pasado reciente.
Hoy por hoy, el peronismo es una multiplicidad de sectores y dirigentes que intentan generar una instancia común de diálogo, ordenarse como opositores tanto en el plano nacional como provincial y construir una estrategia electoral para 2027 en la que estén comprometidas todas las tribus, sin perjuicio de que una vez debajo de ese paraguas cada una haga las alianzas internas que más le convengan para competir en las Paso.



