De una podría decir todo lo que me duele pensar en tu adiós, Lio. Y es todo verdad. Podría agregar que si bien el futbolista tiene una prematura fecha de caducidad, a vos te vi nenito eterno jugando y jodiendo detrás de una pelota por siempre con la albiceleste. Que no vi venir tu adiós a la selección. Incluso aquella vez que te fuiste enojado por un ratito. Siempre supe que era una mundana bronca y que ibas a volver. Y a volver por más. Como siempre fue.

Quizás porque siempre pensé y asumí aquello del distinto. Del tocado por la varita. Es que los humanos terminan, finalizan, nos alcanza el ocaso. Pero vos, Lio… vos no. 

De una podría agregar que como amante de este bendito juego, que como relator de futbol solo me queda abrazarte. Pero abrazarte con fuerza, con furia y apretarte todo. Arrugar tu ropa y mi corazón que ahora llora de bronca, de amor, de resignación, de felicidad porque te vi, te conté, te relaté. Es que jugaste a esto como nadie.

Que verte era rozar el goce pleno. El polvo de nuestras vidas. Que tu andar por los campos de este planeta era un regocijo al alma. Que tu zurda perfecta nos reconcilió con la magia. Que todo fue pureza e instinto. Es que yo vi a los viejos volverse pendejos disfrutándote. Los vi, te juro que los vi. Vi a mis pibes, y a los pibes de los otros pibes. Es que todos nos volvimos pibes viéndote.

Te vi, Leo. Te vi. Te vi dar la vuelta en el juvenil de Países Bajos, cuando todo era belleza a futuro. Te vi olímpico en Beijing. Champions en Roma, en Wembley, en Berlín. Visca Messi en Catalunya. Rosarigasino en zona sur. Glamour en Paris. 

Mi corazón ahora llora de bronca, de amor, de resignación, de felicidad porque te vi, te conté, te relaté

Te vi, Lio. Te vi llorar en Maracaná, dos veces y por distintos finales. Te vi en la Finalissima. Y te vi Aladino eterno en las mil y una noches del lejano y cercano Qatar de la copa del mundo en tus manos. Te vi campeón, te vi llorar.

Te vi jugar. Porque vos jugaste por jugar. Jugando como nene con juguete nuevo. Y ahora, egoísta, no te puedo soltar. 

¿Cómo hacerlo? Quién enseña a decir adiós y que no duela ya tu ausencia. ¿Quién? Decime cómo. 

Fingiré estar entero. Gesto adusto. Sobrio. Incólume. Un boludo que te llora por dentro. Que te llora a cuenta. 

Que te ama. Que te agradece. 

Te quiero Lio. Te quiero.

Te quiero para siempre.

Jesús Emiliano, un relator de futbol que hoy te despide.