Y en el medio de tantas cosas, cerca del mediodía todos los medios del planeta se pusieron en alerta. Es que desde sus propias redes sociales, Lionel Andrés Messi acababa de publicar una carta escrita a mano en la que anunció que se va de la selección.

El frio título nos pone de rodillas. Alma, corazón y cabeza se disparan a infinitos lugares. A la conmoción inmediata de saber que esto algún día iba a llegar, raudamente nos atraviesan miles de emociones. No es para menos. Algunas son hijas de la racionalidad.

Para un deportista de 39 años -6 mundiales disputados, uno ganado, más otras dos finales y tantísimos otros logros obtenidos-, la decisión comunicada está repleta de coherencia. Al fin y al cabo, el tipito tiene derecho, no? Y lo anunció un lunes. Algo así como… “y un lunes, después de un domingo de futbol y goles, el Señor paró”

Gracias por todo Lio
Gracias por todo Lio

Sin embargo, el corazón de todos se vuelve un maremoto de emociones. Todas tienen como punto de partida el agradecimiento. Todas gritan a viva voz: “Gracias Lio”. Pero todas también se dejan interpelar por el sentimiento propio. Es que esta Pulga nos acarició el alma por 21 años. ¿Podes comprender lo que estoy diciendo? 21 años donde este pibe fue nuestra bandera. 

Y en ese mientras tanto de partidos y mundiales, vos dejaste de ser pibe, algunos terminaron el secundario, otros empezaron a laburar, saliste al mundo de la cruda realidad, te dejó una novia. Te casaste con ese pibe del barrio. Qué se yo. Se te moría un ser querido y él ganaba su primera Copa América. Nacieron tus hijos con Lio vistiéndose de Aladino conquistando la tan soñada Copa del Mundo. La que queríamos más por él que por nosotros mismos. Y mirá que en esto del futbol somos egoístas.

Lionel Messi anuncia su adiós a la selección y uno cae en la cuenta, aunque cueste aceptarlo, que se va un pedazo grande de nosotros. Algo de nuestra existencia se va con este zurdito gambeteador de potreros y adoquines. El mismo que nos subió a sus sueños de copas y campeonatos. 

Se va Lio y a nosotros se nos estruja el corazón. Ahí donde quedaron atrapadas para siempre tardes y noches infinitas de goles imposibles. Ahí donde tu llanto de derrota y desolación fue también nuestro refugio a tantas tristezas. Tribuna predilecta para gozar de tantas vueltas olímpicas. Esas que ya prescinden de toda estadística. Hay números que se escriben con la sangre del corazón. Y contra eso, ya nada será igual. Gracias Lio.

Aunque hoy todo nos retumbe. Iluminaste nuestros sueños y utopías