Luego de la firma del acuerdo de reciprocidad comercial con Argentina, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump firmó este viernes la ampliación del cupo de importación de carne vacuna argentina. La medida busca aliviar un mercado interno golpeado por desastres naturales y restricciones sanitarias que han llevado el precio de la carne molida a máximos históricos.
El acuerdo redefine el acceso bilateral a productos agroindustriales mediante reducción y eliminación de aranceles, cupos específicos y compromisos regulatorios. Además de la carne vacuna, el entendimiento impacta de lleno en sectores productores de quesos, avicultura y semillas, como así también en el ámbito de la propiedad intelectual, y establece reglas de juego mayormente alineadas con el esquema estadounidense.
El eje más sensible del acuerdo está en la carne vacuna. El país norteamericano contará con un cupo anual de 80.000 toneladas libres de arancel. A su vez, la Argentina accederá a un cupo equivalente, adicional a las 20.000 toneladas que ya tenía asignadas.
Al firmar el acuerdo, Trump justificó la decisión señalando su responsabilidad de "garantizar que los estadounidenses trabajadores puedan alimentarse a sí mismos y a sus familias", tras constatar que la oferta nacional es insuficiente para cubrir la demanda interna.
Por el lado del sector ganadero nacional, el novillo argentino cotiza muy por debajo del estadounidense, lo que vuelve poco competitivo el ingreso de carne de EE.UU. al mercado local.
En materia de lácteos, el tratado habilita un cupo inicial de 1.000 toneladas de quesos estadounidenses y garantiza el uso de nombres genéricos como parmesano o mozzarella, sin protección de componentes individuales. Se trata de un volumen marginal considerando que Argentina exporta cerca de 400.000 toneladas anuales de productos lácteos.
El acuerdo también introduce cambios relevantes en vinos y denominaciones de origen. La industria vitivinícola queda alcanzada por una cláusula que exige demostrar un vínculo “esencialmente atribuible” al origen geográfico para proteger un nombre, mientras que se fija un cupo de 80.000 litros libres de aranceles.
Además, se establecen cupos anuales para otros alimentos producidos en Estados Unidos que ingresarán al país sin pagar aranceles: 870 toneladas de almendras, 80 toneladas de pistachos, y 1.100 toneladas de papas. También podrán llegar al país 10.000 autos con exenciones arancelarias.
Al mismo tiempo, se eliminan los derechos de importación para computadoras portátiles, cables de fibra óptica y otros elementos tecnológicos, sin cupo. Tampoco se podrán establecer impuestos para software o plataformas de streaming, un punto que en los hechos beneficia exclusivamente a Estados Unidos, que se mantiene como la primera potencia mundial en estos rubros.
Controles sanitarios
Según lo dispuesto en el acuerdo, Argentina deberá permitir que las mercancías originarias de Estados Unidos y que cumplan con sus reglamentos técnicos y procedimientos de evaluación ingresen al país sin revisiones adicionales.
De esta manera, la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) –entidad que cumple en Estados Unidos el mismo rol que la Anmat en Argentina– será suficiente para la importación de medicamentos, alimentos y productos químicos, entre otros. Lo mismo sucede con el Servicio de Inocuidad e Inspección de los Alimentos (FSIS), el equivalente al Senasa local: carnes, aves y derivados ingresarán al país solo con la autorización del FSIS.
Para Argentina, los beneficios incluyen el ingreso sin aranceles a Estados Unidos de productos como té, mate, mangos y frutas tropicales, algunos jugos y café, entre otros pocos más.
En productos animales farmacéuticos y en acero y aluminio, siempre que sean para aviación civil y no para otros fines industriales, Estados Unidos promete no imponer aranceles extra, lo que mantendría el 10% estándar.
Finalmente, el entendimiento incorpora cláusulas no comerciales de alto impacto: un plan de acción para erradicar trabajo infantil en sectores sensibles, compromisos contra la pesca ilegal y la tala clandestina, y auditorías cruzadas en avicultura. El biodiésel quedó excluido del acuerdo, aunque el sector pidió seguir negociando la apertura del mercado estadounidense y avanzar en alternativas como Perú, ante un contexto internacional cada vez más restrictivo.



