Cinco generaciones, una cabaña y un toro de $35 millones: una familia santafesina bien ganadera

Hernán Rostagno es la quinta generación de una familia ligada al campo en Humberto Primo. Desde Cabaña San Juan, apostó a la genética Brangus y cosecha grandes resultados

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Para Hernán Rostagno, hablar de Cabaña San Juan es hablar también de una historia familiar.

El establecimiento está ubicado apenas un kilómetro al norte de Humberto Primo, sobre la Ruta Provincial 13, en un campo que permanece en manos de la familia desde generaciones anteriores. Rostagno es la quinta generación vinculada a esa tierra y continúa una actividad que, según cuenta, fue atravesando distintos momentos económicos y productivos.

“Es un campo que viene de generación tras generación de la familia”, explicó durante la entrevista.

Ese legado convive hoy con una cabaña que tiene una historia relativamente reciente dentro del circuito de la raza Brangus. Cabaña San Juan comenzó formalmente su actividad en 2018, cuando se incorporó al registro de Brangus.

Desde entonces, la empresa comenzó a transitar las exposiciones nacionales y diferentes competencias del circuito de la raza.

“Somos uno de los más jóvenes de los que salimos al circuito de la Brangus”, señaló Rostagno.

"Pastelito" y los $35 millones

El resultado más reciente llegó en Humberto Primo.

Durante el remate de primavera organizado por la Cooperativa La Unión Ganadera, Cabaña San Juan puso a la venta a “Pastelito”, un toro Brangus que terminó convirtiéndose en una de las grandes noticias de la jornada al alcanzar un valor de $35 millones.

El precio coronó el trabajo de selección y preparación de la cabaña y le dio visibilidad a una empresa que viene construyendo su lugar dentro del circuito Brangus.

Pero para Rostagno, el resultado no aparece de manera aislada. La cabaña participa desde hace cuatro años en exposiciones y competencias de la raza y ya consiguió resultados importantes. El año pasado, incluso, obtuvo el premio de Gran Campeón Macho con otro reproductor.

Ahora, la agenda continúa: un nuevo grupo de animales fue enviado a una exposición nacional en Santiago del Estero, donde Cabaña San Juan volverá a competir.

Cabaña San Juan participa con grandes logros en muchas competencias durante el año.

“Hay que reinvertir todos los años”

Detrás de un reproductor que alcanza un valor destacado existe un proceso de trabajo que no termina con una venta.

Para Rostagno, uno de los pilares de la cabaña es precisamente la reinversión constante en genética.

“Nosotros tenemos que reinvertir mucho en genética”, explicó. La estrategia incluye la utilización de embriones y la incorporación de nueva genética para mantener y mejorar el posicionamiento de la cabaña.

El productor remarcó que los resultados de ese proceso no siempre son inmediatos. Hay inversiones que funcionan y otras que no necesariamente generan el retorno esperado.

“Podés sacarlo con algún campeón o algo que te lo devuelva. Y si no, tenés que enfrentar las situaciones”, sostuvo.

Por eso, el desafío no termina cuando llega un premio o una venta importante.

“Tenés que ir todos los años invirtiendo y siguiendo, como todo rubro, para poder quedarte posicionado arriba”, resumió.

Rusticidad y adaptación, dos objetivos de la cabaña

Además de la genética, Cabaña San Juan busca que sus animales tengan capacidad de adaptación a diferentes ambientes productivos.

La cabaña trabaja con una crianza natural y comercializa normalmente animales de alrededor de tres años, con el objetivo de que expresen rusticidad y adaptación.

Los reproductores también llegan a diferentes zonas ganaderas del país. Rostagno mencionó ventas hacia Chaco, Formosa y Santiago del Estero, donde los animales vienen mostrando un buen desempeño.

La relación con el comprador también forma parte de la estrategia.

Según el productor, los reclamos son pocos y, cuando aparecen, la intención es atenderlos para que el cliente vuelva a confiar y comprar al año siguiente.

El establecimiento se encuentra en Humberto Primo, en el Departamento Castellanos.

La ganadería recupera terreno en la región

El presente de Cabaña San Juan también se desarrolla dentro de un cambio que Rostagno observa en los campos de la zona.

Durante años, la agricultura ofreció mejores números que la ganadería en determinados ambientes. Eso llevó a que campos tradicionalmente ganaderos fueran destinados a cultivos.

Ahora, la ecuación comienza a modificarse. “Hoy cambió, hoy otra realidad”, afirmó.

Rostagno observa que productores de la zona están comenzando a armar nuevamente pequeños rodeos o a recuperar la actividad ganadera, especialmente en aquellos campos que no poseen el potencial agrícola de los mejores suelos.

“No hablo de los campos principales de agricultura, de calidades de suelos 1 o 2, pero los campos que habían tenido intermedio, que siempre fueron campos ganaderos, pero pasaron a agricultura, hoy están volviendo”, explicó.

El movimiento abre una nueva oportunidad para la ganadería regional y, al mismo tiempo, vuelve a poner en escena a la genética como una herramienta productiva.

El clima, siempre presente

Como ocurre en buena parte del sector agropecuario, el clima continúa siendo una de las principales variables a monitorear.

Rostagno destacó el trabajo realizado durante años en la zona de Humberto Primo a través del Comité de Cuenca, aunque reconoció que los eventos de lluvias intensas pueden generar dificultades.

“Cuando hay golpes de agua muy grandes, siempre hay anegamiento y va a haber problemas”, señaló.

La preocupación está puesta especialmente en los pronósticos para la región, aunque el productor espera que los escenarios más adversos finalmente no se concreten.

Una historia que busca continuidad

La historia de Cabaña San Juan todavía tiene mucho camino por recorrer.

Rostagno es quinta generación y sus tres hijos, todavía en edad escolar, comienzan a tener sus primeros acercamientos al campo. Dos de ellos, incluso, ya lo acompañan ocasionalmente en la actividad.

Por ahora, la prioridad es que estudien y completen su formación. Después, habrá tiempo para decidir si la historia continúa una generación más.

Porque detrás de un toro de $35 millones hay mucho más que una cifra: hay tierra, genética, trabajo, inversión y una familia que desde hace cinco generaciones mantiene vivo el vínculo con la producción.

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