El partido "chivo" de la maquinaria agrícola: "jugar" con costos más altos que los rivales

El presidente de la CAFMA, Hernán Zubeldía, ponderó la eficiencia de las fábricas argentinas, pero reclamó condiciones para sostener una industria que considera estratégica para el país

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Por momentos, los indicadores del negocio de la maquinaria agrícola parecen hablar de dos sectores completamente distintos. Esa es, justamente, la primera conclusión que deja Hernán Zubeldía, presidente de la Cámara Argentina Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), al hacer un balance del primer semestre del año.

"Es un semestre raro", resume. Pero rápidamente aclara que esa rareza tiene una explicación concreta: la recuperación no llega de manera uniforme.

Mientras los segmentos vinculados a la ganadería muestran una recuperación, la agricultura continúa atravesando un escenario mucho más complejo, especialmente en los equipos de mayor inversión.

"Hay una división bastante importante entre algunos rubros y otros. El sector que tiene que ver con la ganadería ha repuntado, mientras que los sectores vinculados con la agricultura han caído mucho", explicó.

Los números acompañan ese diagnóstico. Según señaló, el patentamiento de maquinaria autopropulsada volvió a retroceder respecto del año pasado, que ya había sido considerado un período negativo.

"La agricultura hoy no está teniendo ni la rentabilidad ni las condiciones financieras que permitan invertir."

El problema de vender sólo en Expoagro y AgroActiva

Uno de los temas que Zubeldía puso sobre la mesa es la fuerte concentración de operaciones comerciales durante las grandes exposiciones del agro.

Si bien reconoce la importancia que tienen Expoagro y AgroActiva como espacios comerciales y financieros, advierte que ese esquema genera importantes desequilibrios para las fábricas.

"Como fabricante, uno necesita trabajar todo el año. No necesitas 100 personas un mes; necesitas 10 personas trabajando durante los 12 meses".

La concentración de ventas en pocas semanas provoca, según explicó, problemas de abastecimiento, dificultades con proveedores, tensiones administrativas e incluso complicaciones financieras vinculadas al manejo del IVA.

En ese contexto, varias empresas encontraron en las exportaciones una herramienta para sostener la actividad cuando el mercado interno pierde dinamismo.

"No porque sea el gran negocio, sino porque permite mantener funcionando la empresa durante los meses en los que no hay ventas locales."

Cuando la cuenta no cierra

Para el titular de CAFMA, el cambio de escenario económico también modificó la lógica de inversión del productor y del contratista.

Según explicó, durante años existieron condiciones financieras que hoy ya no están presentes y eso obliga a que cada compra se justifique exclusivamente con la rentabilidad que genera la propia máquina.

"Hoy el productor tiene que pagar la máquina con lo que gana trabajando con esa máquina".

En consecuencia, las prioridades cambiaron.Antes de pensar en renovar un tractor, una pulverizadora o una sembradora, el productor necesita asegurar los insumos indispensables para la campaña.

"Primero comprás la urea, el fósforo, el glifosato o la semilla. Después, si los números dan, pensás en una máquina."

Esa realidad también impacta sobre la utilización de las plantas industriales. Según estimó, el sector trabaja, en promedio, apenas por encima del 50% de su capacidad instalada.

Empresas eficientes, con costos que no ayudan

Pese al contexto, Zubeldía rechazó la idea de que la industria nacional tenga problemas de eficiencia.

Por el contrario, sostuvo que las fábricas argentinas alcanzaron estándares tecnológicos comparables con los principales fabricantes del mundo.

"Puertas adentro las empresas nacionales son súper eficientes". Sin embargo, considera que el verdadero problema aparece fuera de la fábrica.

La carga tributaria, los costos laborales y otros componentes estructurales hacen que producir en Argentina resulte considerablemente más caro que en otros países competidores.

"Cuando nos comparamos con Estados Unidos, Brasil o algunos países europeos, Argentina tiene costos superiores en más del 30%. No así en precios. Ahí seguimos siendo competitivos".

Esa diferencia, aseguró, termina absorbiéndose con menores márgenes de rentabilidad para las empresas.

Una industria que sostiene pueblos enteros

Más allá de los indicadores económicos, el presidente de CAFMA recordó el peso social que tiene la maquinaria agrícola en numerosas localidades del interior.

Ciudades como Las Parejas, Armstrong, Marcos Juárez, Colón o Monte Maíz dependen en buena medida de la actividad metalmecánica.

"En algunos lugares, dos fábricas representan cerca del 50% del empleo formal. Si esas empresas paran, cambia completamente la realidad de la ciudad."

Por eso insiste en que cualquier discusión sobre competitividad también debe contemplar el impacto territorial que tiene la industria.

Competir sí, pero sin destruir capacidades

Sobre el cierre de la entrevista, Zubeldía dejó una de las definiciones más políticas. Afirmó que la industria nacional siempre convivió con la competencia internacional, pero advirtió que mejorar la competitividad del país no debería implicar resignar capacidades industriales ya desarrolladas.

"Tenemos que pensar una Argentina integrada, pero no una Argentina leonina. No podemos destruir sectores que nos trajeron hasta acá."

Para reforzar la idea recurrió a una metáfora futbolera. "Es como decir que apareció un Messi nuevo y entonces fusilamos al anterior. No. Si juegan los dos juntos, mejor."

El mensaje sintetiza el planteo de CAFMA: la industria reconoce la necesidad de competir en un mercado más abierto, pero reclama condiciones que le permitan hacerlo sin partir con desventaja. Mientras tanto, el sector continúa transitando un escenario donde la recuperación depende cada vez más del negocio específico de cada segmento y de una ecuación económica que, para buena parte de los productores, todavía no termina de cerrar.

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