Después de varias semanas marcadas por la incertidumbre, el panorama para la campaña triguera argentina comenzó a mostrar señales positivas. La baja en el precio de la urea, las mejores perspectivas para la cotización internacional del cereal y el regreso de las lluvias durante junio están modificando las expectativas productivas y permitiendo proyectar un escenario más favorable.
En mayo, las estimaciones hablaban de una producción de entre 18 y 19 millones de toneladas, muy por debajo de las 29,5 millones obtenidas en la campaña récord 2025/26. La superficie sembrada se reducía en unas 500.000 hectáreas y la imposibilidad de aplicar una fertilización adecuada amenazaba con llevar el rendimiento promedio nacional a apenas 29 quintales por hectárea.
La baja de la urea cambia el escenario
El principal condicionante era el costo de la urea, fertilizante clave para el cultivo, que había alcanzado valores cercanos a los 1.000 dólares por tonelada. Sin embargo, durante el último mes el mercado mostró una corrección significativa y los precios se ubicaron entre 800 y 850 dólares por tonelada.
Al mismo tiempo, los problemas climáticos que afectan la producción de trigo en Estados Unidos, Francia y Australia fortalecieron las expectativas sobre los precios internacionales del cereal, generando un renovado interés por parte de los productores argentinos.
Como consecuencia, la caída prevista del área sembrada comenzó a moderarse. El recorte pasó de una estimación inicial de 500.000 hectáreas (7%) a unas 350.000 hectáreas, lo que representa una disminución interanual del 4,8% respecto de la campaña pasada.
Una siembra entre las más importantes de los últimos años
Con estas nuevas proyecciones, el área destinada al trigo alcanzaría las 6,82 millones de hectáreas, convirtiéndose en la cuarta mayor superficie sembrada de los últimos 17 años.
Además, una mayor aplicación de fertilizantes permitiría recuperar el rendimiento promedio nacional hasta los 30,5 quintales por hectárea. Considerando unas 250.000 hectáreas que no llegarían a cosecha y un escenario climático normal, la producción nacional podría alcanzar las 20 millones de toneladas.
Mayo seco y junio lluvioso: un cambio que favorece la implantación
El comportamiento climático también jugó un papel determinante.
Mientras que un año atrás las excesivas precipitaciones complicaban la siembra —con acumulados de entre 200 y 500 milímetros en sectores del centro y norte bonaerense y una pérdida estimada de 100.000 hectáreas—, este año ocurrió el fenómeno contrario.
Luego de un abril muy lluvioso, mayo presentó condiciones inusualmente secas que permitieron acelerar tanto la cosecha gruesa como la implantación del trigo. El avance de siembra alcanzó un récord del 34%, aunque comenzaban a aparecer preocupaciones por la falta de humedad superficial.
Ese escenario cambió durante junio con precipitaciones que sorprendieron por su cobertura e intensidad. Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, Santa Fe y Entre Ríos recibieron entre 10 y 45 milímetros, valores muy significativos para un mes que habitualmente registra promedios de apenas 5 milímetros en el oeste y 25 milímetros en el este del país.
La actualización de las reservas de humedad al 10 de junio refleja una mejora generalizada en los perfiles de suelo, lo que brinda mejores condiciones para completar la siembra.
Santa Fe lidera la reducción de superficie
A pesar de la mejora en las perspectivas, Santa Fe continúa siendo la provincia que más superficie resignaría en esta campaña.
La intención de siembra pasaría de 1,51 millones a 1,30 millones de hectáreas, una reducción cercana al 14%. En el sur santafesino, la baja del precio de la urea llegó cuando muchas decisiones ya estaban tomadas y numerosos productores prefieren reservar recursos para la próxima campaña de maíz.
Buenos Aires también registraría una disminución importante, con una caída estimada de 190.000 hectáreas (7%), pasando de 2,72 a 2,53 millones de hectáreas.
En Entre Ríos, las proyecciones indican una reducción de 130.000 hectáreas, equivalente a una baja interanual del 18%.
Córdoba mantiene su apuesta al cereal
En Córdoba, el trigo mantiene un fuerte respaldo por parte de los productores. La superficie sembrada caería apenas un 8%, unas 100.000 hectáreas menos que el año pasado.
Las buenas reservas de humedad sostienen el optimismo, aunque persisten dudas sobre el nivel de fertilización que finalmente se aplicará. Las estimaciones privadas señalan reducciones de entre 5% y 10% en la intención de siembra, aunque departamentos como Marcos Juárez y Unión muestran caídas superiores, en línea con el comportamiento observado en el sur santafesino.
El norte gana protagonismo
Una de las novedades más destacadas de la campaña es el crecimiento del trigo en el norte argentino.
Santiago del Estero y Chaco sumarían en conjunto unas 320.000 hectáreas, impulsados por la necesidad de diversificar los planteos agrícolas frente a las dificultades que enfrenta el maíz.
Productores de Santiago del Estero explican que las preocupaciones por la chicharrita, el cogollero, los altos costos de la urea y del transporte llevan a replantear las rotaciones, aunque sostienen la importancia de mantener el cereal: "No queremos dejar de hacerlo y vamos a tratar de sostenerlo al menos en un 30% de la rotación para no degradar los suelos".
Un horizonte más alentador
La combinación de una urea más accesible, mejores perspectivas de precios internacionales y un escenario climático que volvió a aportar humedad genera un cambio de ánimo en el sector.
Si estas condiciones se mantienen durante las próximas semanas y el clima acompaña el desarrollo del cultivo, Argentina podría recuperar parte del terreno perdido y cerrar una campaña cercana a las 20 millones de toneladas, consolidando una de las mayores superficies trigueras de los últimos años y reforzando el papel estratégico del cereal dentro de las rotaciones agrícolas.

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