El reciente aumento internacional del precio del petróleo generó nuevas alertas sobre un posible impacto en la inflación argentina. Sin embargo, distintos analistas económicos sostienen que la suba del crudo no pondría en riesgo el proceso de desaceleración inflacionaria previsto para mayo, principalmente por el actual esquema de regulación de combustibles y el contexto de menor demanda interna.
Durante los últimos días, el valor internacional del barril registró una recuperación impulsada por tensiones geopolíticas y expectativas de recortes de producción por parte de países exportadores. A pesar de ello, especialistas consideran que el traslado a precios en Argentina sería limitado y gradual.
Uno de los factores centrales es que el mercado local de combustibles continúa operando bajo un esquema de ajustes administrados, donde las actualizaciones en surtidores no replican automáticamente las variaciones internacionales del petróleo. Además, el Gobierno busca sostener la desaceleración inflacionaria como uno de los principales objetivos económicos del año.
Especialistas señalaron que la estabilidad cambiaria y la moderación del consumo también ayudan a contener eventuales presiones sobre los precios. En ese contexto, el índice de inflación de mayo podría continuar mostrando una tendencia descendente respecto de los meses anteriores.
Otro aspecto que atenúa el impacto es la caída relativa de la actividad económica y el menor dinamismo del consumo masivo, factores que limitan la capacidad de las empresas para trasladar mayores costos a precios finales.
Sin embargo, los analistas advierten que un escenario de subas sostenidas del petróleo a nivel global sí podría generar efectos acumulativos sobre costos logísticos, transporte y energía en los próximos meses. Por eso, el mercado seguirá de cerca la evolución internacional del crudo y las decisiones vinculadas a la política energética local.
En paralelo, el comportamiento de la inflación continuará condicionado por otras variables clave como el tipo de cambio, las tarifas de servicios públicos y las tasas de interés, que siguen siendo determinantes para las expectativas económicas.

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