La agenda pública estuvo atravesada por las repercusiones de la Marcha Federal Universitaria y globales vinculados a la guerra en Irán, con nueva suba del petróleo, fuerte reacción de los granos y fortalecimiento internacional del dólar. Pero en Argentina el termómetro económico y social encontró otros focos de conflicto que terminaron monopolizando conversaciones empresarias, financieras y políticas.
En las calles estuvo la cuarta marcha federal universitaria, que volvió a exponer el malestar de sectores académicos, científicos y estudiantiles frente al ajuste presupuestario, sumando presión social en un escenario económico ya extremadamente sensible.
Sin embargo, otro enojo más inesperado llegó desde el sistema financiero. Inversores y clientes bancarios descubrieron fuertes débitos retroactivos por cargos de custodia y mantenimiento vinculados a cuentas de inversión y títulos públicos. Durante años, los bancos enviaban avisos anticipados sobre esos cobros. Pero en los últimos meses muchos dejaron de hacerlo y aprovecharon ingresos recientes por renta y amortización de bonos para ejecutar descuentos acumulados de varios períodos. Para numerosos clientes, directamente desapareció buena parte de la ganancia obtenida.
La bronca explotó especialmente porque las entidades financieras habían promovido agresivamente el ingreso de ahorristas al circuito de inversión formal mediante beneficios y promociones. Una vez adentro, llegaron cargos silenciosos y descuentos automáticos que muchos interpretaron como una verdadera “guillotina” sobre la renta financiera.
En paralelo, el Gobierno intentó contener otro frente delicado: el impacto inflacionario derivado del aumento internacional del gas y el petróleo. Para evitar un salto más fuerte en tarifas y combustibles, avanzó con subsidios a la importación de gas y mecanismos para distribuir costos energéticos hacia los meses de verano.
También apareció otra señal importante para la economía informal dolarizada: más de 80.000 contribuyentes quedaron habilitados para usar sus “dólares del colchón” dentro del nuevo esquema de inocencia fiscal impulsado por el oficialismo, una apuesta para reactivar consumo y circulación de divisas fuera del sistema tradicional.
En el frente financiero internacional, Fitch mejoró la nota de bancos argentinos luego de elevar la calificación soberana del país. El dato fue celebrado por el mercado, aunque convivió de manera incómoda con la creciente irritación doméstica de clientes golpeados por costos bancarios cada vez más agresivos.
Mientras tanto, el sector productivo siguió mostrando señales preocupantes. Una de las compañías líderes del negocio avícola argentino, Granja Tres Arroyos, paralizó una planta en medio de fuertes problemas operativos y financieros, reflejando el deterioro del consumo y la presión de costos sobre la industria alimenticia.
La construcción tampoco quedó afuera del temblor. La desarrolladora TGLT, responsable de proyectos emblemáticos como Forum Puerto Norte, avanza hacia un concurso de acreedores, encendiendo alarmas en el mercado inmobiliario y entre proveedores vinculados al sector.
La industria pesada también encendió luces rojas: Loma Negra confirmó que apagará hasta noviembre su principal horno debido a la caída de actividad y menor demanda de cemento, otro síntoma del freno económico que ya atraviesa distintos rubros.
En tanto, el municipio de Rosario avanza con licitación de dos bares top de la costa rosarina. Se presentaron al concurso por estos espacios grupos vinculados a los actuales operadores de gastronomía premium, desarrolladores inmobiliarios y empresarios del sector nocturno, que apuestan a quedarse con espacios estratégicos sobre la ribera.
También hubo movimiento en el transporte urbano de pasajeros: tres empresas compiten por vender colectivos a GNC al municipio rosarino, en medio de la búsqueda oficial por reducir costos operativos y modernizar parte de la flota pública.
En paralelo, Grido anunció un ambicioso plan de expansión con inversiones por u$s100 millones, buscando ampliar presencia y consolidar operaciones pese al contexto recesivo.
Y en el negocio supermercadista, otro cambio fuerte empieza a tomar forma. La Anónima prepara su desembarco sobre los hipermercados Libertad, que comenzaron a despedirse con fuertes liquidaciones, acelerando un nuevo proceso de concentración comercial en el interior del país.

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