La economía argentina volvió a ofrecer una de esas postales que hasta hace poco parecían imposibles. Mientras los mercados internacionales celebran una combinación de factores externos e internos que impulsan los activos locales, algunos sectores de la economía real siguen mostrando signos de fragilidad.
La principal noticia llegó desde Wall Street. El riesgo país cayó a su nivel más bajo en ocho años, consolidando una tendencia que comenzó tras la normalización financiera impulsada por el Gobierno. La mejora fue recibida con entusiasmo por los inversores internacionales, que volvieron a posicionarse en bonos y acciones argentinas. El dato no es menor: un menor riesgo país implica menores costos de financiamiento para empresas y Estado.
El impulso recibió además una ayuda inesperada desde el escenario internacional. El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán y la consecuente descompresión del conflicto en Medio Oriente provocaron una fuerte caída en el precio del petróleo. Los mercados reaccionaron de inmediato con subas en bolsas y bonos alrededor del mundo.
La baja del crudo también fortalece las expectativas de desaceleración inflacionaria. En ese contexto, varias consultoras privadas ya proyectan que la inflación de junio podría ubicarse por debajo del 2%, un umbral psicológico que el Gobierno considera clave para consolidar la estabilización económica.
Sin embargo, no todas las noticias reflejan la misma euforia. El consumo y la actividad vinculada al turismo continúan transitando por otro carril. El último fin de semana largo dejó cifras modestas de ocupación y movimiento de viajeros. Las condiciones climáticas jugaron en contra, pero también aparece una realidad más estructural: el ajuste sobre los ingresos todavía condiciona el gasto recreativo de muchas familias.
En paralelo, el mundo empresarial santafesino registró una novedad. Una de las marcas más emblemáticas de dulce de leche, San Ignacio, está en la etapa final para ser adquirida por el grupo mexicano MIYM (Mexicana de Industrias y Marcas), que continúa expandiendo su presencia en el país tras las compras de Lácteos Karina (Santa Fe) y Lácteos Aurora.
El contraste resulta llamativo. Los mercados financieros descuentan una Argentina cada vez más normalizada, con menor inflación, menor riesgo y mayor acceso al crédito. Pero la economía cotidiana todavía exhibe velocidades distintas según el sector que se observe.

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