La desaceleración de la inflación no necesariamente se traduce en una recuperación del poder de compra. De acuerdo con un informe elaborado por el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), el principal freno para el consumo hoy pasa por el estancamiento de los ingresos reales y el creciente peso de las obligaciones financieras que enfrentan los hogares.
Endeudarse para llegar a fin de mes
El estudio señala que una parte importante de las familias recurre al crédito no para ampliar su capacidad de consumo, sino para cubrir gastos corrientes. Esa dinámica genera un círculo difícil de romper: cada vez una mayor proporción de los ingresos debe destinarse al pago de cuotas, reduciendo el dinero disponible para nuevas compras.
El mercado interno encuentra un techo
Según el análisis, aun cuando algunos sectores de la economía muestran signos de recuperación, el mercado interno continúa condicionado por la debilidad del ingreso disponible. El consumo masivo encuentra dificultades para expandirse porque los salarios evolucionan con menor dinamismo que las necesidades de gasto de los hogares.
Cuando el crédito deja de ser una solución
El informe plantea que el endeudamiento puede funcionar como un mecanismo transitorio para sostener el consumo, pero advierte que pierde eficacia cuando los ingresos no acompañan. En ese escenario, las obligaciones financieras comienzan a desplazar otras compras y reducen aún más la capacidad de gasto de las familias.
Un desafío para la economía
Para el CESO, la evolución del consumo dependerá en buena medida de una recuperación sostenida del poder adquisitivo. Mientras eso no ocurra, el mercado interno seguirá enfrentando restricciones derivadas del menor ingreso disponible y del mayor peso de las deudas familiares, dos factores que limitan la posibilidad de una expansión más amplia de la actividad económica.

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