La bomba de Caputo para el mercado inmobiliario: $2 billones para volver a prestar a 15 años

El Gobierno anunció un nuevo esquema para canalizar fondos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad hacia depósitos bancarios de largo plazo. El objetivo es ampliar el crédito para comprar, construir o refaccionar viviendas. La primera licitación será por $200.000 millones y se realizará la semana próxima

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El Gobierno decidió jugar una carta fuerte para intentar reactivar uno de los mercados que durante años quedó prácticamente congelado en la Argentina: el crédito hipotecario.

El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció este miércoles un programa de licitaciones de depósitos a plazo fijo destinados a los bancos, financiado con fondos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses. El programa total alcanzará los $2 billones, que serán adjudicados en sucesivas licitaciones de $200.000 millones.

La apuesta oficial es sencilla en su objetivo, aunque sofisticada en su mecanismo: conseguir fondeo de mayor plazo para que las entidades financieras puedan ampliar la oferta de préstamos hipotecarios.

La apuesta: plata de largo plazo para préstamos de largo plazo

El problema que busca atacar el Gobierno es uno de los históricos obstáculos del sistema financiero argentino: los bancos captan depósitos generalmente a plazos mucho más cortos que los necesarios para financiar una vivienda.

El nuevo esquema pretende achicar ese descalce.

Los depósitos que licitará el FGS estarán denominados en pesos y ajustarán por UVA más un spread. Habrá dos alternativas: a un año, con una tasa mínima de UVA + 2,50%, y a cinco años, con una tasa mínima de UVA + 4,50%.

Cada banco podrá quedarse con hasta el 20% del monto de cada licitación y tendrá 90 días para aplicar los fondos desde la constitución del depósito.

El dato que puede cambiar la ecuación: créditos de hasta 15 años

El programa también fija condiciones para los préstamos hipotecarios que se otorguen utilizando estos fondos.

La tasa máxima permitida será de UVA + 7,50%, con un plazo mínimo de 15 años y un monto máximo de 150.000 UVA por crédito.

La primera prueba de fuego llegará la semana próxima, cuando se liciten inicialmente $200.000 millones.

La reacción de los bancos será clave: de su participación dependerá, en buena medida, la velocidad con la que el programa pueda transformarse en nuevos préstamos para familias.

El dedo en la llaga: Argentina casi no tiene crédito hipotecario

Durante la presentación, Caputo comparó la situación argentina con otros países y dejó expuesta la enorme brecha que existe en materia de financiamiento inmobiliario.

Según explicó el ministro, el stock de créditos hipotecarios representa apenas alrededor del 2% del PBI argentino, mientras que en Chile llega aproximadamente al 27% y en Estados Unidos alcanzó niveles cercanos al 75%.

La diferencia muestra el tamaño de la oportunidad, pero también el desafío: para que el crédito hipotecario se convierta nuevamente en una herramienta masiva, no alcanza con una medida puntual. Se necesita recuperar el ahorro de largo plazo y la confianza en el sistema financiero.

El fantasma que Caputo volvió a poner sobre la mesa

El ministro vinculó la escasez histórica de crédito de largo plazo con las sucesivas crisis económicas argentinas.

Mencionó episodios como el Plan Bonex, el corralito, las expropiaciones y los defaults como factores que deterioraron la confianza de los ahorristas en las instituciones, la moneda y los contratos.

La lógica detrás del nuevo programa es que, si los bancos consiguen fondeo estable durante períodos más largos, tendrán mejores condiciones para ofrecer préstamos hipotecarios también a plazos extensos.

¿Qué busca conseguir el Gobierno?

El objetivo final va bastante más allá de facilitar la compra de una casa.

Más crédito hipotecario puede generar movimiento en toda la cadena inmobiliaria y de la construcción: compra de viviendas, construcción, ampliaciones y refacciones.

De hecho, la reactivación de la construcción fue señalada como una prioridad durante la visita al país de la titular del FMI, Kristalina Georgieva, mientras que el sector privado ya había acercado al Gobierno propuestas para utilizar el FGS como herramienta de impulso al mercado hipotecario.

La pregunta que queda abierta

El anuncio tiene números importantes y un mecanismo concreto, pero ahora empieza la verdadera prueba: ¿los bancos tomarán los fondos y los convertirán rápidamente en nuevos créditos hipotecarios?

La licitación inicial de $200.000 millones será el primer termómetro.

Si la iniciativa logra multiplicar el financiamiento y bajar las barreras de acceso a la vivienda, el Gobierno habrá conseguido utilizar recursos de largo plazo para atacar una de las grandes restricciones del mercado argentino.

Si la respuesta bancaria es tibia, el programa podría quedar como una herramienta con fondos disponibles pero con una demanda de crédito que todavía no termina de despegar.

Por ahora, la apuesta está hecha: $2 billones para intentar que el crédito hipotecario vuelva a ser una opción concreta para los argentinos.

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