Día de la Igualdad de la Mujer: la oportunidad de cerrar una brecha que le cuesta 20% del PBI mundial

A 106 años de la certificación del voto femenino en Estados Unidos, los números muestran cuánto pierden las empresas que no logran integrar a las mujeres a sus puestos de decisión

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Hoy se cumplen 106 años de un trámite administrativo que cambió la historia económica del siglo XX. El 26 de agosto de 1920, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Bainbridge Colby, certificó la Decimonovena Enmienda y habilitó el voto femenino.

Desde 1973, esa fecha se conmemora en Estados Unidos como el Día de la Igualdad de la Mujer, aunque su lectura ya trascendió fronteras.

Un siglo después, la pregunta cambió de lugar. Ya no se discute si las mujeres deben votar, sino cuánto pierden las empresas por no integrarlas del todo a los puestos de decisión.

El Banco Mundial calculó que cerrar la brecha laboral entre géneros podría sumar hasta un 20% al Producto Bruto mundial. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, lo definió sin rodeos: la igualdad de género es "un asunto económico de importancia primordial".

El mismo organismo estimó, en otro informe, que la brecha de ingresos entre varones y mujeres a lo largo de una vida laboral le cuesta a la economía global unos 160 billones de dólares en riqueza no generada.

Los datos de liderazgo corporativo confirman la magnitud del problema. En la Argentina, apenas el 17,3% de las máximas autoridades de las empresas son mujeres, según relevamientos recientes sobre alta dirección, y ese porcentaje cae al 9,6% en las compañías de más de 250 empleados.

La brecha también golpea el bolsillo. El INDEC midió, en el tercer trimestre de 2025, una diferencia del 27,6% entre el ingreso promedio de mujeres ($804.753) y de varones ($1.112.200).

En el Índice Global de Brecha de Género que elabora el Foro Económico Mundial, la Argentina retrocedió cinco puestos en el último año y quedó en el puesto 37 de 148 países relevados.

El informe Women in Business, de la consultora Grant Thornton, detectó además que la proporción de mujeres en cargos de máxima decisión retrocedió del 34% al 32,9% a nivel global entre 2025 y 2026: el primer descenso medido en años.

La tendencia preocupa porque contradice la evidencia sobre resultados. Las empresas con mayor diversidad de género en su liderazgo tienen un 27% más de probabilidades de superar en rentabilidad a sus competidores, según estudios internacionales de desempeño corporativo.

La diversidad, lejos de ser un gesto simbólico, funciona como una ventaja competitiva medible. Y el sistema financiero global ya empezó a capitalizarla.

Morgan Stanley, Barclays y Royal Bank of Canada lanzaron fondos específicos para financiar emprendimientos liderados por mujeres, dentro de la corriente que el mercado bautizó como inversión con perspectiva de género.

En América Latina, organizaciones como Pro Mujer canalizan microcréditos y capacitación financiera hacia emprendedoras que no acceden a la banca tradicional, un modelo que combina impacto social con retornos sostenibles.

Las proyecciones ayudan a entender el apuro de esos bancos. Se estima que las mujeres ya controlan el 32% de la riqueza privada global y que manejarán tres cuartas partes del gasto discrecional mundial dentro de cinco años.

Para quien vende bienes o servicios en la región, ese dato funciona casi como una hoja de ruta comercial que todavía pocas pymes rosarinas incorporaron a su estrategia.

La inteligencia artificial, cada vez más presente en la gestión de bancos y telecomunicaciones del país, también puede cumplir un rol en esta discusión: ayuda a detectar sesgos en la selección de personal y en la fijación de salarios.

Pero replica esos mismos sesgos si se la entrena con datos históricos desiguales, algo que auditores y consultoras de recursos humanos ya empezaron a advertir en sus propios informes.

El acceso al crédito sigue siendo el obstáculo más citado por las emprendedoras. Esquemas nuevos, desde el financiamiento de startups pensado para la Argentina hasta la tokenización que mueve el financiamiento de las pymes, aún no incorporan la variable de género.

En Rosario y Santa Fe el fenómeno tiene nombre propio. La Cámara de Mujeres Empresarias y Emprendedoras Santafesinas y CRIAR, la red de emprendedoras nacida en la ciudad, trabajan con capacitación y mentorías para achicar esa distancia.

Este año, además, la convocatoria Ellas Lideran reconoció a mujeres santafesinas en la categoría Liderazgo Empresarial y Corporativo, entre once distinciones que la iniciativa entregó en toda la provincia.

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