Los terrenos codiciados de Puerto Norte, minería en ebullición y una economía que se pregunta si tocó o no fondo

Mientras Rosario discute desalojos, tierras y clubes de la costa, la minería acelera inversiones, la construcción busca financiamiento desesperadamente y empresarios santafesinos advierten que el verdadero problema ya no es la tasa: es sobrevivir hasta que llegue el rebote económico

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Hay sectores de la economía argentina que parecen vivir en países distintos. Mientras buena parte del entramado pyme todavía pelea para llegar a fin de mes, pagar salarios y sostener niveles mínimos de actividad, otros mundos empiezan a moverse con una velocidad que hacía años no se veía. La minería, la logística, parte de la construcción y algunos negocios vinculados a infraestructura empiezan a transmitir algo que en Argentina casi se había vuelto exótico: perspectiva de largo plazo.

Pero al mismo tiempo, debajo de esa expectativa aparecen tensiones, peleas silenciosas, y no tanto, y discusiones de fondo que empiezan a reordenar negocios, intereses y poder económico.

Una de las historias que recorrió Rosario esta semana fue la situación de la cooperativa Trechel, cuyos integrantes denunciaron que recibieron una intimación para desalojar en diez días los galpones que ocupan desde hace años en Puerto Norte.

Lo que pocos dijeron, sin embargo, es que las intimaciones no habrían alcanzado solamente a la cooperativa. También fueron notificadas familias que usurparon hace años los terrenos linderos a Trechel, aunque el tema no trascendió públicamente hasta ahora.

Detrás del movimiento aparece la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), que avanzó desde Buenos Aires sobre terrenos que hoy vuelven a quedar bajo la lupa.

Algunos niegan cualquier presión política o empresaria local detrás de la decisión y sostienen que simplemente el organismo nacional empezó a ejecutar procesos que debía activar hace tiempo. Otros, en cambio, aseguran que ya existen conversaciones de jugadores interesados en esos terrenos estratégicos de Puerto Norte y que nadie mueve semejante ficha sin un objetivo de negocios detrás.

Los libertarios rosarinos rechazan esa versión. Pero en el mercado inmobiliario y empresario el tema empezó a generar ruido. Porque Puerto Norte sigue siendo uno de los pocos lugares de Rosario donde todavía quedan espacios capaces de modificar la escala de futuros desarrollos urbanos. Y cuando el mercado vuelve a moverse, las tierras vuelven a valer.

En paralelo, otro frente que parecía conflictivo empieza lentamente a acomodarse: los clubes de la costa. Después de meses de tensión con el municipio por el uso de tierras, concesiones y condiciones de ocupación, varias instituciones comenzaron a cerrar acuerdos que permiten encauzar la situación. Sin embargo, sigue pendiente una discusión de fondo que nadie termina de resolver: el famoso camino de sirga.

Ahí aparece un viejo dilema argentino. Definir definitivamente el acceso público o dejar pasar el tiempo hasta que los clubes terminen consolidando posiciones que luego deriven en pedidos de expropiación o regularización definitiva. Muchos creen que el escenario lentamente empieza a encaminarse hacia esa segunda opción.

Mientras tanto, en el mundo de la construcción se abre otra discusión mucho más pragmática: cómo financiar actividad en una economía donde las tasas empiezan a bajar, pero los ingresos siguen destruidos.

El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) delegación Rosario, Mariano Schor, viene impulsando conversaciones para securitizar créditos utilizando fondos hoy inmovilizados en distintas instituciones.

Sobre la mesa aparecen recursos millonarios de la Caja de Ingenieros, del Colegio de Arquitectos y de otros organismos con capacidad financiera relevante.

La idea es generar instrumentos que permitan bajar tasas y volver a mover proyectos privados en un sector que todavía opera muy por debajo de sus niveles históricos.

La lógica detrás del planteo es simple: si esos fondos financian construcción, generan trabajo, actividad y terminan fortaleciendo al propio ecosistema que los alimenta. Una especie de círculo virtuoso en tiempos donde casi toda la economía funciona al revés. El planteo además no aparece aislado.

Desde hace tiempo distintos actores vienen especulando con mecanismos similares utilizando herramientas como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) o incluso estructuras vinculadas al Fondo de Garantías de ANSES.

Por ahora nada termina de concretarse.

Y ahí aparece uno de los grandes problemas del modelo económico actual: aunque las variables financieras empiezan a estabilizarse, la economía real todavía no termina de reaccionar. Las tasas bajan, sí. Pero el problema ya no es solamente financiero. Es de ingresos.

Y eso se empieza a notar cada vez más en empresas, desarrolladores y profesionales que ahora revisan costos internos que durante años quedaban licuados por inflación. En ese contexto, otra pelea empieza a escalar: la discusión entre empresas constructoras y colegios profesionales sobre cómo se calculan aportes y honorarios.

Hay desarrolladores que consideran directamente “insólito” que algunos colegios calculen aportes sobre el total de una obra y no sobre el honorario real del profesional. En paralelo, como ocurrió en el pasado con la provincia, ahora con el Municipio, los colegios están que trinan porque se eliminó el pedido al profesional que esté al día con los aportes para poner iniciar trámites en el Estado local. 

“Estaban cómodos con que el Estado volvían a tener poder de polícia con este trámite, cuando eso es algo que se le delegó a los colegios. Van a tener que salir ellos mismos a pedirle a sus colegas el pago y ahí comenzarán a darse cuenta lo duro que está la calle”, apuntó un reconocidísimo arquitecto que entiende que los colegios profesionales deben aggionarse a los tiempos que corren.

Lo interesante es que tanto empresarios como sectores del gobierno provincial coinciden en algo: todos terminaron ajustándose a la nueva lógica económica, y los colegios profesionales también deberán revisar estructuras que hoy quedaron desalineadas respecto del resto del sistema.

El debate además aparece en un momento particular. Porque mientras algunos sectores impulsan mayor desregulación —en línea con la filosofía que promueve Federico Sturzenegger—, los colegios profesionales fueron reconocidos institucionalmente por la Convención Constituyente de Santa Fe el año pasado.

Dos modelos que empiezan a chocar de frente 

Pero si hay un sector que hoy concentra expectativas empresarias reales, ese es la minería. Y la sensación que dejó Expo San Juan Minera 2026 fue muy distinta a la de otros años. Ya no se habló solamente de potencial. Se habló de negocios concretos.

Rafael Catalano, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM), regresó de San Juan con una conclusión clara: “La minería va a empujar muchísimo, pero Santa Fe todavía no está preparada”.

Catalano advierte que las empresas santafesinas enfrentan un desafío enorme para integrarse realmente al negocio. Tener presencia propia en San Juan o construir alianzas locales aparece como condición indispensable para competir.

Y ahí emerge un problema cultural que el empresariado argentino arrastra desde hace décadas: la dificultad para trabajar asociativamente. “La minería exige soluciones llave en mano y muchas veces una empresa sola no puede ofrecerlas”, explicó.

El diagnóstico expone una contradicción incómoda. Mientras el sector minero promete trabajo para años, muchas pymes todavía están demasiado ocupadas sobreviviendo al presente como para invertir pensando en el futuro. “Estamos en la encrucijada entre llegar a fin de mes o prepararnos para lo que viene”, resumió.

La sensación también fue compartida por María de los Ángeles Milicic, CEO de la empresa rosarina Milicic, especializada en construcción y servicios para minería, Oil & Gas e infraestructura.

Para ella, algo cambió definitivamente en el clima del negocio. “La gran minería ya está. No es una promesa”, aseguró como lo explica en la entrevista que le hicimos para Ecos365.

Y no habla solamente de anuncios. Habla de caminos que ya se construyen, equipos que empiezan a movilizarse, proveedores internacionales desembarcando y contratos que empiezan a cerrarse. “Vicuña ya es una realidad”, afirmó.

Después de años donde los proyectos mineros parecían eternamente a punto de arrancar, el sector empezó finalmente a moverse. Y eso modifica mucho más que inversiones puntuales. Empieza a mover logística, puertos, rutas, empleo, construcción y servicios industriales.

Por eso Santa Fe quiere posicionarse como plataforma logística de salida para buena parte de la minería argentina. La discusión ya incluye corredores ferroviarios, infraestructura vial y puertos sobre el Paraná. Un negocio gigantesco. Aunque nadie garantiza que todos lleguen preparados.

Porque la minería también traerá jugadores globales acostumbrados a escalas que muchas empresas argentinas todavía no manejan. 

Milicic lo plantea con claridad: habrá proyectos donde las compañías locales podrán competir solas y otros donde inevitablemente deberán asociarse con firmas internacionales.

La oportunidad existe. Pero exigirá inversión, profesionalización y capacidad financiera. No alcanza con entusiasmo. 

Los mercados y las señales

Mientras tanto, los mercados financieros muestran señales ambiguas. Los bonos argentinos volvieron a subir, el riesgo país cayó a su nivel más bajo en once semanas y Fitch elevó la calificación crediticia del país de CCC+ a B-, devolviendo a Argentina a una categoría que no alcanzaba desde 2019.

El Gobierno celebra la mejora como validación del orden macroeconómico, la disciplina fiscal y el aumento de exportaciones. Pero el mercado todavía no termina de comprar completamente la historia. El riesgo país sigue resistiéndose a perforar los 500 puntos básicos y Javier Milei evita convalidar emisiones de deuda arriba del 9% anual.

El dato que miran todos es el reciente endeudamiento de la Ciudad de Buenos Aires, que logró colocar USD 500 millones a diez años con una tasa de 7,4%.

Ahora el mercado espera ver si la Nación puede hacer algo parecido. Porque detrás de la estabilidad financiera sigue apareciendo la gran incógnita: cuándo llegará la recuperación real.

Los datos muestran una economía que parece haber dejado de caer, aunque todavía sin fuerza suficiente para despegar. La industria creció 3,2% en marzo, impulsada principalmente por el rebote automotriz.

Pero abril volvió a encender alarmas: producción automotriz abajo 12,4% mensual y ventas cayendo 7,2%.

La construcción también mostró mejora en marzo, aunque todavía sigue muy por debajo de niveles de 2023 y volvió a mostrar señales débiles en abril con caída en despachos de cemento.

La sensación que empieza a consolidarse es incómoda. La economía probablemente tocó un piso. El problema es que todavía nadie sabe cuán firme es ese piso.

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