No todos los récords se consiguen en una cancha. En Villa María, corazón de la cuenca lechera nacional, un equipo de especialistas está dando forma a un queso semiduro de una tonelada que busca convertirse en un símbolo de la producción láctea argentina.
Su elaboración demandó alrededor de 10.000 litros de leche y un proceso especialmente adaptado para trabajar con un volumen pocas veces visto en el país.
La manufactura de este queso, el más grande jamás logrado en Latinoamérica, fue posible gracias a la empresa L.C.A. SRL y sus productos Nueva Villa, de las familias Barrenechea y Cinta, que dispusieron recursos humanos y el de su planta, ubicada en Villa Nueva, durante varias horas en que se desarrolló la elaboración.
Innovación detrás de una horma histórica
Más allá de su tamaño, el proyecto incorpora una técnica de fabricación poco habitual para este tipo de quesos. El proceso incluye un sistema de chedarización y salado dentro del mismo molde, una innovación que permitió afrontar el desafío técnico que implica producir una horma de semejantes dimensiones.
El objetivo no fue únicamente alcanzar un peso récord, sino demostrar la capacidad tecnológica y el conocimiento que posee la industria láctea argentina.
Producción con impacto social
El proyecto también tendrá un costado solidario. Una parte del queso será destinada a una subasta y lo recaudado será donado a instituciones sociales, sumando un componente comunitario a una iniciativa que nació para destacar el trabajo de toda la cadena lechera.
Mucho más que un récord
Detrás de este queso gigante hay un mensaje claro: la lechería argentina sigue apostando por la innovación y el valor agregado. Una producción que vuelve a poner al país en el centro de la escena, no por un campeonato deportivo, sino por la capacidad de transformar materia prima en un producto que representa el talento y el potencial de una de las economías regionales más importantes del país.

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