El Gobierno decidió abrir un nuevo capítulo de su estrategia económica. Ya no alcanza con mostrar superávit fiscal, inflación en descenso o estabilidad cambiaria. El objetivo ahora es convencer al mercado de que ese modelo sobrevivirá al calendario electoral. En otras palabras: reducir el llamado "riesgo político" que todavía pesa sobre los activos argentinos.
Por eso Javier Milei comenzó a trabajar en un esquema de alianzas que amplíe la base parlamentaria del oficialismo de cara a 2027. El mensaje es claro: el programa económico no dependerá exclusivamente de una figura presidencial, sino que buscará construir mayor respaldo institucional. Para los inversores internacionales, esa es hoy una de las variables más importantes.
En este sentido, Milei se dirigirá esta noche al país en una cadena nacional para anunciar su proyecto de reforma de la carta orgánica del Banco Central, que apuntaría a castigar a la “maquinita”. En principio, según fuentes cercanas, no está previsto que su discurso incluya alguna línea para el ciudadano que tiene el bolsillo castigado.
El riesgo país vuelve a encender una luz amarilla
Después de haber perforado los 400 puntos semanas atrás, el riesgo país volvió a acercarse a los 450 puntos básicos. Detrás de esa suba aparecen factores internacionales, como la mayor aversión al riesgo en mercados emergentes, pero también cuestiones estrictamente locales.
Los operadores siguen esperando una consolidación más firme de las reservas internacionales, mayor acumulación de dólares y certezas políticas que reduzcan la incertidumbre de largo plazo. La estabilidad cambiaria ya no alcanza por sí sola para sostener el entusiasmo financiero.
En paralelo, la volatilidad volvió a dominar las ruedas bursátiles. Las acciones argentinas alternan fuertes recuperaciones con caídas abruptas, mientras los bonos continúan sensibles a cualquier noticia política o financiera. Como resumía ayer El Economista, los mercados siguen avanzando "a saltos", con jornadas de euforia seguidas por otras de fuerte cautela.
Una señal positiva llegó desde la licitación del Tesoro. Economía consiguió renovar casi una vez y media los vencimientos, con un rollover cercano al 150%, además de captar nuevos pesos que podrán transformarse en mayor poder de fuego financiero para los próximos meses. El dato alivió parcialmente las necesidades de financiamiento del Estado y mostró que todavía existe demanda por la deuda en moneda local.
El agro vuelve a mostrar su lado más vulnerable
Mientras el Gobierno intenta instalar una imagen de estabilidad macroeconómica, el sector agroindustrial continúa atravesando un proceso de fuerte reestructuración empresarial.
Se confirmó la apertura del concurso preventivo de Emilio Alal S.A., una histórica firma vinculada al negocio agrícola. La empresa busca preservar la continuidad operativa mientras negocia con acreedores, en un contexto marcado por altos costos financieros, caída de márgenes y una prolongada crisis de capital de trabajo.
El caso se suma a una lista que durante los últimos meses incluyó situaciones críticas como SanCor, Metalfor, Los Grobo y otras compañías emblemáticas del interior productivo. Más allá de las particularidades de cada empresa, todas reflejan un mismo fenómeno: la normalización macroeconómica todavía convive con balances extremadamente tensionados.
En este escenario apareció también una noticia que muestra la otra cara del agro.
Grobocopatel Hermanos reactivará una planta industrial que permanecía paralizada en el Gran Rosario. El movimiento representa una señal positiva para la actividad regional y confirma que, mientras algunas empresas reestructuran pasivos, otras comienzan a detectar oportunidades de inversión aprovechando activos disponibles a menor valor.
El RIGI también enfrenta su primera prueba
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue presentado como una de las principales herramientas para atraer capitales internacionales. Sin embargo, uno de sus primeros protagonistas recibió un golpe inesperado.
El gigante chino Tsingshan, que había anunciado importantes proyectos industriales bajo el paraguas del RIGI, sufrió la caída de una adquisición internacional valuada en unos US$4.000 millones. La operación frustrada no implica necesariamente un retiro de inversiones en Argentina, pero vuelve a recordar que las decisiones de los grandes grupos globales también dependen de factores financieros, regulatorios y estratégicos que exceden al escenario local.
Para el Gobierno, el desafío será demostrar que Argentina sigue siendo suficientemente atractiva para captar esos desembolsos aun cuando cambie el contexto internacional.

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