Durante años los argentinos vivimos obsesionados con los dólares. Los buscábamos para ahorrar, para protegernos de la inflación, para comprar una propiedad o simplemente para dormir más tranquilos. Sin embargo, la paradoja que empieza a mostrar la economía de 2026 es exactamente la inversa: los dólares aparecen, pero los pesos siguen sin aparecer.
No es una sensación. Tampoco una frase hecha. Mientras el Banco Central compró USD 2.601 millones sólo en mayo y acumula adquisiciones por USD 9.756 millones en lo que va del año, buena parte de la economía real sigue moviéndose con dificultad. El riesgo país perforó los 500 puntos básicos, los mercados celebran la estabilidad cambiaria y el Gobierno insiste en que la recuperación está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, cuando uno baja de la City a la calle, la realidad sigue mostrando un escenario bastante más complejo.
La consultora 1816 puso números a esa contradicción. Según su último informe, la economía parece haber encontrado un piso durante el segundo trimestre, pero todavía no hay señales contundentes de una recuperación sólida. Las exportaciones empujan, los dólares abundan y la tasa real de interés dejó de ser un obstáculo. Sin embargo, persisten varios problemas que siguen frenando el motor: el crédito privado no despega, la demanda de dinero continúa cayendo, la construcción privada sigue sin arrancar, los salarios reales corren detrás de los precios y el ajuste del gasto público tampoco ayuda a dinamizar la actividad.
La pregunta entonces deja de ser dónde están los dólares y pasa a ser otra mucho más incómoda: ¿dónde están los pesos? O, mejor dicho, ¿qué pasó con el ahorro que durante años generó Santa Fe y que nunca logró transformarse en inversiones capaces de cambiarle la cara a Rosario y la región?
La discusión volvió a instalarse esta semana después de que el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción de Rosario, Mariano Schor, planteara la posibilidad de que cajas previsionales provinciales, municipales o profesionales puedan canalizar parte de sus inversiones hacia proyectos de infraestructura o vivienda.
La idea parece lógica. Después de todo, la Argentina necesita desesperadamente reconstruir mecanismos de financiamiento de largo plazo. Y pocos sectores tienen una demanda tan evidente como la construcción de viviendas. Sin embargo, cuando se observa el funcionamiento interno de estas instituciones, aparecen varias limitaciones.
Por un lado, los recursos administrados por las cajas previsionales no son fondos de inversión tradicionales. Son recursos destinados a sostener futuras jubilaciones. Por otro, muchas de estas entidades enfrentan problemas actuariales cada vez más visibles. La combinación de edades de retiro relativamente bajas, una esperanza de vida creciente y una menor incorporación de jóvenes profesionales al sistema está generando tensiones similares a las que enfrentan numerosos regímenes previsionales públicos.
Además, existe una cuestión de escala. Aun cuando algunas cajas decidieran participar de instrumentos destinados a financiar vivienda, difícilmente podrían convertirse en el principal motor de un programa habitacional de magnitud. Varios especialistas coinciden en que podrían acompañar colocaciones conservadoras y de corto plazo, pero no transformarse en la fuente central de financiamiento.
Sin embargo, la discusión deja planteada una cuestión mucho más profunda. Porque si hay algo que sobró en los últimos años en Santa Fe fueron ahorros buscando rentabilidad. Lo llamativo es que una parte importante de esos excedentes nunca terminó financiando viviendas, infraestructura, empresas o proyectos productivos. Terminó en cuevas financieras, esquemas informales, fondos opacos o negocios que muchos inversores ni siquiera entendían completamente.
La historia se repitió demasiadas veces. Empresarios exitosos en sus actividades habituales terminaron perdiendo millones en inversiones que aceptaron realizar únicamente por confianza personal, recomendaciones de terceros o promesas de rentabilidades extraordinarias.
Si se sumaran todos los desfalcos financieros conocidos de los últimos años, probablemente llegaría a una cifra capaz de financiar proyectos transformadores para Rosario y buena parte de la región. ¿Solo fue para esquivar la pata fiscalizadora del Estado? El riesgo terminó siendo mayor: la pérdida de esos fondos.
La pregunta entonces no es solamente por qué faltan instrumentos financieros adecuados. También es por qué tantas veces se eligieron instrumentos equivocados. La realidad es que hoy tampoco sobran excedentes. Por lo pronto el Banco Municipal bajó las tasas y se ubica tercero en el ránking con las tasas más bajas para créditos hipotecarios. Unos $86.000 de cuota mensual por cada 10 mil dólares de crédito.
Muchas empresas ya no están pensando dónde invertir. Están pensando cómo sostener su estructura, cómo financiar capital de trabajo o cómo atravesar un contexto donde la recuperación sigue demorándose más de lo esperado.
Los datos de morosidad son un reflejo bastante claro de esa situación. Según el procesamiento realizado por 1816 sobre la Central de Deudores del Banco Central, la mora de las familias volvió a aumentar en abril y pasó del 11,5% al 12%. La de las empresas también empeoró, subiendo de 3,1% a 3,3%.
Pero el dato más preocupante aparece fuera del sistema bancario tradicional. En las fintech y entidades no financieras, la irregularidad alcanzó el 31,5%. Allí aparecen actores masivos como Mercado Pago y Tarjeta Naranja, que concentran una porción significativa del crédito al consumo.
El resultado es contundente: más de 5,3 millones de argentinos tienen actualmente algún crédito con atrasos superiores a 90 días. Dicho de otra manera, uno de cada cuatro tomadores de crédito ya presenta algún grado de incumplimiento. Y eso ocurre en una economía donde las reservas crecen y los dólares abundan.
Rosario ofrece otra fotografía interesante de esta contradicción. La recaudación por coparticipación nacional mejoró durante mayo y, en una primera lectura, podría interpretarse como una señal positiva. Sin embargo, cuando se analiza la composición de esos recursos, aparecen algunas luces amarillas.
La mejora estuvo explicada principalmente por Ganancias. Es decir, empresas y personas terminaron pagando más impuesto por encima de la inflación. Las razones pueden ser varias: mayores ingresos nominales, escalas que quedaron atrasadas o contribuyentes que pasaron a tributar en categorías más altas.
El problema aparece cuando se observan los tributos más vinculados al movimiento cotidiano de la economía. La recaudación asociada al IVA sigue mostrando debilidad, reflejando que el consumo continúa sin reaccionar. El Derecho de Registro e Inspección se ubica aproximadamente cuatro puntos por debajo de la inflación y algo similar ocurre con Ingresos Brutos.
Por eso algunos funcionarios municipales resumen la situación con una frase tan sencilla como preocupante: la recaudación vino mejor, pero la economía va peor.
Mientras tanto, el Gobierno nacional intenta instalar nuevas discusiones. Durante el Latam Economic Forum, Javier Milei sorprendió con otro anticipo de su agenda de reformas. Habló de una futura "revolución de los seguros" y planteó la necesidad de avanzar gradualmente hacia esquemas donde cada vez más servicios actualmente prestados por el Estado puedan ser reemplazados por coberturas privadas.
La idea alcanza áreas tan sensibles como salud, educación y seguridad. Todavía no existe un proyecto concreto, pero el mensaje político es claro: el oficialismo sigue imaginando un Estado significativamente más pequeño y una participación mucho mayor del sector privado.
Mientras el debate político se mueve en esa dirección, las empresas continúan buscando alternativas para sobrevivir, crecer o reinventarse.
Rizobacter, AFA y Metalfor, distintas realidades
Uno de los casos más observados es el de Rizobacter. La compañía consiguió esta semana una adhesión del 86% al canje de obligaciones negociables por más de USD 42 millones, superando ampliamente el umbral requerido para avanzar con su estrategia de reordenamiento financiero.
El dato es relevante porque vuelve a mostrar una diferencia que muchas veces se pierde en el análisis. Rizobacter atraviesa tensiones financieras heredadas de la situación de su grupo controlador y de un contexto complejo para el agro, pero continúa siendo una empresa líder, con flujo de caja positivo y una operación industrial saludable. Su problema no es productivo. Es financiero.
También desde el sector agroindustrial llegaron novedades importantes. Agricultores Federados Argentinos presentó en Casa Rosada un proyecto para construir una planta de bioetanol que demandaría una inversión superior a los USD 150 millones.
La iniciativa apunta a generar agregado de valor en origen, ampliar la producción de biocombustibles y crear nuevas oportunidades de empleo. En una economía que necesita desesperadamente inversiones genuinas, no deja de ser una señal relevante.
Sin embargo, muchos industriales creen que eso tampoco alcanzará. Cada vez con más frecuencia aparecen voces empresariales advirtiendo que el futuro argentino no puede descansar únicamente sobre Vaca Muerta y el complejo agroexportador. Nadie discute su importancia. Lo que se discute es si esas dos locomotoras alcanzan para arrastrar al resto del tren.
La preocupación es especialmente visible en sectores manufactureros que enfrentan apertura importadora, caída de márgenes, presión de costos y dificultades para sostener niveles de actividad. Esa necesidad de buscar nuevos motores explica también algunos movimientos empresariales que pasan más desapercibidos.
La firma rosarina Vulcano avanza en una alianza con una empresa peruana para ganar presencia en corredores vinculados a la minería. La apuesta no es casual. Tanto Perú como el norte argentino concentran inversiones multimillonarias vinculadas al cobre, el litio y otros minerales estratégicos que demandarán infraestructura logística durante años.
La misma lógica aparece detrás de AgroActiva 2026, que volverá a transformar Armstrong en uno de los principales centros de negocios del país.
Allí también se verá otro de los fenómenos empresariales más comentados del momento: el desembarco cada vez más fuerte de marcas chinas.
La gran incógnita será si marcas como BYD logra sostener ese crecimiento cuando el mercado empiece a exigir volumen, servicio posventa, disponibilidad de repuestos y valor de reventa, variables que históricamente definieron el éxito o fracaso de muchas automotrices en el país.
Otro capítulo que promete seguir generando ruido es la escalada del conflicto entre Metalfor y Rosfid.
La disputa ya llegó a la Comisión Nacional de Valores y en la Justicia, y gira en torno al funcionamiento de los fideicomisos financieros Metalcred XI al XVII. Las diferencias detectadas entre las cobranzas esperadas y los fondos efectivamente rendidos abrieron una investigación que podría tener consecuencias relevantes para el mercado de financiamiento vinculado a maquinaria agrícola.
Mientras tanto, la política también sigue buscando equilibrio. Los gobernadores de la Región Centro continúan demorando una foto conjunta de tono opositor frente a Javier Milei. Necesitan reclamar recursos, discutir infraestructura, defender intereses productivos y seguir negociando temas sensibles como las cajas previsionales o las transferencias nacionales. Se esperaba a los tres en la cumbre que realizó esta semana Fisfe en La Fluvial.
Ahí se vieron claras también las diferencias entre la conducción de la UIA y las pymes de la región, que exponen un escenario actual más crudo. ¿Cómo vienen? Fue una de las preguntas. “Perdiendo plata”, resumieron varios. Y la repregunta fue por qué entonces no aparecen más empresas en convocatoria. “Es difícil, lo que está habiendo son convocatorias privadas”, acotó un industrial que pelea para reconvertirse y no morir antes de poder transformarse en proveedor de Vaca Muerta o la minería, porque en el agro donde tiene negocios hoy la importación lo está dejando afuera. “Lo más seguro es que deje de ser industrial y me convierta en proveedor de servicios de lo que antes fabricaba”, agregó.
La estrategia, al menos por ahora, sigue siendo negociar antes que confrontar. Quizás porque todos entienden que la verdadera discusión económica de este momento no pasa exclusivamente por el dólar. Pasa por los pesos.
Porque mientras los mercados celebran reservas, bonos y riesgo país, la pregunta que sigue recorriendo oficinas, fábricas, comercios y estudios profesionales de toda la región es mucho más sencilla. ¿Quiénes están viendo un peso?

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