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Sampaoli, el Tata y el año de las hazañas compartidas

Pablo Paván es uno de los buenos periodistas de la región, de mirada atenta y paciencia para seguir los pasos de Jorge Sampaoli, el técnico de Casilda que conquistó Chile. En esta nota, el autor de “No escucho y sigo”, biografía del DT, cruza la historia de los dos entrenadores de la final de la Copa América hasta el lejano 1991

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Pablo Paván *

Jorge Sampaoli planificó el partido de su vida. El desafío más importante de su historia como entrenador será ante la selección argentina. Un capítulo más, de un verdadero cuento de hadas.

A mediados de 1991, Chile fue el anfitrión de la Copa América y Argentina se consagró campeón. En Rosario, todo el mundo sabe lo que estaba haciendo Gerardo Martino, el actual seleccionador nacional, por aquellos días. Víctima de una patada letal, embarrado de pies a cabeza pero con el orgullo a flor de piel, celebró el título de la temporada en la Bombonera con la casaca de Newell’s.

Ahora bien, Jorge Sampaoli, el DT de Chile, ¿en qué andaba mientras el Tata daba la vuelta y tras la cordillera se jugaba la Copa, la misma que hoy lo encandila?

El Zurdo también jugaba al fútbol y consiguió un título heroico. Fue en el marco de la Liga Casildense y con hazaña incluida. Pasados unos meses de las consagraciones de los elencos de Alfio Basile y Marcelo Bielsa, Sampaoli también fue campeón. Su Alumni perdió 0-3 en casa ante Huracán de Chabás en el partido de ida de las finales. Tras la derrota, el técnico Mario Bonavera, debió irse de viaje y por ende, la conducción del plantel quedó acéfala. Sampaoli se hizo cargo todo. Pidió licencia en el Banco Provincia en donde se desempeñaba y fue casa por casa, a motivar a sus compañeros y a decirles que él iba a entrenar al equipo durante los días previos a la revancha. Tras cumplir con ese objetivo, fue por la hinchada. Los arengó a que se acerquen al entrenamiento y los alienten como en un partido. Con Bonavera de regreso, el domingo próximo se calzó la diez y formó parte del equipo que ganó la vuelta en Chabás y forzó a un tercer partido. El definitorio fue en Arequito. En la cancha de Nueve de Julio, Alumni sufrió todo el partido y lo ganó en la última pelota con un cabezazo de Alejandro Vitali. En su medio, Sampaoli como Martino, también se consagró en 1991, el año en que Chile organizó la Copa América.

Sus destinos se cruzan este sábado. Sampaoli enfrenta a Martino. Debe jugar el partido de su vida como entrenador, ante la selección de su país. Eso lo motiva, lejos de confundirlo. Lo potencia por encima de sus posibilidades. Sabe que deberá trabajar a destajo con su cuerpo técnico para empardar las posibilidades frente a un conjunto que viene de golear y cuenta con Lionel Messi, el mejor de todos. Entiende que, aún sin el suspendido Gonzalo Jara, debe provocar un sistema que pueda controlar a cada una de las figuras del último subcampeón del mundo pero no va a traicionarse. Jugará para ganar. Fiel a su estilo intentará ser protagonista. Cada vez más marcado por la posesión del balón, sin resignar verticalidad. Con menos urgencias y mayor control del terreno y sus espacios.

Bielsistas desde su matriz, Sampaoli y Martino se parecen mucho más a Guardiola que al Loco en la actualidad. Ambos apuestan a salir jugando desde abajo y construir juego desde el pase, pacientes para esconder esa prisa inicial que los marcó en sus comienzos.

El casildense habló con Pep hace unos meses y pudo intercambiar opiniones. Sumó a su cuerpo técnico a analistas que admiran al catalán y eso ha transformado sus formas. Se formó en las ligas regionales, probó suerte en Argentino de Rosario y desde 2002 se trazó un camino sin retorno. Dejó todo por ser entrenador de equipos profesionales. Viajó por todo Sudamérica para darse a conocer y en Perú lo contrataron. Su periplo continuó a fuerza de pequeños éxitos en elencos de segundo orden y un fracaso estadístico en el gran Sporting Cristal. Sin embargo, ese fue su aprendizaje más valioso. De allí en más supo que sus convicciones no debían resignarse ante nada ni nadie. Su escala siguiente fue del otro lado de la cordillera, más precisamente en Rancagua, en O’Higgins, club en el que Tata Martino se desempeñó en 1996. Allí tuvo una muestra de lo que sería su país de desarrollo. Hizo buenas campañas y de las otras y partió rumbo a Ecuador. Encontró el equilibrio en Emelec y eso lo catapultó a ser elegido como conductor de la U, en su regreso a Chile.

Ese desconocido, que no fue jugador profesional y nació en una pequeña localidad del sur de Santa Fe, ganó el tricampeonato nacional, la Sudamericana y exhibió un modo descomunal de jugar al fútbol. Enamoró a tal punto que luego fue el número puesto tras la salida de Claudio Borghi de La Roja. Asumió un compromiso harto complicado. Logró encausar al combinado vecino del pacífico en las Eliminatorias y en el Mundial de Brasil eliminó a España y le plantó cara al anfitrión. No le ganó por un pelotazo que dio en el palo, y por la falta de precisión en los penales. Ahora el que dirige al local es el propio Sampaoli y debe vérselas con el candidato número uno a ganar el título. Es la selección del país en el que nació. Del que debió desarraigarse para crecer y al que buscará demostrarle que este cuento ya estaba escrito. Es parte de una larga historia de preconceptos, negaciones y una dosis de esfuerzo y capacidad que pudo más que todo lo que parecía estar prohibido.

 

​* Paván es autor del libro “No escucho y sigo”, biografía autorizada de Jorge Sampaoli, que cuenta con su testimonio y el de 50 entrevistados. Fue editado por Planeta y presentado en Chile. Próximamente estará en las librerías de Rosario. Se puede conseguir desde Librofutbol.com

 

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