La cárcel de papá 


Una mujer, novia de un delincuente preso, ingresa a una clínica de fertilidad porque quiere tener un hijo con él. Los honorarios del tratamiento no son accesibles. Ella avanza en el papeleo por amor o estrategia. Da lo mismo. La medicina le permite embarazarse y tener un niño con una persona a la cual ni siquiera le puede tocar la mano. 

Según las normas para con los detenidos de alto perfil, no puede haber contacto físico, ni visitas “íntimas” entre el preso y sus allegados. En esas condiciones vivirá Jonatan Riquelmente durante 8 años aun si consigue tener un hijo a la distancia con una mujer que pagará bastante dinero para concretar el proyecto. 

Heredero de la prisión. ¿Cómo será la vida de un niño gestado con su padre tras las rejas? Raíces donde el encierro y la condena es el pago por el daño infringido a otros. 

Riquelme, conocido bajo el apodo de "Jonita", es un delincuente de alto perfil santafesino de 34 años, considerado por la justicia como uno de los líderes y organizadores de una violenta estructura narco criminal con base en Rosario. En el momento de la condena trabajaba para Esteban Lindor Alvarado

Mientras el trámite judicial se hacía público, donde el ministro de Seguridad de Santa Fe, el abogado del preso, autoridades del Servicio Penitenciario e incluso el prestigioso médico encargado del tratamiento, participaban cada uno con sus argumentos, apareció Delfina. 

“No quiero hablar en público, solo contactarme con el juez”, dijo a través de un escueto mensaje privado en redes. “Quiero iniciar una acción judicial contra Riquelme”.

Delfina, es una mujer joven madre de un niño cuya padre es el mismo preso que intenta fecundar a su nueva pareja a la distancia. Según el dato, no paga manutención por el hijo que tiene con ella. Ofendida y despechada por las nuevas inversiones medicas reclama lo que es justo. 

Riquelme, el pesado organizador criminal del “Esteban”, desea ser padre de otro niño al que le heredará su raíz. 
De chicos, en el glorioso transitar del siglo XX, todos jugábamos con armas de juguetes al ladrón y poli.

Leo, el niño sin padre


La carta llegó desde lo profundo de un hombre acosado por los flashes y sus vidrieras desde hace mas de 20 años. El que la escribió parece no ser ese hombre de casi 40 años, barbado y cagado a palos por los tropiezos de la vida misma. Era un niño que le puso palabras a una final de fútbol perdida y a la muerte de su padre minutos después a eso. 

Lionel Messi nos permitió a quienes lo amamos sin conocerlo mas que lo que muestran esas vidrieras introducirnos a su profundidad. 

Pa, todavía no puedo creer que te hayas ido. Se me hace muy difícil imaginarme que ya no te voy a ver más, que no vamos a hablar más. Todavía nos quedaba mucho por disfrutar juntos”.

El texto publicado por el hombre más amado del país es una infidencia. Incomoda meterse allí. Es el niño que sin haber contado mucho de su vida personal en una carilla lo describe todo

  • “Cada vez que terminaba un partido esperaba y extrañaba tu mensaje. No pudimos hablar de nada de todo lo que pasó. No fuimos campeones, pero no sabés cómo disfrutamos cada partido. Una vez más, tenías razón: tenía que estar y jugarlo”.
  • No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir. Estuviste al lado mío desde el principio, faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?
  • Sé que tu felicidad era ver bien a tu familia, a tu mujer, a tus hijos y, sobre todo, sin que se enteren los otros, verme jugar a mí… 
  • Desde chiquito siempre fue así. Me llevabas a todos los entrenamientos apenas llegabas de trabajar. A muchos me llevaba mamá porque vos estabas trabajando.
  • A los partidos no faltabas a uno. Cómo sufrías viéndome y cómo disfrutabas, aunque nunca me regalabas muchos elogios.

Leo tiene tres hijos y una clara misión. Seguir los pasos de su padre. “Fuiste papá, amigo y representante. Te voy a extrañar mucho, pero siempre vas a estar presente, y sobre todo en la educación de mis hijos, porque les enseño y los educo como ustedes lo hicieron conmigo. Descansá en paz y cuidanos desde arriba como lo hacías acá. Te amo pa”. 

La carta de Leo tatuada en la piel de quienes lo van a amar por siempre.

Los niños con cáncer 


Joaquín tiene 8 años y es paciente oncológico del Hospital de Niños. Conoce los alcances de la palabra cáncer tanto como las formaciones de los equipos de FIFA que juega en la play. Transita pasillos, salas y consultorios financiados por el esfuerzo de muchos. El presidente de la fundación Vilela reconoció esta semana que Jorge Messi, en silencio y generosidad colaboró económicamente para Joaquin. y otros pacientes como él, tengan mucho de lo que necesitan en sus tratamientos.  

Desde su propia Fundación, Jorge Messi tuvo más que un aporte para el Hospital de Niños, el que trascendió y se viralizó es el que tuvo que ver con la formación médica para los profesionales en el trasplante de médula ósea. Pero los pedidos, que tal vez eran infinitos, no quedaron allí. También hubo aportes para la reconstrucción de la Sala 1, que era la sala más vieja que quedaba en el hospital y que fue reconstruida por la Fundación Messi.

“La característica más sobresaliente fue pasar desapercibido. Esto ha sido una línea, una forma de conducta”. 
Hay una tentación frecuente alrededor de las personas famosas: transformar cada gesto solidario en una ceremonia pública. Una foto. Un cheque enorme. Un agradecimiento. Una publicación. Aquí ocurrió algo distinto. Buena parte de esta historia permaneció durante años donde probablemente Jorge quería que permaneciera: dentro del hospital. 

“Creo que es una línea de conducta que va más allá de Jorge, creo que en familia en general tiene este comportamiento y la verdad que es admirable”, dijo Victor Vilela, presidente de la fundación del Hospital de Niños.

Tal vez nunca sepamos cuántas cosas hizo Jorge Messi sin contarlas. Y está bien que así sea. Porque quizás haya personas que entienden la solidaridad de una manera mucho más sencilla: no como aquello que uno hace para que los demás lo miren, sino como aquello que hace cuando nadie está mirando. En el Hospital de Niños dejó dinero, posibilidades, formación, paredes. Pero sobre todo dejó algo más difícil de construir: una manera. Hacer mucho. Mostrar poco. En silencio. Casi en puntitas de pie.

La madre abuela


Mabel tiene 62 años. Esta semana dio a luz a un niño después de transitar un tratamiento de fertilidad en la misma clínica donde Riquelme y su misteriosa novia intentan fecundar un ovulo a la distancia. Con casi tres kilos y muy sano, David, el niño que Mabel trajo al mundo representa un nuevo hito para la medicina argentina. Nunca un tratamiento logró ser exitoso en una mujer tan longeva y deseosa de ser madre. 

David, el niño nacido esta semana llego al mundo completamente sano. “Pesó dos kilos y medio, un buen quilaje, un bebé sano, divino y tras haber transitado una cesárea ayer ya está paseando por el sanatorio con su madre, en la cunita. Fue un embarazo y un parto la verdad que es muy exitoso”, reconoció desde México Matias Colavianchi, el medico que realizo el tratamiento de fertilidad

Mabel, feliz hasta el éxtasis, siempre deseo lo que vivió en el último año de su vida. La medicina, sus virtudes y milagros lograron que ella tuviera un final feliz. Entre preguntas, reproches, sabios e ignorancias, seguro que hoy el día del niño tuvo un sabor especial y distinto.

Una mujer que casi milagrosamente transita el camino de Isabel, la madre de Juan el Bautista. Casi anciana, una historia mítica de la religión que por primera vez sucede en estas calles.

El cierre


Cuatro historias que no se buscaron entre sí. Se encontraron y funcionan como un espejo

Un hombre encerrado quiere traer un hijo al mundo sin poder tocar a la mujer que habrá de gestarlo. Un ídolo, acostumbrado a que millones pronuncien su nombre, escribe como aquel chico que sólo necesita que su papá vuelva. Ese padre que se fue había usado parte de la fortuna construida alrededor de su hijo para ayudar, en silencio, a otros padres a evitar la muerte de los suyos. Y una mujer de 62 años desafía al almanaque, a la biología y acaso al sentido común para acunar por primera vez a un hijo entre sus brazos.

La cárcel, la muerte, la enfermedad y el tiempo. Cuatro fronteras que los adultos hemos aprendido a considerar infranqueables. Y, sin embargo, en cada una de estas historias hay un niño atravesándolas. En el camino del mundo que los mayores decidimos dejarles como incomoda herencia.