Un escenario que hace 15 días era impensable se dio, en un abrir y cerrar de ojos, la noche del miércoles pasado, cuando Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, el santiagueño Gerardo Zamora y los gobernadores de Formosa, La Rioja, Tierra del Fuego y La Pampa acudieron a la convocatoria de los jefes de las bancadas del PJ, José Mayans y el rosarino Germán Martínez, tras la derrota del gobierno en la votación de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada.
Esa derrota fue reveladora: el bloque de mayoría sobre el que se apoya la Casa Rosada no está blindado y hay diferencias respecto de la agenda y la profundidad de los cambios que pretende el gobierno. A eso se suma que, a medida que se insinúa el escenario electoral de 2027, dialoguistas y aliados necesitan ponerse en valor, mostrar autonomía y, sobre todo, no quedar pegados a iniciativas impopulares que generan dudas incluso dentro de las filas libertarias.
Las consecuencias de lo ocurrido en el Senado están a la vista. El gobierno sufrió una derrota parlamentaria estruendosa que lo debilita y pone en duda, por enésima vez, su capacidad de articulación política para tranquilizar la economía, hacer reformas y consolidar el rumbo. El peronismo visualizó que, si emparcha sus fisuras y se abroquela, tiene una oportunidad para operar sobre las contradicciones de intereses y necesidades del gobierno y sus aliados.
Una conversación peronista
No hizo falta que muriese otro Indio Solari para que Axel Kicillof y Máximo Kirchner volvieran a hablarse. De eso se encargó el oficialismo. Fue la estrepitosa derrota con la ley de inviolabilidad de la propiedad privada en el Senado la que habilitó la juntada peronista. Vale repetirlo: un encuentro que la confrontación interna hacía imposible apenas 15 días atrás.
Un dirigente nacional de esa fuerza lo explicó así: “Lo valioso es que ahora el peronismo tiene un ámbito donde definir objetivos que no existía. ¿Puede mantenerse en el futuro? Es cierto, no hay garantías de que perdure, pero lo valioso es que existe y permite imaginar una forma de resolver los problemas que hasta ahora no había forma de abordar”.
Una acción defensiva guía la renovada fraternidad peronista. El objetivo primordial de los gobernadores, de Massa, Kicillof y Kirchner es que no se deroguen ni suspendan las Paso. Sin ellas, el PJ marcha a la división, porque si no es a través del voto popular está imposibilitado de sintetizarse detrás de una única candidatura presidencial.
Massa y Kicillof se perfilan para encabezar esa disputa. Podría sumarse un tercer candidato. ¿El sanjuanino Sergio Uñac? ¿Juan Grabois? Los nombres no son tan importantes como defender las Paso. Las primarias no garantizan nada por sí mismas, pero sin ellas las posibilidades de que un candidato peronista entre al balotaje disminuyen drásticamente.
La derrota en el Senado desnudó al oficialismo. Lo expuso desorganizado, vulnerable y falto de alianzas estables. El peronismo detectó de inmediato la oportunidad: si se cayó la inviolabilidad de la propiedad privada, también puede caerse la suspensión de las Paso. La condición, como primer paso, es enterrar en el quinto subsuelo las diferencias que hasta ahora impedían un diálogo mínimo y trabajar en bloque. El segundo paso es identificar en qué coinciden y en qué se contradicen los intereses electorales de libertarios, aliados y dialoguistas respecto de las Paso.
¿Le sirve a la UCR que no haya elecciones primarias? ¿Le sirve al PRO? Todo eso está por verse. Particularmente, la UCR llevará las definiciones hasta último momento. Pondrá de un lado de la balanza su valoración positiva de las primarias y, del otro, el “riesgo” de que, manteniéndolas, crezcan las chances de un regreso del peronismo al poder. Fernando De Andreis, mano derecha de Mauricio Macri, lo dijo sin vueltas: “Es fundamental que, cualquiera sea la decisión electoral que se tome el año que viene, se minimice el riesgo del regreso del populismo en la Argentina”.
Hay un punto importante ahí. El peronismo tiene una oportunidad, pero el resultado no depende de él. El oficialismo puede conseguir los números para bajar las Paso si opera bien y sus intereses confluyen con los de aliados y dialoguistas.
Una conversación liberal
La llamada de Karina Milei a Macri y la inmediata cumbre entre La Libertad Avanza y el PRO son una señal de que la Casa Rosada comprende el daño que le provocó lo sucedido en el Senado. La hermana del presidente, ideóloga del purismo violeta que en 2025 obligaba a gobernadores radicales y del PRO a firmar alianzas leoninas o sucumbir en las urnas, como ocurrió con el PRO porteño, ahora negocia en condiciones menos ventajosas. La taba se dio vuelta y Macri se anima a jugar con los tiempos y las urgencias de los hermanos Milei. “Hay que construir confianza y conversar respecto al blindaje del cambio”, fue otra de las frases de De Andreis. Hablaba de la reelección.
El llamado a Macri llegó justo cuando el expresidente acababa de lanzar como candidato a la Presidencia a Hernán Lacunza, el último de sus ministros de Economía. Lacunza es un candidato de baja intensidad, pero suficiente para incomodar los planes de la Casa Rosada, que no imagina jugadas autónomas y pretende a todo el arco político no peronista subordinado a su estrategia reeleccionista.
Una conversación en el círculo rojo
El círculo rojo empresario también movió fichas. Jorge Brito, expresidente de River y dueño del Banco Macro y de la energética de renovables Genneia, entre otras empresas, dio señales de querer jugar en política.
Daniel Hadad, aquel periodista que le quitaba el sueño al expresidente Fernando de la Rúa con sus programas de medianoche, hoy empresario y propietario de Infobae, elogió a Brito como potencial candidato presidencial. Tras ese primer paso de instalación, Brito pasó por AmCham —la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina—, donde todas las crónicas periodísticas interpretaron que habló “como candidato”.
“Ahora lo que hay que entender es que necesitamos reactivar el consumo interno y que un país que tiene recursos y tiene gente no puede seguir exportando recursos sin valor agregado”, afirmó.
Brito, un empresario siempre atento a las oportunidades de negocio que se le presentaron con cada gobierno, es por ahora un potencial candidato sin partido ni estructura. Su principal operador político es Emilio Monzó, expresidente de la Cámara de Diputados, criado en el peronismo, migrado al PRO y armador de otras criaturas electorales a las que no les fue tan bien.
¿Está decidido Brito a lanzarse y competir contra Milei, con lo que implicaría dividir votos del electorado no peronista? Un dirigente del PJ que lo trató en otros tiempos sostiene que esa candidatura podría madurar solo en dos escenarios posibles.
Uno en el que el PJ se desordene, vaya dividido a las elecciones y, por lo tanto, no haya riesgo concreto de que recupere el poder. El segundo, en un escenario catastrófico para el gobierno de Milei, como estuvo a punto de ocurrir en las elecciones de 2025. En este segundo caso, Brito sería un banco de suplentes del círculo rojo, un candidato para cortar el regreso del populismo, asociado al rumbo actual pero con un rostro más racional y empático.
Como sea, más allá de las aspiraciones personales del expresidente de River, estos primeros pasos muestran a un círculo rojo inquieto por las debilidades del gobierno y necesitado de tener un plan B por el bien de sus negocios. No puede ignorarse que Brito integra la élite de empresarios argentinos que con este gobierno recuperaron protagonismo en áreas estratégicas gracias a desregulaciones de servicios, privatizaciones y concesiones energéticas, viales y mineras. Todo lo que el peronismo “revisará si llega al poder”, según la advertencia del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela.
De la Cordillera al Paraná
El gobernador Maximiliano Pullaro regresó de Chile decidido a explorar las oportunidades extraordinarias que se le abren al Puerto de Rosario, según la visión de negocios de la chilena Ultramar, principal accionista de la terminal multipropósito de la ciudad.
Tras destrabarse el conflicto por las inversiones que los dueños originales de la concesión no habían realizado, el operador portuario chileno, con presencia en más de 16 países de América, Europa y Asia, embaló a la Casa Gris en una carrera por convertir al puerto de la ciudad en el hub central de exportaciones mineras del país. La minería argentina está en plena expansión y se estima que alcanzará su plenitud en los próximos cuatro años.
La Casa Gris se subió al desafío, convencida de que Santa Fe tiene que moverse rápido y de que las 120 hectáreas que tiene el puerto en la ciudad son un activo estratégico para ese fin. En términos institucionales, el próximo paso es determinar la inversión necesaria en infraestructura portuaria y, en consecuencia, la cantidad de años que debería extenderse el actual contrato para justificarla.
Según las proyecciones de Ultramar y del Gobierno de Santa Fe, si lograse captar la carga minera y sus derivados, el puerto tendría potencial para cuadruplicar la cantidad de operarios directos y quintuplicarla si se cuentan los indirectos.
La reforma electoral
En el plano legislativo, Unidos acelera la media sanción de la reforma electoral. Las conversaciones están avanzadas y en el oficialismo hay confianza en que se produzca el jueves próximo. Idas y vueltas de borradores con correcciones y propuestas viajaban este fin de semana entre los celulares de oficialistas y opositores.
En la etapa final de las negociaciones, Unidos, que la semana pasada acercó posiciones puertas adentro, ahora busca sumar volumen político a partir de los contactos con bloques del peronismo, espacios unipersonales y los celestes que lidera Amalia Granata, que muestran predisposición a acompañar si se tienen en cuenta parte de sus planteos. Este es el momento en que Unidos debe negociar con los de afuera sin que se le desacomode la negociación puertas adentro.
Se descuenta que, si el proyecto sale de Diputados con un buen número de apoyos, ocurrirá lo propio con los senadores del PJ una vez que se resguarde la boleta única para la categoría departamental. Cada senador seguirá siendo el artífice de su propio destino.
La reforma tendrá alrededor de 200 artículos. Reunirá todo lo relativo a la reglamentación electoral, las autoridades y la regulación de los partidos políticos. En ese universo, la Casa Gris fijó dos objetivos estratégicos pensando en un segundo mandato de Pullaro sin mayoría automática en la Cámara de Diputados.
El primero es mantener las cinco boletas para las primarias, una por categoría, y tres para la general, dando la posibilidad a quien se haga cargo del Ejecutivo de contar con una primera minoría en la Cámara baja determinada por el sistema de reparto. En este punto será clave lo relativo al diseño de las boletas, qué margen para retocarlo dejará la ley a las autoridades electorales, la opción de marcar la boleta completa —en el caso de las que van juntas—, entre otros aspectos.
Un segundo objetivo es elevar el piso requerido para entrar en el reparto de bancas, con el fin de evitar la fragmentación en los cuerpos legislativos. Las últimas negociaciones apuntan a un umbral relativamente bajo para las primarias —entre 20 y 25 mil votos en Rosario— y más alto para las generales, que estaría entre el 3,5% y el 4% del padrón electoral, alrededor de 110 mil votos de base.
El modelo de boleta que unifica gobernación y diputados provinciales reduce espacios de protagonismo para los socios de una coalición política. Unidos debería encontrar la llave para garantizar el protagonismo al que aspiran el Partido Socialista y el PRO. En 2023, el PRO tuvo la compañera de fórmula de Pullaro y el PS ganó la contienda por las diputaciones. Si en adelante esa categoría perderá competitividad porque estará sujeta al arrastre de la fórmula a la gobernación, ¿cuál sería el lugar protagónico desde el cual el PS podría poner en valor sus votos?
Ahí radica uno de los puntos a resolver esta semana. Una posibilidad es la idea que circula, sin padre que se haga cargo de la criatura, de trasladar esa competencia a la vicegobernación, permitiendo que en las PASO un candidato o candidata a la gobernación pueda encabezar más de una boleta, cada una con un vice diferente, y que la más votada sea la que integre la fórmula definitiva.
Sería una regla a medida de la realidad actual de Unidos, pero que apunta a resolver un problema que, tarde o temprano, se les presentará a otros frentes en épocas en las que el coalicionismo y la polarización dominan la escena electoral.
La idea conlleva riesgos —la posibilidad de empoderar más de la cuenta a un vice o una vice y que eso genere ruidos en la gestión y la gobernabilidad—, pero, más allá de qué tan realista sea su aplicación, expresa una problemática que Unidos tiene que atender antes de votar.



