*Por Federico Aldaz, periodista y productor de Radio 2 y El Tres TV

Para todos los que amamos a estos animales de cuatro patas, quizás nos resulte hasta natural y espontáneo el sentimiento de afecto hacia los perros. Lejos estamos de verlos como seres descartables; que estén o no en nuestras vidas no nos da lo mismo.

"No humanices al perro", "no lo trates como a tu hijo, porque no lo es", "¿en serio volvés a tu casa porque está tu perro solo?"... Son todas frases que escuchamos decir a aquellos que quizás no comparten el sentimiento de amarlos por sobre todas las cosas. A continuación, posibles respuestas a esas expresiones (si es que merecen alguna respuesta, claro).

“No lo trates como a un hijo”

Quizás esta sea la frase que más enojo despierta en aquellos que tienen hijos humanos. La constante comparación que a veces surge sobre sus cuidados hace que este debate aparezca en cualquier almuerzo familiar. Y es que los perros definitivamente no son hijos, pero quizás son la representación de ellos.

Los tenemos en casa, nos encargamos de su alimentación, su higiene, su espacio, de buscarle un médico, transportarlo, educarlo para que se porte bien y sea amable con las visitas, y de retarlo cuando se manda una macana (para a los dos minutos abrazarlo porque nos da culpa).

No son nuestros hijos, pero representan en esos términos el amor que le brindamos a los pequeños humanos.

“No humanices al perro”

Al igual que en el punto anterior, los perros no son humanos. Pero para contestar esta frase podemos dejar a un lado lo que "representan" y pasar a lo que definitivamente SON: nuestros amigos incondicionales. Están para nosotros todo el tiempo, nos esperan con alegría, siempre están disponibles para jugar, disfrutan los paseos con nosotros, nos bancan cuando estamos mal, nos dan besos, no nos juzgan, no nos olvidan nunca, nos perdonan al instante y quieren comer con nosotros. En fin, todas cualidades de esas amistades que valen la pena y que deseamos no perder jamás.

Podría decirse que es la amistad más fácil de sostener porque ellos nunca nos van a abandonar.

Lamentablemente, es el humano el que lo hace. Menos mal, entonces, que no hay que humanizar a los perros: ellos están muy bien así. Son nuestros amigos incondicionales y, como tales, estamos dispuestos a darlo todo por ellos. Los amigos son familia. Y amamos a la familia por sobre todas las cosas.

“¿En serio volvés a tu casa porque está tu perro solo?”

"Obvio", esa es la respuesta. La rutina fuera de casa nos enfrenta a veces a un montón de desafíos distintos: el trabajo, el tránsito, el supermercado, la verdulería, la juntada familiar, la pareja, la escuela, los hijos, los estudios. Con frecuencia, todo eso puede abrumar y sentimos que no para. Estamos cansados y necesitamos un recreo para descansar y disfrutar de hacer lo que sea que nos guste. Volver a casa suele ser nuestro escape a todo eso. "Qué ganas de estar en mi casa tranquilo, en mi sillón mirando una serie", pensamos.

A esa paz que probablemente todos compartimos, le agregamos la compañía de alguien que no nos va a reclamar nada, ni siquiera nos va a hablar. Solo con su presencia nos dice: "Acá estoy si me necesitás". No puedo pensar en un mejor recreo que ese. Vuelvo a casa porque quiero encontrarme con ese sentimiento, y vuelvo a casa porque sé que mi solo ingreso le genera una sobredosis de alegría a un otro. ¿Cada cuánto nos pasa que llegamos a un lugar y recibimos alegría plena de parte de los que estaban antes que nosotros? Llegar a tu casa y que esté tu perro es lograr que eso nos ocurra todos los días.

Amen a los perros por sobre todas las cosas por favor. Un homenaje para todos los que aman a sus perros como merecen ser amados y, en especial, a un tal Balto, a quien amaré para siempre.

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