La primera colonia agrícola del país está en Santa Fe: "el productor se calza la bota y sigue"

En el Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario, Luis Zurverra, presidente de la Sociedad Rural de Las Colonias, destacó el orgullo de pertenecer a una región marcada por la producción

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Resumen Ejecutivo

  • Argentina conmemora el Día de la Agricultura en homenaje a la fundación de Esperanza en 1856, la primera colonia agrícola organizada del país.
  • La estructura productiva de Las Colonias destaca por el predominio de pequeños y medianos productores abocados a la agricultura, ganadería y lechería.
  • El presidente de la Sociedad Rural de Las Colonias instó a brindar apoyo institucional prioritario para evitar la caída y desarticulación de las pymes rurales.
  • Frente a adversidades climáticas y económicas, el sector agropecuario se consolida como el principal motor socioeconómico de las comunidades del interior santafesino.

Cada 8 de septiembre, Argentina celebra el Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario, una fecha que tiene una fuerte raíz santafesina: recuerda la fundación, en 1856, de la primera colonia agrícola organizada del país, en la ciudad de Esperanza.

En una región donde aquella historia pionera todavía forma parte de la identidad productiva, la fecha adquiere un significado especial. Para Luis Zurverra, presidente de la Sociedad Rural de Las Colonias, el aniversario invita a mirar hacia atrás, pero también a reconocer a quienes todos los días continúan trabajando la tierra y sosteniendo la producción.

“Somos la primera colonia agrícola organizada del país y uno se emociona con eso”, señaló Zurverra al ser consultado sobre lo que representa esta jornada y su pertenencia a una entidad rural de la región.

Una profesión que también se lleva en la sangre

Ser productor agropecuario, sostiene Zurverra, no es solamente una actividad económica. Para muchas familias de la región representa una elección de vida transmitida de generación en generación.

“Uno elige una profesión, como elegiste vos, como eligió el abogado, el doctor, el médico. Bueno, uno eligió esto de ser productor, ganadero, lechero, agricultor”, explicó.

Y en esa elección aparece un componente que, para el dirigente rural, resulta fundamental: las raíces.

Cuando el oficio se aprende desde chico, en la familia y en el contacto cotidiano con el campo, la producción termina formando parte de la propia identidad. “Si lo lleva en la sangre, de las raíces que vos lo aprendiste, uno se siente orgulloso”, afirmó.

Ese orgullo, sin embargo, convive con una realidad productiva que obliga a enfrentar permanentemente dificultades.

Sequía, inundaciones y un productor que no baja los brazos

La historia del productor agropecuario argentino también está atravesada por los ciclos climáticos y económicos. Sequías, inundaciones y diferentes escenarios políticos forman parte de una ecuación que muchas veces pone a prueba la continuidad de las explotaciones.

Zurverra lo sintetizó con una frase que resume el espíritu de buena parte del sector: “El productor siempre se calza la bota y sigue trabajando, y sigue apostándole al país”.

La expresión no se limita a una mirada individual. El presidente de la Sociedad Rural de Las Colonias considera que el esfuerzo de quienes producen tiene una incidencia directa sobre las comunidades donde están radicados los establecimientos.

Porque cuando al campo le va bien, la actividad se refleja en los pueblos y las ciudades. Y cuando atraviesa dificultades, el impacto también se hace sentir.

El campo como motor de los pueblos

La región de Las Colonias y los departamentos vecinos se caracterizan por una fuerte presencia de pequeños y medianos productores. En ese entramado productivo, agricultura, ganadería y lechería tienen un peso determinante.

“Somos todos pequeños y medianos productores, la mayoría”, remarcó Zurverra, al referirse a la estructura productiva de la zona.

Esa característica hace que la relación entre campo y comunidad sea particularmente estrecha. El movimiento de la producción repercute en comercios, servicios, contratistas, proveedores y en toda la economía local.

“El bienestar o mucho de la vida de los pueblos y las ciudades” depende de que esa actividad pueda sostenerse, explicó.

La experiencia de años anteriores sirve como referencia. Cuando las diferentes actividades agropecuarias atraviesan períodos negativos, el efecto no queda encerrado en los establecimientos rurales: llega rápidamente a las localidades del interior.

La prioridad: que los pequeños y medianos no queden afuera

En este escenario, Zurverra plantea un desafío concreto para las entidades representativas del sector: acompañar a los productores más pequeños y medianos para evitar que abandonen la actividad.

“Las entidades como nosotros, como las rurales, tenemos que estar apoyando a los pequeños y a los medianos para que no salgan, no caigan del sistema”, sostuvo.

El dirigente reconoce que los productores de mayor escala también enfrentan dificultades y necesitan acompañamiento, pero advierte que quienes cuentan con menor estructura tienen menos herramientas para atravesar los momentos adversos.

“Los chicos y los medianos son los que por ahí les cuesta más poder subsistir, por eso cada vez desaparecen más”, expresó.

La preocupación apunta así a uno de los grandes desafíos del entramado agropecuario regional: preservar la diversidad y la permanencia de las familias productoras que durante décadas construyeron la identidad rural de la zona.

La historia continúa 170 años después

El Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario encuentra a la región celebrando también los 170 años de Esperanza, una ciudad cuya historia está íntimamente ligada al nacimiento de la agricultura organizada en Argentina.

Desde aquella llegada de los primeros colonos hasta el productor que hoy enfrenta decisiones sobre costos, clima, tecnología y mercados, hay una misma constante: la voluntad de producir.

La celebración, entonces, no es solamente una mirada al pasado. Es también un reconocimiento al presente y una apuesta por el futuro de una actividad que continúa siendo decisiva para las comunidades del interior.

En palabras de Zurverra, quizás allí se encuentre la mejor síntesis de este día: el productor atraviesa las dificultades, se calza la bota y vuelve a trabajar.

Porque en esta tierra de colonias, pueblos y pequeñas ciudades, producir no significa solamente cultivar, criar o ordeñar. También significa sostener una historia que comenzó hace 170 años y que todavía se escribe, todos los días, en el campo.

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