Las lluvias registradas durante la segunda quincena de febrero permitieron estabilizar las estimaciones productivas de la campaña agrícola 2025/26 en Argentina, según el último Informe Especial Mensual sobre Cultivos publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Sin embargo, el escenario continúa mostrando marcadas diferencias regionales, con zonas recuperadas y otras que aún arrastran pérdidas significativas.
De acuerdo con la Guía Estratégica para el Agro (GEA-BCR), la producción nacional de soja se mantiene proyectada en 48 millones de toneladas sobre una superficie sembrada de 16,4 millones de hectáreas. El rinde promedio nacional alcanza los 29,9 quintales por hectárea, prácticamente sin cambios respecto del informe anterior.
Las precipitaciones resultaron clave para la recuperación de cultivos en Córdoba, el centro de Santa Fe y el norte de Entre Ríos, regiones que atravesaban un fuerte estrés hídrico durante el verano. En particular, Córdoba y Entre Ríos encabezaron la mejora de rindes tras sumar entre 2 y 2,6 quintales por hectárea gracias al regreso de las lluvias.
No obstante, la situación sigue siendo compleja en amplias áreas del sur bonaerense, el sur de Santa Fe y sectores de Entre Ríos, donde la falta de agua redujo el potencial productivo entre un 30% y un 60%, especialmente en soja de segunda.
En maíz, la BCR ratificó una proyección de producción récord de 62 millones de toneladas. El cultivo tardío muestra una evolución favorable en el oeste y norte del país gracias a la mejora hídrica, aunque el déficit de agua sufrido entre diciembre y enero continúa afectando rindes en el sur de Córdoba y parte de Buenos Aires. El rinde nacional se ajustó levemente a la baja hasta 76,3 qq/ha.
El informe también confirmó el cierre de la campaña triguera 2025/26 con una producción récord de 29,5 millones de toneladas, superando en 1,8 Mt las estimaciones de diciembre y consolidando uno de los mejores ciclos del cereal en la historia reciente argentina.
Desde la entidad rosarina remarcan que el desempeño final de la campaña gruesa dependerá en gran medida de las lluvias de marzo, especialmente en regiones donde los cultivos aún atraviesan etapas críticas como floración y llenado de granos.

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