Resumen Ejecutivo
- Cambio de paradigma financiero: En el marco de Expoagro, el sector productivo revierte su comportamiento histórico y abandona la toma de deuda en pesos para volcarse masivamente al crédito en dólares.
- Asimetría de tasas y macroeconomía: Federico Tafarel, gerente de banca agro de Banco Macro, explica que la caída en la expectativa de devaluación es el motor de este giro. Las tasas en dólares (9% al 10%) resultan altamente atractivas frente a un costo local que oscila entre el 30% y el 40% en pesos.
- Plazos y destino de los fondos: La liquidez se estructura en dos frentes: capital de trabajo y siembra con horizontes de 180 a 360 días, y proyectos de infraestructura y maquinaria agrícola (silos, feedlots, tambos) con ventanas de amortización extendidas de 24 a 48 meses.
- Democratización del acceso: Se registra un alto dinamismo transaccional con tickets que varían desde los u$s 70.000 hasta los u$s 400.000. No existen filtros por volumen; la aprobación depende exclusivamente de la calificación técnica de riesgo del cliente.
Caminando por los pasillos y stands de Expoagro, pudimos observar un dinamismo comercial que rompe abruptamente con la cautela de ciclos económicos anteriores. Pero el dato duro que verdaderamente está marcando el pulso de la economía real en esta jornada no pasa de manera exclusiva por el volumen de los fierros exhibidos, sino por la moneda en la que se están estructurando y cerrando los tratos. El productor agropecuario argentino, históricamente un malabarista de la tasa en pesos para cubrirse de los saltos cambiarios, ha vuelto a abrazar el crédito en dólares con una voracidad que sorprende, redefiniendo en tiempo real la matriz de inversión del sector a corto y mediano plazo.
Para entender la magnitud y la profundidad de este fenómeno financiero, nos sentamos a dialogar en exclusiva con Federico Tafarel, actual gerente de banca agro de Banco Macro. La entidad bancaria, que ostenta el galardón corporativo de haber participado ininterrumpidamente en las 20 ediciones de la muestra, montó su espacio no sólo para exhibir presencia institucional, sino como una verdadera plataforma transaccional. En este entorno de alta intensidad, donde según el propio ejecutivo se respira de manera constante el intercambio de negocios en su estado más puro, la lectura del mercado es contundente y sumamente alentadora para la actividad. "La verdad que el clima de negocios, el optimismo del productor y la demanda del productor es muy buena, muy fuerte, estamos la verdad muy contentos", nos confesó Tafarel, dejando en claro desde el primer minuto que el apetito por el financiamiento está completamente desatado en el campo.
Tras casi dos décadas de una dinámica financiera donde tomar deuda en moneda dura era visto por las empresas como un riesgo inmanejable debido a la crónica volatilidad cambiaria de la Argentina, hoy el tablero se invirtió por completo. Indagamos sobre los motivos técnicos y exactos de este cambio de paradigma que lleva al productor a endeudarse nuevamente en divisa extranjera. La respuesta del ejecutivo fue quirúrgica y apuntó directamente a las variables macroeconómicas que el dueño de la pyme sopesa antes de firmar una solicitud crediticia. "Hay dos componentes, uno es la tasa claramente, no la nominalidad de la tasa en dólares respecto a una tasa en pesos. Eso fue lo que cambió la expectativa de devaluación", detalló, poniendo sobre la mesa el fin del temor paralizante al salto brusco del tipo de cambio.
En la gestión diaria de las empresas y las explotaciones agropecuarias, esto se traduce en una cuenta matemática sencilla pero letal para la moneda local a la hora de buscar apalancamiento. "Hoy no hay una expectativa de devaluación alta. Entonces hace que los pesos pierdan atractivo", sentenció Tafarel durante nuestra charla. Esta nueva percepción de estabilidad relativa en el frente cambiario es el combustible principal que enciende los motores de los préstamos en divisa extranjera. Los dólares, apalancados fuertemente por "tasas bajas justamente tengan un atractivo interesante", se convirtieron en la herramienta predilecta y lógica para estructurar las carpetas de inversión que hoy inundan los escritorios de los oficiales de cuenta.
Los números duros y concretos que pudimos relevar durante la entrevista exponen la brecha real que justifica este comportamiento masivo del mercado. Actualmente, se está consolidando en la plaza financiera una tasa en dólares que oscila en la atractiva franja del 9% al 10%. En la vereda de enfrente, el costo del dinero local refleja un abismo operativo para cualquier negocio: el productor se enfrenta contra una tasa en moneda nacional que navega entre un "30 y pico 40 en pesos, y 40 y poquito más también". Esta asimetría de costos, combinada con la tranquilidad cambiaria proyectada, borra de un plumazo cualquier incentivo racional para endeudarse en la moneda doméstica.
¿Hacia dónde fluye exactamente todo este capital que se está inyectando de manera acelerada en el ecosistema productivo? Durante nuestra cobertura, constatamos que la liquidez demandada no distingue entre necesidades operativas urgentes y planes de expansión a largo plazo. Tafarel nos desglosó los plazos y destinos del dinero con precisión. Para lo que respecta estrictamente a capital de trabajo, necesidad de campaña y de siembra, los requerimientos se están estructurando en un horizonte temporal de entre 180 y 360 días.
Por otro lado, la fuerte apuesta por la infraestructura y el crecimiento de la capacidad instalada absorbe los plazos financieros más extensos del portafolio. Todo lo vinculado a proyectos o maquinaria agrícola se está pactando en ventanas de amortización que van de los 24 a los 48 meses. En este terreno, la variedad de planes de inversión que estaban frizados y esperaban el fondeo adecuado para encenderse es notable. El referente de Banco Macro nos enumeró la tracción comercial que generan los pedidos para ampliar una planta de silo, un feedlot, un tambo o los criaderos de cerdos. Son apuestas productivas tangibles que, según pudimos percibir en las mesas de negociación, estaban "a la espera de obtener financiación para avanzar".
Un dato no menor que recogimos en esta jornada de transacciones es la democratización transversal del acceso a este crédito en moneda extranjera. Ante nuestra consulta sobre el ticket promedio de las operaciones, que pueden ir desde la adquisición de equipos medianos por 300.000 o 400.000 dólares hasta inversiones estructurales menores en el orden de los 70.000 dólares, la política de la entidad bancaria carece de filtros por volumen. "A todo. La verdad que no diferenciamos por monto", subrayó Tafarel. La única barrera de entrada para acceder a estas tasas competitivas es la calificación técnica de riesgo: "Es una condición crediticia del cliente que si es sujeto de crédito no tenemos problema". La radiografía financiera del evento arroja un saldo irrefutable de alta demanda, muy buen nivel de pedidos y muy buen nivel de asistencia.

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