Alphabet (Google) salió al mercado de deuda para fondear su apuesta fuerte en inteligencia artificial. Lo llamativo no es solo el tamaño de la emisión, sino el detalle del plazo: un tramo que podría vencer en 2126. Sí, un bono a un siglo.
En los 90s esto se puso de moda: Ford (1997) fue de los primeros en popularizarlo, y después vinieron nombres como Disney, Coca-Cola, IBM y Motorola. Hoy vuelve el formato, pero con un contexto distinto: balances mucho más líquidos, empresas con más caja, y un mercado que busca rendimiento largo cuando confía en el emisor.
¿Por qué emitir a 100 años?
Porque si el mercado te compra duración, es como fijar el costo del dinero “para siempre”. Lo hizo Caputo en la gestión de Macri con los bonos Century.
Para una compañía que planea gastar fuerte en data centers, infraestructura, chips y capacidades de IA, eso da margen para invertir sin estar rehén del ciclo de tasas cada 2 o 3 años.
Hasta acá, suena prolijo. Ahora, los riesgos para inversores:
- Riesgo de tasa y duración
Un bono a 100 años es hiper sensible a movimientos de tasas. Si la tasa de mercado sube, el precio del bono puede caer muchísimo. No es “volatilidad menor”: es una montaña rusa, pero sin el glamour.
- Riesgo inflación y régimen
A 100 años, lo normal es que cambie todo: inflación, política monetaria, regulación, impuestos, incluso el rol global del dólar. Un siglo es más largo que la vida útil de casi cualquier marco macroeconómico.
- Riesgo tecnológico
Hoy Alphabet parece indiscutible. Pero a 100 años, el riesgo no es sólo default: es si el modelo de negocio sigue siendo dominante, si la disrupción llega desde adentro o desde afuera, o si la regulación recorta rentabilidades estructuralmente.
- Riesgo de ejecución de capex
Invertir fuerte en IA puede ser brillante… o un pozo de capex si la monetización tarda. Cuando el mercado se pone nervioso con el capex infinito, el crédito lo refleja: spreads se abren, y el costo de fondeo futuro sube…
Takeway: Para Alphabet, emitir a largo plazo puede ser una jugada estratégica: bajar la incertidumbre financiera y comprar flexibilidad para ejecutar. Para el inversor, un bono a 100 años no es “más seguro por ser Google”: es una apuesta gigante a estabilidad de tasas, inflación y dominancia tecnológica durante décadas. En finanzas, empresa "blue chip" no garantiza nada. El riesgo está en el plazo, no en el logo.

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