La recuperación del crédito en Argentina encontró un nuevo obstáculo: la creciente morosidad de las familias.
Luego de varios meses de expansión, los préstamos en pesos comenzaron a perder impulso y las líneas destinadas al consumo volvieron a retroceder, en un escenario donde el deterioro en la capacidad de pago obliga a las entidades financieras a endurecer sus criterios para prestar.
La mora le pone un freno al crédito
El crecimiento sostenido de los atrasos en el pago de préstamos personales y tarjetas de crédito comenzó a modificar el comportamiento del sistema financiero.
Con mayores niveles de incumplimiento, los bancos enfrentan un incremento del riesgo y responden con una política más prudente al momento de otorgar nuevos créditos.
El resultado es un mercado menos dinámico, especialmente para los hogares, que encuentran mayores dificultades para acceder a financiamiento destinado al consumo.
El consumo pierde uno de sus principales aliados
Durante los últimos meses, el crédito había comenzado a convertirse en un soporte para la recuperación del consumo privado.
Sin embargo, la combinación de elevados niveles de morosidad, mayores exigencias para acceder a préstamos y una demanda más moderada empezó a enfriar esa tendencia.
Mientras algunas líneas vinculadas al financiamiento empresarial mantienen cierto dinamismo, los préstamos personales y el uso de tarjetas muestran señales de desaceleración.
Los bancos priorizan calidad antes que volumen
El deterioro en los indicadores de mora obliga a las entidades financieras a preservar la calidad de sus carteras.
En ese contexto, la evaluación crediticia gana peso y el otorgamiento de nuevos préstamos se vuelve más selectivo.
Para el sistema financiero, el desafío ya no pasa únicamente por expandir el crédito, sino por hacerlo con menores niveles de riesgo y preservar la solvencia de las carteras.
Un desafío para la economía
El menor dinamismo del crédito también representa un desafío para la actividad económica.
El financiamiento había comenzado a consolidarse como una herramienta para sostener el consumo y acompañar la recuperación de distintos sectores.
Pero con una morosidad en ascenso y entidades financieras más cautelosas, el crédito pierde capacidad para impulsar la demanda interna y se convierte en uno de los principales focos de atención para el mercado financiero.

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