En una jornada marcada por la incertidumbre internacional, con versiones contradictorias entre Donald Trump y el gobierno de Irán sobre un posible acuerdo en la guerra en Medio Oriente, los mercados globales reaccionaron de forma positiva, aunque con una dinámica poco habitual.
El dato más llamativo fue la ruptura de correlaciones clásicas: el dólar global se fortaleció frente a la mayoría de las monedas, pero al mismo tiempo subieron los commodities. El petróleo avanzó más de 3%, los metales preciosos y básicos se mantuvieron firmes, los granos registraron subas en Chicago y hasta las criptomonedas, con el Bitcoin a la cabeza, mostraron rebotes.
En este contexto internacional contradictorio, Argentina vivió una rueda particularmente favorable. Contra la tendencia global, el peso se apreció y todos los tipos de cambio retrocedieron. El dólar oficial cerró en $1402,60, mientras que el blue, el MEP y el contado con liquidación también mostraron caídas significativas, reduciendo las brechas a niveles mínimos.
El Banco Central de la República Argentina intervino con compras por US$ 146 millones, lo que permitió una suba de reservas de US$ 687 millones. Este fortalecimiento se da en la antesala de la liquidación de la cosecha gruesa, un factor clave para la oferta de divisas.
En el mercado de deuda, los bonos se mantuvieron estables y el riesgo país volvió a perforar los 600 puntos básicos, cerrando en 595. A su vez, el Gobierno avanza con su estrategia financiera: además de nuevas licitaciones en pesos, impulsa emisiones en dólares como el Bonar 2027, en línea con su objetivo de captar divisas, complementando iniciativas como el plan de privatizaciones que busca recaudar miles de millones para reducir deuda.
El frente financiero local también muestra un cambio de régimen. Las tasas de plazo fijo continúan en descenso y ya rinden por debajo de la inflación, tanto para pequeños como grandes inversores. Esta política apunta a presionar a los bancos para que reduzcan el costo del crédito, aunque por ahora las tasas siguen elevadas y la morosidad preocupa: supera el 10% en bancos y el 20% en fintech.
Este escenario impacta directamente en sectores clave como el inmobiliario. Según el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, las escrituras crecieron levemente en términos mensuales, pero cayeron fuerte en la comparación interanual. Más preocupante aún es el desplome del 38% en operaciones con hipoteca, reflejo de un crédito prácticamente paralizado.
Frente a tasas poco atractivas en pesos y dólares sin rendimiento en el circuito informal, los inversores comienzan a volcarse hacia activos de mayor riesgo, como acciones. La Bolsa de Buenos Aires subió 1%, mientras que las ADR argentinas en Nueva York mostraron avances de hasta 6%, destacándose compañías como Bioceres, Supervielle y MercadoLibre.
En paralelo, la innovación tecnológica sigue ganando terreno en el sistema financiero. Iniciativas impulsadas por actores como Mastercard junto al Banco Nación y MODO buscan incorporar inteligencia artificial para competir en el ecosistema digital dominado por billeteras virtuales.
A nivel internacional, la demanda por bonos del Tesoro de Estados Unidos generó una leve baja en las tasas largas, consolidando un escenario donde los inversores aún buscan refugio pese al apetito por riesgo en otros activos.
Así, el mapa financiero global y local presenta una postal compleja: guerra sin definiciones claras, mercados que desafían las reglas tradicionales y una Argentina que, en plena transición económica, exhibe señales contradictorias pero con una clara intención de reordenamiento macroeconómico.

Comentarios