"Efecto Ormuz": ¿por qué el conflicto en Medio Oriente puede generar problemas en Argentina?

El bloqueo del Estrecho de Ormuz activa una alerta roja global en fletes, energía y fertilizantes, con efectos directos e indirectos sobre la economía argentina

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El Estrecho de Ormuz es un corredor marítimo estratégico por donde transita cerca del 30 % del petróleo mundial y el 20 % del gas natural licuado (GNL). Su cierre —real o de facto— como respuesta al conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha generado una crisis logística global que golpea cadenas de suministro y eleva costos energéticos y de transporte.

La escalada bélica y las advertencias de Irán de atacar embarcaciones que intenten cruzar el estrecho han llevado a navieras globales como MSC, Maersk y Hapag-Lloyd a suspender operaciones o aplicar recargos por riesgo de guerra que en algunos casos superan USD 4.000 por contenedor, encareciendo fuertemente los costos de exportación e importación.

Impacto logístico y comercial para Argentina

Aunque la Argentina está a miles de kilómetros del Golfo Pérsico, su economía no es inmune. Más del 80 % del comercio exterior argentino circula por vías marítimas y fluviales, lo que implica que cualquier alteración en las rutas globales se traduce rápidamente en encarecimiento de fletes, plazos de entrega más largos y congestión portuaria.

Un efecto inmediato de la tensión geopolítica es el aumento de los fletes marítimos y la escasez de contenedores vacíos en puertos como Buenos Aires y Rosario, lo que complica la logística de exportación de productos agroindustriales. Además, la necesidad de desviar rutas por el Cabo de Buena Esperanza agrega entre 10 y 14 días de navegación y costos adicionales.

Energía y fertilizantes: dos caras de la misma moneda

El conflicto no solo presiona el transporte marítimo sino también el mercado energético global. La interrupción en el suministro de petróleo y GNL eleva los precios internacionales, lo que repercute en Argentina tanto en insumos como en el costo de la energía. La importación de GNL, clave en los meses invernales para cubrir la demanda interna, puede encarecerse si debe adquirirse en mercados más lejanos.

Por otro lado, Argentina importa más del 60 % de sus fertilizantes nitrogenados desde países del Medio Oriente. Un bloqueo prolongado obligaría a buscar proveedores alternativos (por ejemplo en EE. UU. o Marruecos), encareciendo la siembra y afectando la competitividad del campo.

Este mix de elementos —fletes más caros, energía más costosa y fertilizantes al alza— pone sobre la mesa un escenario dual: oportunidad y desafíos. Si bien la suba del crudo puede traducirse en mayores ingresos por exportaciones energéticas locales como las de Vaca Muerta, también puede aumentar los costos internos y presionar la inflación.

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