Optimismo empresarial: ¿por qué el ánimo está con la flecha para arriba pensando en lo que viene?

Una encuesta privada reveló que siete de cada diez empresarios proyectan crecimiento económico en 2026 y mejora en sus propias compañías

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El clima empresarial muestra señales de recuperación. Según un relevamiento difundido por Ámbito Financiero, el 71% de los empresarios argentinos proyecta que la economía crecerá en 2026, reflejando un marcado repunte en las expectativas respecto de años anteriores.

El sondeo, realizado entre ejecutivos y referentes del sector privado, evidencia un cambio de humor en el mundo corporativo. La mayoría de los consultados no solo espera un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), sino también una mejora en la situación particular de sus empresas.

Mejores perspectivas y foco en inversión

El optimismo no se limita al plano macroeconómico. Una porción significativa de los empresarios anticipa mayores niveles de inversión y expansión de actividad en sus propios negocios. La expectativa de estabilidad macro, desaceleración inflacionaria y ordenamiento de variables financieras aparece como uno de los factores centrales detrás de esta mejora en las proyecciones.

Además, muchos ejecutivos consideran que 2026 podría consolidar un proceso de recuperación gradual, luego de años marcados por alta volatilidad, inflación elevada y restricciones financieras.

Empleo y actividad

El informe también indica que una parte relevante de los encuestados prevé mantener o incrementar sus plantillas de personal, lo que podría traducirse en un impacto positivo en el mercado laboral si las proyecciones se concretan.

Sin embargo, persisten desafíos estructurales que el sector privado observa con atención: presión tributaria, acceso al crédito, competitividad y estabilidad normativa siguen siendo factores determinantes para sostener el crecimiento.

Señales para el mercado

El dato de que siete de cada diez empresarios proyecten expansión en 2026 funciona como un termómetro del ánimo inversor. Si estas expectativas se traducen en decisiones concretas de inversión y producción, podrían convertirse en un motor clave para la actividad económica.

El desafío estará en sostener la confianza y consolidar un entorno macroeconómico previsible que permita transformar el optimismo en resultados tangibles.

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