El Producto Bruto Interno (PBI) volvió a crecer. Pero basta salir de las planillas para advertir que la realidad todavía se mueve a otro ritmo. Rosario ofrece probablemente una de las mejores fotografías para entender ese momento de transición. Pocas veces convivieron tantos frentes de obra pública abiertos al mismo tiempo. Hospitales, pavimentos, cloacas, plazas, parques, obras hidráulicas, el Parque España, el futuro Arena, el Centro Acuático, la recuperación de la Cascada del Saladillo y decenas de intervenciones distribuidas por toda la ciudad reflejan una decisión política de sostener la inversión en infraestructura cuando la construcción privada todavía permanece muy lejos del dinamismo que supo mostrar.
Detrás de esos frentes trabajan más de 4.500 personas de manera directa y varios miles más de forma indirecta. Constructoras, transportistas, corralones, proveedores, estaciones de servicio, talleres, arquitectos, ingenieros y pequeños comercios encuentran allí una actividad que hoy el mercado privado todavía no consigue generar por sí solo.
Pero apenas se abandona alguno de esos frentes aparecen otras escenas muy distintas. Comercios que administran el stock con una prudencia desconocida hace algunos años o directamente bajan las persianas. Constructoras privadas que siguen demorando nuevos desarrollos. Familias que necesitan un segundo o incluso un tercer ingreso para sostener el nivel de vida. Jubilados que llegan al sistema público de salud porque sus ingresos ya no alcanzan para afrontar medicamentos o tratamientos que el Pami dejó de darles. Municipios y provincias que hacen números para sostener servicios mientras la recaudación continúa reflejando una economía mucho más débil que la que describen los indicadores macroeconómicos.
Ese contraste resume mejor que cualquier estadística el momento económico que atraviesa la Argentina. La economía avanzó durante el primer trimestre impulsada principalmente por el agro, la minería y los servicios financieros. Pero la industria continúa casi once puntos por debajo de los niveles de 2023, la construcción privada sigue sin recuperar dinamismo, la inversión acumula cuatro trimestres consecutivos de caída y el consumo todavía no logra reaccionar.
El mercado laboral refleja esa misma realidad. San Nicolás-Villa Constitución exhibe hoy el mayor desempleo del país como consecuencia directa del freno siderúrgico y metalúrgico. El Gran Rosario volvió a empeorar y ya supera el promedio nacional. Incluso el Gran Santa Fe mostró un deterioro significativo respecto del cierre del año pasado.
El problema es que también empezó a agotarse el viejo refugio de la economía informal. Durante años, cuando una fábrica despedía trabajadores o el comercio reducía personal, las changas, los pequeños emprendimientos o el trabajo independiente amortiguaban parte del golpe. Hoy ese colchón también muestra límites. La informalidad supera el 44% y cada vez son más quienes, aun teniendo empleo, necesitan un segundo o un tercer trabajo para sostener los ingresos familiares.
La misma presión empieza a reflejarse en el sistema financiero. La mora en préstamos personales y tarjetas continúa creciendo, mientras los cheques rechazados permanecen cerca de los niveles más altos de los últimos años. No alcanza para hablar de un problema sistémico, pero confirma que muchas familias siguen llegando con dificultad a fin de mes y que el crédito dejó de ser una herramienta para consumir y pasó a convertirse, muchas veces, en un mecanismo para sostener gastos corrientes.
El impacto ya no se observa únicamente en los balances de los bancos. También empieza a sentirse sobre el Estado. Osvaldo Ortolani, histórico dirigente de Empalme Graneros, recuerda que Rosario llegó a tener cerca de 390 centros de jubilados. Hoy apenas sobrevive un puñado. Para él, esa desaparición refleja cómo muchas redes comunitarias dejaron de contener necesidades que ahora terminan absorbiendo el Estado y el sistema público de salud.
La consecuencia se observa todos los días. Más de 21.000 afiliados de PAMI son atendidos por la red pública municipal de Rosario y provincial. Representan casi el 7% de las más de 300.000 personas que integran el sistema sanitario local. El dato no sólo refleja el deterioro del poder adquisitivo de muchos jubilados. También explica parte de la creciente presión que reciben hospitales y centros de salud.
El cambio también puede leerse en la demanda sanitaria. Mientras disminuyen las prestaciones vinculadas a la primera infancia —menos nacimientos significan menos pañales— aumentan las consultas por salud mental entre adolescentes y jóvenes y crecen los tratamientos oncológicos, mucho más costosos. Algunos médicos incluso advierten que vuelven a aparecer tumores que hacía décadas se detectaban con mucha menor frecuencia.
Todo ocurre mientras la recaudación vinculada a la actividad económica continúa mostrando debilidad. Industria y comercio todavía no generan el movimiento suficiente para fortalecer los ingresos provinciales y municipales. El resultado es una paradoja cada vez más evidente: aumentan las demandas sociales mientras los recursos siguen creciendo por debajo de esas necesidades.
En ese contexto, el programa de obra pública adquiere otra dimensión. No porque la construcción viva un boom. Ocurre exactamente lo contrario. La inversión privada continúa esperando mejores condiciones para volver a acelerar. Precisamente por eso la obra pública funciona hoy como una política anticíclica.
Las cerca de 120 obras abiertas no sólo transforman la ciudad. También sostienen alrededor de 4.000 puestos de trabajo directos y miles de indirectos entre constructoras, proveedores, transportistas, corralones, profesionales y comercios.
Más que una discusión urbanística, el verdadero interrogante pasa a ser otro. ¿Cómo estaría hoy la economía rosarina si esos frentes no existieran? Probablemente el deterioro del empleo, de la actividad y del consumo sería bastante más profundo.
La gran incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse ese equilibrio. No porque hoy existan dudas sobre el financiamiento de las obras. Tanto la Municipalidad como la Provincia aseguran tener garantizados los recursos para los proyectos en marcha. La incógnita aparece un poco más adelante: si la economía cotidiana continúa recuperándose a un ritmo mucho más lento que la macroeconomía, la presión sobre las cuentas públicas inevitablemente crecerá.
Algunos indicadores ya empiezan a anticiparlo. Mientras la actividad privada todavía no logra recuperar tracción, el gobierno provincial avanza con el nuevo Sistema Integrado de Protección de Salud Laboral. El objetivo es reducir el ausentismo de los empleados públicos del 15% al 10% y generar un ahorro estimado en $170.000 millones anuales. Más que una reforma administrativa, refleja la necesidad de hacer más eficiente el gasto en un contexto donde la recaudación sigue sin acompañar el crecimiento de las demandas.
La política también comenzó a moverse. En Santa Fe, la reorganización derivada de la reforma constitucional y los movimientos alrededor de la Corte Suprema muestran que se está redefiniendo buena parte del equilibrio institucional de los próximos años. Aunque las discusiones por un edificio parecen más propias de países como Suiza que a las urgencias que deberían tener por revolver los problemas judiciales clave en que tienen en sus fueros.
En la Casa Rosada ocurre algo similar. Javier Milei parece buscar ahora pasar de una etapa dominada por la confrontación a otra más enfocada en la gestión y la construcción política. Las incorporaciones de Agustín Ravier, Fabián Fernández y Diego Santilli apuntan en esa dirección.
Mientras tanto, el sector privado siguen avanzando algunos negocios. Bagó ganó escala con la compra de Eriochem. Rizobacter recuperó margen para invertir después de reestructurar más de US$ 42 millones de deuda y mejorar su calificación crediticia. YPF, por su parte, profundiza su transformación incorporando locales de McDonald's dentro de su red de estaciones de servicio para competir cada vez más como empresa de servicios que como simple petrolera.
En esa misma línea aparece otro debate de enorme impacto. La posible adhesión de la Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) excede largamente una discusión jurídica. Allí se juega buena parte de la estrategia futura en materia de innovación, inversiones, propiedad intelectual, biotecnología y desarrollo farmacéutico. Para algunos sectores representa una oportunidad para atraer capitales y simplificar procesos. Para otros puede modificar el equilibrio competitivo de industrias sensibles.
¿Santa Fe también empezó a destrabar otro cuello de botella? Después de meses marcados por fuertes cuestionamientos de empresarios por las demoras en autorizaciones ambientales, varios proyectos industriales comenzaron finalmente a avanzar. Detrás de esos expedientes hay inversiones, empleo y nuevas plantas productivas. La discusión excede los trámites administrativos: pone en juego la capacidad de la provincia para transformar anuncios de inversión en proyectos concretos.
El mismo clima quedó expuesto tras la investigación publicada por Ecos365 sobre el negocio de los residuos industriales especiales. Más allá de las diferencias entre empresas y organismos públicos, existe una coincidencia: Santa Fe todavía tiene una enorme oportunidad para convertir un problema ambiental en una fuente de inversión, innovación y empleo si logra combinar reglas claras con controles eficientes.
Rosario tampoco permanece quieta en esa transformación. El regreso del Turismo Carretera después de siete años, coincidiendo con el Festival Bandera; la futura inauguración del Arena; el hotel frente al casino; la licitación de la Guardería Náutica del Centro y la continuidad de las obras en La Fluvial responden a una misma estrategia: ampliar la matriz económica de la ciudad apoyándose cada vez más en el turismo, los grandes eventos, el entretenimiento y los servicios.
Algo parecido ocurre en Puerto Norte. La discusión sobre la ocupación de terrenos nacionales vuelve a poner sobre la mesa una pregunta mucho más amplia: cómo terminar de integrar uno de los sectores con mayor potencial de desarrollo urbano y económico de Rosario.
Miradas por separado, todas estas historias parecen transitar caminos distintos. En realidad hablan del mismo momento económico. Ahora enfrenta un desafío bastante más complejo: conseguir que esa estabilidad llegue al empleo, al consumo, a la inversión privada y a los ingresos de las familias antes de que el costo siga trasladándose al Estado. Rosario resume como pocas ciudades esa tensión.

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