Salir a comer con amigos, aceptar una invitación a un cumpleaños o compartir una cena familiar puede convertirse en una situación angustiante para una persona con ortorexia. Quienes padecen esta conducta sienten una necesidad extrema de controlar todo lo que comen y evitan cualquier alimento que consideren “poco saludable”, incluso si eso implica aislarse socialmente.
La ortorexia se define como una obsesión patológica por la comida sana. Según la profesora de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Internacional de La Rioja (España), María Barado Piqueras, esta fijación genera sentimientos de culpa y ansiedad cuando la persona no puede cumplir las reglas alimentarias que se autoimpone.
Aunque todavía no está reconocida oficialmente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, especialistas remarcan que sí existe evidencia científica sobre sus consecuencias en la salud mental y en la vida cotidiana de quienes la atraviesan.
Uno de los rasgos más frecuentes de la ortorexia es la necesidad de planificar cada comida al detalle. La persona dedica gran parte del día a pensar qué puede comer, revisar etiquetas, elegir productos específicos y controlar la preparación de los alimentos. Esa rigidez puede derivar en conductas cada vez más extremas.
Además del desgaste emocional, esta obsesión suele afectar los vínculos sociales. Compartir una mesa en reuniones, salidas o celebraciones puede resultar incómodo o directamente imposible para quienes tienen una larga lista de alimentos prohibidos. En muchos casos, terminan evitando encuentros para no enfrentar situaciones que les generen ansiedad.
Los especialistas también observan con preocupación el papel de las redes sociales. El exceso de contenidos sobre dietas “perfectas”, alimentos “limpios” o hábitos supuestamente saludables puede influir especialmente en jóvenes que no cuentan con información nutricional sólida ni con una relación equilibrada con la comida.
Barado sostiene que muchas generaciones crecieron alejadas de hábitos tradicionales como la dieta mediterránea y del consumo de productos frescos y de temporada. En ese contexto, algunas personas buscan respuestas rápidas en tendencias alimentarias restrictivas o discursos sin respaldo científico.
Frente a este escenario, la experta considera fundamental fortalecer la educación alimentaria desde edades tempranas. La propuesta apunta a incorporar contenidos sobre nutrición y hábitos saludables en las escuelas para promover una relación más flexible, consciente y equilibrada con la comida, lejos de las obsesiones y los extremos.
Fuente: EFE.



