El mayor brote de dengue registrado en la Argentina volvió a poner en agenda la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención frente a enfermedades emergentes y reemergentes. Durante la temporada 2023-2024 se confirmaron más de 580 mil casos y 419 muertes, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en un contexto marcado por la expansión del mosquito Aedes aegypti y el impacto del cambio climático.

El avance de la enfermedad alcanzó a 19 jurisdicciones del país y mostró un cambio en la dinámica epidemiológica del dengue, que ya no se limita a determinadas regiones ni a los meses más cálidos. Especialistas advierten que factores como el aumento de las temperaturas, las lluvias irregulares y la urbanización acelerada generan condiciones favorables para la transmisión sostenida del virus.

Diversos estudios científicos señalaron además que las modificaciones climáticas están ampliando la distribución geográfica de los mosquitos vectores, aumentando el riesgo de brotes en zonas que antes no eran consideradas endémicas. En ese escenario, la vacunación comenzó a ganar protagonismo como herramienta complementaria dentro de una estrategia sanitaria integral.

En 2023, la Argentina aprobó la vacuna tetravalente contra el dengue, elaborada a partir de virus atenuados y destinada a personas desde los 4 años. El esquema contempla dos dosis separadas por tres meses y los ensayos clínicos de fase III mostraron resultados alentadores. Entre ellos, una reducción del 84% en las hospitalizaciones y del 61% en los casos sintomáticos entre las personas vacunadas.

La vacunación es una herramienta efectiva, pero su impacto dependerá de que alcance a la población objetivo en tiempo y forma. No alcanza con tener la vacuna disponible: se necesita una estrategia sostenida que promueva la adherencia y facilite el acceso”, explicó Analía Urueña, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología y directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles de la Universidad Isalud.

La especialista también advirtió sobre la caída sostenida en las coberturas de vacunación durante los últimos años, una situación que incrementó la vulnerabilidad frente a enfermedades inmunoprevenibles como el sarampión, la tos convulsa y la hepatitis A, que hoy muestran signos de reemergencia.

Los expertos remarcan que la vacuna no reemplaza otras medidas preventivas, como la eliminación de recipientes con agua acumulada, el uso de repelentes y la vigilancia epidemiológica. Sin embargo, sostienen que las estrategias combinadas son las más efectivas para reducir el impacto de futuros brotes y evitar la saturación de los sistemas de salud durante los picos de transmisión.

Fuente: Agencia NA.