El mercado agrícola argentino volvió a mirar al cielo. Luego de dos semanas de clima cálido y seco en amplias zonas productivas, la preocupación por la evolución de los cultivos comenzó a ganar peso y a reflejarse en los precios, con una reacción más visible en la soja.
El impacto del déficit hídrico ya se siente en varios núcleos productivos. La situación es particularmente delicada en la soja de segunda, sobre todo en el sur de Córdoba y el oeste de Buenos Aires, donde la falta de agua dejó de ser una hipótesis para convertirse en un problema concreto. En maíz, el panorama es algo más heterogéneo: los lotes tempranos están avanzados y los tardíos aún conservan margen de recuperación, aunque también muestran signos de deterioro en el centro y sur del país.
“El mercado empezó a incorporar una prima climática porque la falta de agua ya dejó de ser un riesgo teórico y pasó a ser un factor concreto en algunas regiones clave”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Este nuevo escenario abre una ventana de oportunidad comercial para aquellos productores que vienen retrasados en su estrategia de ventas. Sin embargo, la incertidumbre productiva también actúa como freno a las decisiones.
“Los precios actuales ya fueron recorridos varias veces. Por eso, aun con algo más de firmeza, el productor duda en vender porque el clima seco deja un signo de pregunta sobre cuánto va a terminar cosechando”, agrega Romano.
En maíz, además del estrés hídrico, aparece otro factor de riesgo: la chicharrita en Santa Fe. La presencia de la plaga está llevando a que algunos lotes se reconviertan a soja, una señal que el mercado sigue de cerca ante la posibilidad de ajustes en el área sembrada.
El trigo, en cambio, muestra una dinámica distinta. Los embarques se mantienen muy activos, con casi 1,9 millones de toneladas nominadas, el doble del promedio histórico. No obstante, la producción récord y los problemas de calidad, especialmente los bajos niveles de proteína, continúan presionando los precios a la baja, aun con una demanda externa firme.
El contexto internacional
En el plano global, los precios siguen condicionados por una oferta abundante y por el reordenamiento de los flujos comerciales. En soja, China ya cumplió su compromiso de comprar 12 millones de toneladas a Estados Unidos y ahora se espera que vuelva a volcar su demanda hacia Sudamérica, con Brasil concentrando cerca del 74% de sus importaciones. Sin embargo, la logística brasileña y el elevado volumen ya comprometido desde EE.UU. podrían presionar los precios del poroto sudamericano en plena cosecha.
“Estados Unidos ya colocó mucho volumen con destino a China para los próximos meses, y eso puede quitarle espacio a Brasil justo en plena cosecha, generando presión bajista sobre los precios”, advierte Romano.
Brasil inició la trilla de soja con buenos rindes, mientras que el maíz de segunda recién comienza a sembrarse. En paralelo, las exportaciones estadounidenses de maíz sorprendieron al mercado al duplicar lo esperado, con más de 4 millones de toneladas vendidas en una semana, impulsadas por una mayor demanda china.
El trigo internacional encontró algo de sostén en los riesgos climáticos del hemisferio norte, con olas de frío extremo en Estados Unidos y Rusia, y compras relevantes de países como Arabia Saudita y Argelia, donde Argentina aparece bien posicionada por sus precios.
A esto se suma un factor macro: el petróleo subió cerca de 3%, lo que respalda a los aceites vegetales y biocombustibles, mientras que el fortalecimiento del real brasileño mejora la competitividad relativa de otros exportadores.
Con precios todavía presionados por la abundancia de oferta, el clima volvió a convertirse en el principal sostén del mercado argentino. “Hoy el clima es el factor que puede torcer la historia de una campaña que, en lo productivo, venía muy bien. Esa incertidumbre es la que está poniendo un piso a los precios y reabriendo oportunidades de venta”, concluye Romano.

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