Vuelven las lluvias al NEA y crece la preocupación: qué zonas están en alerta

La situación genera atención sobre las cuencas del Paraná y del Uruguay, donde ya se registran crecidas y niveles elevados

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Las lluvias volverán a ganar protagonismo en el noreste argentino a partir del jueves, luego de una breve pausa en las precipitaciones. El pronóstico también abarca sectores del sur de Brasil y el este de Paraguay, una distribución que podría tener consecuencias sobre los cursos de agua de la cuenca del Plata.

Según el análisis meteorológico de Leo De Benedictis, las zonas que requieren mayor seguimiento incluyen Misiones, sectores de Formosa, el entorno de Ciudad del Este, en Paraguay, y el estado brasileño de Santa Catarina. Aunque las precipitaciones no se distribuirían de manera uniforme, los nuevos aportes de agua podrían sostener caudales elevados e interrumpir descensos puntuales en algunos tramos de los ríos.

El escenario se presenta en una región donde ya se monitorean crecidas y condiciones de aguas altas. Por eso, la evolución de las lluvias y el desplazamiento del agua desde las cuencas superiores serán determinantes para conocer el impacto en los próximos días.

Qué zonas recibirán las nuevas lluvias desde el jueves

El regreso de las precipitaciones se concentraría principalmente en el NEA, el este de Paraguay y sectores del sur de Brasil. Misiones aparece entre las áreas de mayor atención, junto con partes de Formosa y las regiones cercanas a Ciudad del Este y Santa Catarina.

La distribución de las lluvias será desigual, por lo que los acumulados y sus efectos podrían variar considerablemente entre localidades. La evolución dependerá de los sistemas meteorológicos que atraviesen la región durante la segunda mitad de la semana.

En este contexto, el seguimiento no se limita a la cantidad de agua que pueda caer en cada lugar. También importa dónde se registren las precipitaciones dentro de las cuencas y cuánto escurrimiento generen hacia los ríos principales y sus afluentes.

El Paraná y el Uruguay siguen bajo vigilancia

El Instituto Nacional del Agua (INA) describió el avance de una onda de crecida en el río Paraná, entre Corrientes y La Paz, además de condiciones de aguas altas en el tramo medio del río Uruguay.

También se había advertido sobre la posibilidad de nuevos aportes de agua en los ríos Alto Paraná e Iguazú durante la última parte de octubre. Estos antecedentes vuelven relevante el pronóstico de nuevas lluvias, aunque todavía no permiten determinar si habrá nuevos picos de crecida ni cuándo podrían producirse.

Una pausa en las precipitaciones tampoco implica que los niveles de los ríos comiencen a bajar de manera simultánea. El agua acumulada aguas arriba continúa desplazándose por la cuenca, de modo que algunos tramos pueden seguir creciendo mientras otros registran descensos.

Además, cuando los suelos tienen poca capacidad para absorber nuevas precipitaciones, una mayor proporción del agua escurre hacia arroyos y ríos. Si las lluvias previstas desde el jueves se concentran sobre esas áreas, podrían sostener caudales elevados o frenar las bajantes locales.

Qué impacto puede tener en el campo

Para las zonas rurales del NEA, el regreso de las precipitaciones plantea desafíos vinculados con el estado de los caminos, el acceso a los establecimientos y las tareas productivas.

En sectores bajos o cercanos a los cursos de agua, la persistencia de niveles elevados podría prolongar anegamientos y dificultar el movimiento de maquinaria, las labores agrícolas y el manejo del ganado.

La humedad de los suelos también será un factor determinante para la planificación de las actividades. Según las condiciones de cada lote, las lluvias pueden reducir las ventanas disponibles para la siembra, las aplicaciones y la circulación de equipos.

El impacto dependerá de los acumulados efectivos, la capacidad de drenaje de los terrenos y la situación hídrica previa. Por eso, el pronóstico regional no permite establecer consecuencias uniformes para todos los establecimientos.

Suben las temperaturas, pero volverá el frío el fin de semana

La semana también estará marcada por un cambio en las condiciones térmicas. Tras una recuperación de las temperaturas y un aumento de la humedad durante los próximos días, se prevé un nuevo enfriamiento hacia el sábado.

De acuerdo con el modelo europeo ECMWF, las mayores anomalías negativas respecto del promedio histórico se concentrarían en sectores de Cuyo y del centro del país.

En las inmediaciones de San Luis y San Rafael, las diferencias respecto de los valores habituales para la época podrían acercarse a los 12 °C por debajo de la media, mientras que en Río Cuarto rondarían los 10 °C. Para Rosario, el modelo señala una anomalía cercana a los 7 °C por debajo del promedio; en Córdoba, de 6 °C, y en la ciudad de Buenos Aires, de 5 °C.

Estos valores representan diferencias respecto de las temperaturas históricas de referencia, no las mínimas que se esperan registrar en cada localidad.

La combinación de humedad, lluvias y posterior descenso térmico obliga a seguir de cerca la evolución del tiempo, especialmente en las zonas agrícolas donde las condiciones del suelo pueden limitar las tareas a campo.

El Niño, en el contexto climático de la temporada

El pronóstico se desarrolla en un contexto de El Niño activo y en fortalecimiento, un factor relevante para el seguimiento climático regional. Sin embargo, las precipitaciones previstas para esta semana dependen de la evolución de los sistemas meteorológicos y no deben atribuirse automáticamente al fenómeno.

En los próximos días, la atención estará puesta en la distribución de las lluvias, los acumulados que finalmente se registren y la respuesta de los principales cursos de agua.

Las actualizaciones del Instituto Nacional del Agua, los pronósticos y avisos del Servicio Meteorológico Nacional y la información de las autoridades locales serán fundamentales para seguir la evolución de los ríos y evaluar posibles complicaciones.

Por el momento, el escenario plantea una nueva etapa de precipitaciones desde el jueves y la necesidad de mantener la vigilancia hidrológica, sin anticipar todavía fechas ni magnitudes de eventuales nuevas crecidas.

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