Resumen Ejecutivo
- Las cadenas agroindustriales generaron 4.332.114 puestos de trabajo en 2025, abarcando el 23% del empleo privado de la Argentina según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).
- La distribución del empleo sectorial se compone de 34% en producción primaria, 27% en comercialización y 21% en industria, completando la red logística y de servicios.
- Las cadenas con mayor generación de empleo son la carne vacuna con 519.000 puestos, frutas, verduras y legumbres con 462.000, y la soja con 446.000 empleos.
- FADA estimó que la eliminación de derechos de exportación podría impulsar unas 70 millones de toneladas adicionales, generando 850.000 empleos nuevos en una década.
Detrás de un paquete de fideos, un litro de leche, un corte de carne o una botella de aceite hay mucho más que producción: hay millones de personas que trabajan en el campo, las fábricas, los frigoríficos, los camiones, los comercios y los servicios profesionales.
Esa es una de las principales conclusiones del informe Empleo en las cadenas agroindustriales, difundido por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Según el relevamiento, durante 2025 las cadenas agroindustriales generaron 4.332.114 puestos de trabajo en el país, equivalentes al 23% del empleo privado argentino.
En otras palabras, aproximadamente dos de cada diez puestos de trabajo privados están vinculados con las actividades agroindustriales. Un peso que, de acuerdo con el estudio, excede ampliamente los límites del campo y alcanza a buena parte de la economía urbana.
El agro no termina en la tranquera
Una de las claves del informe es que permite observar el empleo agroindustrial más allá de la producción primaria. Aunque la imagen más habitual está asociada con la siembra, la cosecha y la ganadería, el circuito laboral incluye también la industrialización, la comercialización, la logística y una amplia red de servicios.
“Cuando hacemos las compras, es fácil ver los productos, pero no siempre a las personas que hay detrás”, explica Fiorella Savarino, economista de FADA.
La distribución de los puestos de trabajo refleja esa diversidad. La producción primaria concentra el 34% del empleo de las cadenas agroindustriales; la comercialización, el 27%; y la industria, el 21%. El 18% restante se reparte entre transporte y logística, con el 9%, y otros servicios, que representan otro 9%.
En ese último grupo aparecen actividades tan diversas como la provisión de insumos, la fabricación de maquinaria, los servicios financieros, los seguros y los estudios jurídicos y contables.
Así, el impacto laboral del agro se extiende desde el establecimiento productivo hasta el supermercado, pasando por plantas industriales, depósitos, talleres y empresas de transporte.
Carne vacuna, frutas y soja: el podio de los generadores de empleo
¿Qué cadenas agroindustriales generan más trabajo en Argentina? El informe de FADA ubica a la carne vacuna en el primer puesto, seguida por las frutas, verduras y legumbres y la soja.
El ranking de las cinco principales cadenas queda conformado de la siguiente manera:
* Carne vacuna: alrededor de 519.000 puestos de trabajo.
* Frutas, verduras y legumbres: aproximadamente 462.000.
* Soja: cerca de 446.000.
* Trigo: alrededor de 440.000.
* Maíz: aproximadamente 258.000.
Las cinco actividades concentran prácticamente la mitad del empleo generado por las cadenas agroindustriales, según el relevamiento.
El liderazgo de la carne vacuna también permite entender cómo un mismo producto conecta tareas y sectores muy diferentes: desde la cría y la reproducción del ganado hasta los feedlots, los frigoríficos, la distribución y la venta minorista.
Cada eslabón necesita trabajadores con funciones específicas y genera actividad económica en distintos puntos del territorio. El resultado es una cadena que no se limita a la producción de carne, sino que también moviliza transporte, servicios veterinarios, comercialización y empleo en las ciudades.
Sin retenciones, ¿podrían trabajar cientos de miles de personas?
El capítulo más contundente del informe aparece cuando FADA analiza un escenario sin derechos de exportación. Según las estimaciones de la entidad, las cadenas de granos, carnes y biocombustibles podrían generar alrededor de 850.000 empleos adicionales en un horizonte de diez años.
La cifra surge de un escenario de expansión productiva que contempla unos 70 millones de toneladas adicionales de granos. Esa mayor cosecha tendría distintos destinos: exportaciones, abastecimiento del mercado interno y transformación industrial.
El maíz, por ejemplo, puede convertirse en alimento para las cadenas porcina, aviar y vacuna, además de utilizarse para producir bioetanol. En el caso de la soja, una parte de la producción se destina a la elaboración de biodiésel.
De acuerdo con el desglose presentado por FADA, el incremento de la producción de cereales y oleaginosas permitiría generar unos 430.000 puestos de trabajo, a los que se sumarían otros 425.000 en las cadenas de carnes y biocombustibles.
Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA, sostiene que el crecimiento de la producción no se traduciría únicamente en más actividad en el campo: también impulsaría la industrialización, el transporte y la comercialización.
El planteo de la entidad es que una mayor producción agroindustrial puede derramar actividad sobre numerosos sectores de la economía. Sin embargo, se trata de una proyección condicionada por el escenario productivo y económico analizado, no de una cantidad de puestos garantizados.
La apuesta de FADA: reducir a la mitad el desempleo
El informe lleva la estimación un paso más allá y la compara con la cantidad de personas desocupadas en Argentina. Sobre la base de una referencia de 1,6 millones de desempleados, FADA sostiene que la generación potencial de más de 800.000 puestos equivaldría aproximadamente a la mitad de ese total.
De allí surge uno de los mensajes centrales del estudio: en el escenario planteado por la fundación, el desarrollo de las cadenas agroindustriales podría tener una incidencia significativa sobre el mercado laboral.
La dimensión de esa posibilidad también invita a considerar sus condiciones. La materialización de esos empleos dependerá de que se concrete el aumento de producción previsto y de que existan inversiones, capacidad industrial, infraestructura, demanda y condiciones económicas que permitan sostener la expansión.
Por eso, el cálculo debe leerse como una estimación del potencial del sector bajo determinados supuestos y no como una reducción automática del desempleo por la eliminación de las retenciones.
Un antecedente: 480.000 empleos nuevos entre 2020 y 2025
Para respaldar su planteo, FADA también pone el foco en la evolución reciente del empleo agroindustrial. Según el informe, entre 2020 y 2025 se crearon alrededor de 480.000 puestos de trabajo en estas cadenas, un promedio cercano a 80.000 por año.
Savarino señala que ese crecimiento estuvo impulsado principalmente por las cadenas de carne vacuna, soja, trigo, girasol y el sector lácteo.
El antecedente muestra que el empleo agroindustrial puede expandirse en períodos de mayor actividad productiva, aunque no demuestra por sí solo que una modificación tributaria específica vaya a reproducir el mismo resultado.
La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto puede producir el agro, sino también por cuánto valor agregado puede incorporar, cuántas actividades industriales puede movilizar y qué condiciones necesita para sostener la creación de puestos de trabajo.
Un motor de empleo con acento federal
El peso de la agroindustria también se expresa en la distribución territorial de las actividades. Las cadenas agrícolas —entre ellas soja, maíz, trigo, girasol y otros cereales y oleaginosas— representan el 32% del empleo agroindustrial. Las economías regionales aportan el 29%, mientras que las cadenas de carnes y lácteos concentran el 23%.
Detrás de esos porcentajes hay realidades productivas diferentes: lana y ovinos en la Patagonia, vinos en Cuyo, maíz en la región Pampeana, caña de azúcar en el NOA y yerba mate en el NEA.
Cada actividad tiene sus propias escalas, calendarios y necesidades laborales, pero todas integran una red de producción, procesamiento y servicios que genera trabajo en distintas provincias.
Esta presencia federal es uno de los rasgos distintivos del sector: el empleo no se concentra exclusivamente en los establecimientos rurales, sino que también depende de plantas industriales, centros logísticos, proveedores y comercios distribuidos por todo el país.
Del productor al consumidor, una cadena de millones de empleos
El informe de FADA pone cifras a una realidad que suele quedar fuera de la percepción cotidiana: el agro es mucho más que la actividad que ocurre dentro de un campo.
La carne que llega a una carnicería, las verduras que se venden en una feria o el aceite que aparece en la góndola son el resultado de cadenas que conectan producción, industria, transporte, comercio y servicios.
Con más de 4,3 millones de puestos de trabajo vinculados a sus actividades, la agroindustria ocupa un lugar central en el empleo privado argentino. Y, de acuerdo con las estimaciones de FADA, existe un potencial de expansión que podría traducirse en cientos de miles de puestos adicionales durante la próxima década.
La magnitud de ese escenario dependerá de las condiciones que permitan transformar la capacidad productiva en actividad sostenida. Pero el dato de partida es contundente: detrás de cada producto del changuito hay una cadena de trabajo que conecta al campo con las ciudades y atraviesa buena parte de la economía argentina.

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