Con 28 malezas bajo control, "Voraxor" gana terreno en la agricultura argentina

La tecnología de BASF se consolida entre las alternativas para el manejo de malezas de hoja ancha, con una propuesta que combina velocidad de control, residualidad y versatilidad de uso en distintos cultivos

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Resumen Ejecutivo

  • El herbicida Voraxor® de BASF superó las 1,5 millones de hectáreas tratadas y registró un crecimiento superior al 40% en la última campaña agrícola argentina.
  • La solución combina Trifludimoxazin y Saflufenacil para controlar más de 28 malezas de hoja ancha, incluyendo especies complejas como yuyo colorado y rama negra.
  • El producto ofrece una doble funcionalidad como agente de contacto y de acción residual en el suelo, permitiendo adaptarlo a diferentes esquemas de barbecho y siembra directa.
  • Su aplicación incluye un intervalo mínimo de siete días antes de la siembra, integrándose con otros fitosanitarios para optimizar la planificación operativa y el manejo de los lotes.

El manejo de malezas se convirtió en uno de los grandes desafíos de la agricultura argentina. La aparición de nuevas resistencias, la creciente presión de especies problemáticas y la necesidad de optimizar cada intervención obligan a productores y asesores a revisar permanentemente sus estrategias. En ese contexto, las herramientas que ofrecen un control efectivo y, al mismo tiempo, mayor previsibilidad para planificar las labores comienzan a ocupar un lugar destacado en los planteos productivos.

Uno de los productos que viene mostrando una marcada expansión es Voraxor®, la solución herbicida de BASF, que durante la última campaña registró un crecimiento superior al 40% en su utilización y ya supera los 1,5 millones de hectáreas tratadas en el país.

Más allá de los números, su posicionamiento responde a una combinación de atributos que apunta a resolver una problemática concreta: el control de malezas de hoja ancha, tanto de aquellas que ya están presentes en el lote como de las nuevas emergencias que pueden comprometer el barbecho y la implantación del cultivo.

"Voraxor® nos entrega una performance distinta y un gran espectro de control para todas las malezas de hoja ancha", destacó Juan Pérez Brea, gerente de Cultivo de Soja de BASF Soluciones para la Agricultura, al analizar la evolución de esta tecnología.

Una respuesta frente a malezas cada vez más difíciles

Uno de los principales diferenciales de Voraxor® es su espectro de control, que comprende 28 malezas de relevancia agronómica. Entre ellas se encuentran algunas de las especies que mayor preocupación generan en los sistemas agrícolas, como yuyo colorado (Amaranthus spp.) y rama negra (Conyza spp.).

Su acción también alcanza a otras malezas de hoja ancha que tienen presencia en distintas regiones productivas, entre ellas Ipomoea spp., cerraja, borreria, Gomphrena y crucíferas, como los nabos silvestres.

La amplitud de control representa un aspecto importante en planteos donde la diversidad de especies y las dificultades para lograr un barbecho eficiente exigen soluciones capaces de actuar sobre distintos problemas dentro de un mismo lote.

Para Pérez Brea, la respuesta obtenida a campo explica buena parte de la aceptación que viene teniendo el producto. "Es un producto que controla 28 malezas, que en esta última campaña creció en un 40%, crecimiento fuerte para un producto que tiene pocos años en el mercado, y esto se da porque el producto sirve y entrega lo que promete", señaló.

La combinación de dos activos y una tecnología diferencial

Desde el punto de vista técnico, Voraxor® combina dos ingredientes activos: Trifludimoxazin y Saflufenacil, ambos pertenecientes al grupo de los inhibidores de la enzima PPO.

Esta enzima participa en procesos vinculados con la síntesis de clorofila. Su inhibición desencadena una rápida desecación de los tejidos vegetales, lo que permite obtener una respuesta veloz sobre las malezas presentes al momento de la aplicación.

Dentro de esta combinación, Trifludimoxazin aporta un diferencial tecnológico por su estructura molecular basada en un triple enlace, característica que favorece una mayor capacidad de unión frente a otros activos del mismo modo de acción.

Según la información técnica de BASF, esta propiedad contribuye a sostener niveles de control sobre especies que empiezan a evidenciar una menor sensibilidad frente a otros inhibidores de PPO.

La propuesta no se limita, sin embargo, a la velocidad de acción. Uno de los aspectos que explican su incorporación a diferentes programas de manejo es la posibilidad de combinar el efecto de contacto con una acción residual en el suelo.

Contacto y residualidad: dos funciones en una misma herramienta

La posibilidad de actuar sobre las malezas emergidas y, al mismo tiempo, contribuir a controlar nuevas camadas constituye uno de los atributos más valorados de esta tecnología.

En términos prácticos, esta doble funcionalidad permite adaptar la estrategia según el objetivo de cada intervención. En aplicaciones selectivas se puede aprovechar su acción de contacto, mientras que en tratamientos totales se busca sumar el efecto residual para reducir la aparición de nuevas malezas provenientes del banco de semillas.

"Es un producto multicultivo y lo podemos aplicar tanto en cereales de invierno, como cebada y trigo, como también en soja, maíz y maní. Y tiene la cualidad de ser un producto que se puede usar como contacto y como residual, algo que va hermanado con las tecnologías que hoy el productor está adoptando", explicó Pérez Brea.

El representante de BASF también hizo hincapié en la importancia de adaptar el uso de la herramienta a cada situación agronómica: "Cuando tenemos que hacer una aplicación selectiva usamos únicamente su acción de contacto, mientras que cuando realizamos aplicaciones totales aprovechamos tanto el control de las malezas presentes como su acción residual, porque siempre tenemos malezas en el lote y también necesitamos prevenir nuevas emergencias".

Esta versatilidad permite incorporarlo a diferentes planteos de barbecho y esquemas de producción, tanto en aplicaciones anticipadas como en sistemas de siembra directa o labranza mínima.

Flexibilidad para planificar la siembra

Otro aspecto que suma valor desde el punto de vista operativo es su posibilidad de integración con otros fitosanitarios, entre ellos herbicidas hormonales y graminicidas. De esta manera, puede formar parte de estrategias que buscan ampliar el espectro de control y mejorar la eficiencia de las aplicaciones.

A esto se agrega una ventana de manejo que contempla un intervalo mínimo de siete días entre la aplicación y la siembra, dependiendo del tipo de suelo. Una característica que aporta margen para organizar las tareas y tomar decisiones en función de las condiciones ambientales, la disponibilidad de maquinaria y la logística de cada establecimiento.

En campañas donde los tiempos de implantación son determinantes, contar con alternativas que permitan ordenar el barbecho y reducir la presión de malezas antes de la siembra adquiere una importancia creciente.

Un crecimiento que refleja una necesidad del productor

El avance de Voraxor® en el mercado argentino no puede analizarse de manera aislada. Se inscribe en un contexto en el que el manejo de malezas requiere cada vez más planificación, conocimiento técnico y herramientas que permitan combinar resultados inmediatos con estrategias de mediano plazo.

Superar los 1,5 millones de hectáreas tratadas y registrar un crecimiento superior al 40% en una campaña son indicadores de una adopción que viene ganando escala.

Para BASF, el desafío pasa por seguir acompañando a los productores con tecnologías que permitan enfrentar la complejidad creciente de los sistemas agrícolas. Para el campo, la prioridad sigue siendo la misma: reducir la competencia de las malezas, cuidar los recursos disponibles y generar las mejores condiciones posibles para que cada cultivo exprese su potencial.

En ese escenario, Voraxor busca consolidar su lugar como una herramienta para llegar a la siembra con lotes limpios, combinando control, residualidad y flexibilidad en el manejo de malezas de hoja ancha.

El manejo de malezas se convirtió en uno de los grandes desafíos de la agricultura argentina. La aparición de nuevas resistencias, la creciente presión de especies problemáticas y la necesidad de optimizar cada intervención obligan a productores y asesores a revisar permanentemente sus estrategias. En ese contexto, las herramientas que ofrecen un control efectivo y, al mismo tiempo, mayor previsibilidad para planificar las labores comienzan a ocupar un lugar destacado en los planteos productivos.

Uno de los productos que viene mostrando una marcada expansión es Voraxor®, la solución herbicida de BASF, que durante la última campaña registró un crecimiento superior al 40% en su utilización y ya supera los 1,5 millones de hectáreas tratadas en el país.

Más allá de los números, su posicionamiento responde a una combinación de atributos que apunta a resolver una problemática concreta: el control de malezas de hoja ancha, tanto de aquellas que ya están presentes en el lote como de las nuevas emergencias que pueden comprometer el barbecho y la implantación del cultivo.

"Voraxor® nos entrega una performance distinta y un gran espectro de control para todas las malezas de hoja ancha", destacó Juan Pérez Brea, gerente de Cultivo de Soja de BASF Soluciones para la Agricultura, al analizar la evolución de esta tecnología.

Una respuesta frente a malezas cada vez más difíciles

Uno de los principales diferenciales de Voraxor® es su espectro de control, que comprende 28 malezas de relevancia agronómica. Entre ellas se encuentran algunas de las especies que mayor preocupación generan en los sistemas agrícolas, como yuyo colorado (Amaranthus spp.) y rama negra (Conyza spp.).

Su acción también alcanza a otras malezas de hoja ancha que tienen presencia en distintas regiones productivas, entre ellas Ipomoea spp., cerraja, borreria, Gomphrena y crucíferas, como los nabos silvestres.

La amplitud de control representa un aspecto importante en planteos donde la diversidad de especies y las dificultades para lograr un barbecho eficiente exigen soluciones capaces de actuar sobre distintos problemas dentro de un mismo lote.

Para Pérez Brea, la respuesta obtenida a campo explica buena parte de la aceptación que viene teniendo el producto. "Es un producto que controla 28 malezas, que en esta última campaña creció en un 40%, crecimiento fuerte para un producto que tiene pocos años en el mercado, y esto se da porque el producto sirve y entrega lo que promete", señaló.

La combinación de dos activos y una tecnología diferencial

Desde el punto de vista técnico, Voraxor® combina dos ingredientes activos: Trifludimoxazin y Saflufenacil, ambos pertenecientes al grupo de los inhibidores de la enzima PPO.

Esta enzima participa en procesos vinculados con la síntesis de clorofila. Su inhibición desencadena una rápida desecación de los tejidos vegetales, lo que permite obtener una respuesta veloz sobre las malezas presentes al momento de la aplicación.

Dentro de esta combinación, Trifludimoxazin aporta un diferencial tecnológico por su estructura molecular basada en un triple enlace, característica que favorece una mayor capacidad de unión frente a otros activos del mismo modo de acción.

Según la información técnica de BASF, esta propiedad contribuye a sostener niveles de control sobre especies que comienzan a evidenciar una menor sensibilidad frente a otros inhibidores de PPO.

La propuesta no se limita, sin embargo, a la velocidad de acción. Uno de los aspectos que explican su incorporación a diferentes programas de manejo es la posibilidad de combinar el efecto de contacto con una acción residual en el suelo.

Contacto y residualidad: dos funciones en una misma herramienta

La posibilidad de actuar sobre las malezas emergidas y, al mismo tiempo, contribuir a controlar nuevas camadas constituye uno de los atributos más valorados de esta tecnología.

En términos prácticos, esta doble funcionalidad permite adaptar la estrategia según el objetivo de cada intervención. En aplicaciones selectivas se puede aprovechar su acción de contacto, mientras que en tratamientos totales se busca sumar el efecto residual para reducir la aparición de nuevas malezas provenientes del banco de semillas.

"Es un producto multicultivo y lo podemos aplicar tanto en cereales de invierno, como cebada y trigo, como también en soja, maíz y maní. Y tiene la cualidad de ser un producto que se puede usar como contacto y como residual, algo que va hermanado con las tecnologías que hoy el productor está adoptando", explicó Pérez Brea.

El representante de BASF también hizo hincapié en la importancia de adaptar el uso de la herramienta a cada situación agronómica: "Cuando tenemos que hacer una aplicación selectiva usamos únicamente su acción de contacto, mientras que cuando realizamos aplicaciones totales aprovechamos tanto el control de las malezas presentes como su acción residual, porque siempre tenemos malezas en el lote y también necesitamos prevenir nuevas emergencias".

Esta versatilidad permite incorporarlo a diferentes planteos de barbecho y esquemas de producción, tanto en aplicaciones anticipadas como en sistemas de siembra directa o labranza mínima.

Flexibilidad para planificar la siembra

Otro aspecto que suma valor desde el punto de vista operativo es su posibilidad de integración con otros fitosanitarios, entre ellos herbicidas hormonales y graminicidas. De esta manera, puede formar parte de estrategias que buscan ampliar el espectro de control y mejorar la eficiencia de las aplicaciones.

A esto se agrega una ventana de manejo que contempla un intervalo mínimo de siete días entre la aplicación y la siembra, dependiendo del tipo de suelo. Una característica que aporta margen para organizar las tareas y tomar decisiones en función de las condiciones ambientales, la disponibilidad de maquinaria y la logística de cada establecimiento.

En campañas donde los tiempos de implantación son determinantes, contar con alternativas que permitan ordenar el barbecho y reducir la presión de malezas antes de la siembra adquiere una importancia creciente.

Un crecimiento que refleja una necesidad del productor

El avance de Voraxor® en el mercado argentino no puede analizarse de manera aislada. Se inscribe en un contexto en el que el manejo de malezas requiere cada vez más planificación, conocimiento técnico y herramientas que permitan combinar resultados inmediatos con estrategias de mediano plazo.

Superar los 1,5 millones de hectáreas tratadas y registrar un crecimiento superior al 40% en una campaña son indicadores de una adopción que viene ganando escala.

Para BASF, el desafío pasa por seguir acompañando a los productores con tecnologías que permitan enfrentar la complejidad creciente de los sistemas agrícolas. Para el campo, la prioridad sigue siendo la misma: reducir la competencia de las malezas, cuidar los recursos disponibles y generar las mejores condiciones posibles para que cada cultivo exprese su potencial.

En ese escenario, Voraxor busca consolidar su lugar como una herramienta para llegar a la siembra con lotes limpios, combinando control, residualidad y flexibilidad en el manejo de malezas de hoja ancha.

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